
Por Medicina Responsable
22 de abril de 2026Un equipo de científicos de los Institutos Gladstone y la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) ha elaborado la primera hoja de ruta genética integral que describe cómo el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) interactúa con las células humanas. El estudio, publicado en la revista Cell, identifica cientos de proteínas humanas que influyen en la infección, ya sea facilitando la propagación del virus o contribuyendo a frenarla.
En la propagación de este virus, las células infecciosas efectúan un hábil recorrido de ‘engaño’ al organismo para desactivar las defensas y permitir la propagación de la infección. Este laberinto molecular, guarda aún importantes incógnitas para los investigadores, por lo que este hallazgo supone un avance relevante en la comprensión del patógeno.
El VIH, causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), utiliza un número muy reducido de genes para ‘secuestrar’ la maquinaria celular humana. Sin embargo, hasta ahora no se había logrado identificar de forma sistemática qué genes del huésped son determinantes en este proceso.
El trabajo ha sido liderado por Alex Marson, investigador de la UCSF y director del Instituto Gladstone-UCSF de Inmunología Genómica, en colaboración con Nevan Krogan, responsable del Centro de Complejos Regulatorios y Accesorios del VIH (HARC). Según explica Marson, el estudio se centra en las células T humanas, principal objetivo del virus, y permite mapear con precisión los genes que condicionan la susceptibilidad a la infección.
Uno de los aspectos clave de la investigación es el uso de células T obtenidas directamente de muestras de sangre humana. Tradicionalmente, gran parte de los estudios sobre el VIH se han realizado en líneas celulares “inmortalizadas”, que, aunque fáciles de manejar en laboratorio, no reproducen con fidelidad el comportamiento de las células en el organismo. Esta limitación ha dificultado durante años la obtención de una imagen completa de la interacción entre el virus y el sistema inmunitario.
Para superar este obstáculo, el equipo desarrolló durante casi una década un sistema que permite aplicar la tecnología de edición genética CRISPR en células T humanas reales. Este enfoque ha hecho posible analizar de manera simultánea los aproximadamente 20.000 genes del genoma humano y determinar cuáles son esenciales para la replicación del virus y cuáles participan en su control.
Uno de los principales retos fue lograr una tasa de infección suficientemente alta en estas células. De forma natural, solo un pequeño porcentaje de células T se infecta en condiciones de laboratorio. Sin embargo, los investigadores consiguieron optimizar el proceso hasta alcanzar tasas cercanas al 70%, lo que permitió realizar análisis mucho más precisos.
A partir de ahí, aplicaron una estrategia en dos fases. En primer lugar, desactivaron genes individuales para identificar aquellos que el virus necesita para sobrevivir. En segundo lugar, incrementaron la actividad de otros genes para observar qué proteínas podían actuar como defensa frente al VIH. Este enfoque permitió descubrir mecanismos antivirales que hasta ahora habían pasado desapercibidos.
Entre los resultados más destacados se encuentra la identificación de dos proteínas, denominadas PI16 y PPID, que no se habían relacionado previamente con la infección por VIH. Según el estudio, el aumento de los niveles de PI16 dificulta la fusión del virus con las células T, lo que podría impedir la infección en sus primeras fases. Por su parte, la proteína PPID actúa en una etapa posterior, limitando la capacidad del virus para alcanzar el núcleo celular y replicarse.
Los investigadores lograron además potenciar la actividad de PPID en condiciones experimentales, aumentando significativamente su eficacia antiviral. En pruebas realizadas con muestras de virus obtenidas de pacientes en las primeras etapas de la epidemia, el incremento de estas proteínas redujo la infección incluso frente a cepas especialmente agresivas.
Aunque en la actualidad el VIH puede controlarse mediante terapia antirretroviral, el virus persiste en el organismo en reservorios celulares que dificultan su erradicación. Cuando el tratamiento se interrumpe, la infección reaparece. Este fenómeno sigue siendo uno de los principales desafíos en la lucha contra la enfermedad.
En este contexto, los autores del estudio consideran que su metodología puede abrir nuevas vías para investigar la latencia del virus y diseñar estrategias que permitan eliminarlo de forma definitiva. La capacidad de analizar de forma sistemática la interacción entre el VIH y los genes humanos podría facilitar la identificación de nuevas dianas terapéuticas.
Además, el trabajo se presenta como un recurso de gran valor para la comunidad científica. Más allá del VIH, el enfoque podría aplicarse al estudio de otras enfermedades infecciosas, permitiendo comprender cómo distintos patógenos interactúan con las células humanas.
Los investigadores subrayan que aún queda un largo camino hasta trasladar estos hallazgos a la práctica clínica. No obstante, consideran que este mapa genético representa un paso importante hacia una comprensión más completa del virus y, potencialmente, hacia el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas capaces de mejorar la respuesta del sistema inmunitario frente a la infección.