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El olfato deja de ser un misterio: crean el primer mapa de los receptores de la nariz

Según investigadores de Harvard, el hallazgo cambia la idea clásica de que los receptores del olfato se expresan de forma casi aleatoria y abre la puerta a entender mejor por qué se pierde el olfato y cómo podría recuperarse

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El olfato deja de ser un misterio: crean el primer mapa de los receptores de la nariz
Foto: Laboratorio Datta

Por Santiago Melo

29 de abril de 2026

El olfato es uno de los sentidos más ligados a la vida cotidiana, pero, paradójicamente, también era el gran asunto “pendiente” para la neurociencia. A diferencia de la vista o el oído, no existía un mapa claro de cómo se organiza su sistema de recepción.

Ahora, en un trabajo con ratones, investigadores de la Universidad de Harvard han elaborado el primer mapa detallado de la distribución de los receptores olfativos en la nariz. El hallazgo, publicado en la revista Cell, cuestiona la idea dominante durante décadas de que esa organización era prácticamente aleatoria. “Nuestros resultados aportan orden a un sistema que antes se consideraba carente de él, lo que cambia conceptualmente nuestra forma de pensar sobre su funcionamiento”, explica Sandeep Robert Datta, profesor de neurobiología en el Instituto Blavatnik de la Facultad de Medicina de Harvard.

El hallazgo llega, además, en un contexto en el que la pérdida de olfato ha cobrado especial relevancia tras la pandemia. Datta y su equipo han investigado previamente cómo la Covid-19 puede afectar a este sentido y recuerdan que, pese a su impacto clínico y en la calidad de vida, todavía no existen terapias eficaces para recuperarlo. Por eso, contar con un mapa preciso de “qué receptores están dónde” y cómo se organiza el sistema podría convertirse en una pieza clave para entender mejor por qué se pierde el olfato y qué habría que restaurar para recuperarlo.

El equipo partía de un problema de base: los mamíferos cuentan con más de mil tipos de receptores olfativos y millones de neuronas dedicadas a detectarlos, una complejidad muy superior a la de otros sentidos. En su estudio, los científicos combinaron técnicas de secuenciación de célula única y transcriptómica espacial para analizar alrededor de 5,5 millones de neuronas en más de 300 ratones, identificando qué receptor expresa cada neurona y dónde se localiza.

Con esa “cartografía” vieron que las neuronas no se distribuyen al azar, sino que forman franjas horizontales densas y superpuestas desde la parte superior de la nariz hasta la inferior, en función del tipo de receptor que expresan. Además, el mapa nasal encaja con los mapas olfativos del bulbo olfatorio, una pista relevante sobre cómo viaja la información desde la nariz al cerebro.

Los investigadores también exploraron cómo se construye ese patrón durante el desarrollo y señalaron como factor clave al ácido retinoico, una molécula que regula la actividad genética. Según describen, un gradiente de ácido retinoico “guía” qué receptor debe activar cada neurona según su posición. Al modificar esa señal, el mapa se desplaza hacia arriba o hacia abajo.

Más allá de resolver una incógnita básica, el trabajo apunta a una posible aplicación clínica: comprender mejor la pérdida del olfato y, a largo plazo, abrir la puerta a terapias específicas. “No podemos solucionar el problema del olfato sin comprender cómo funciona a nivel básico”, comenta Datta. El equipo ya estudia tejido humano para comprobar hasta qué punto este mapa se conserva entre especies y sentar las bases de futuras estrategias de recuperación.



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