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¿Puede heredarse la esperanza de vida? La ciencia estrecha el vínculo entre longevidad y genética

Un nuevo estudio demuestra que los factores genéticos podrían explicar hasta el 55% de las variaciones en la duración de la vida humana, aunque los expertos advierten que esto “es una estimación, no un hecho definitivo”

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¿Puede heredarse la esperanza de vida? La ciencia estrecha el vínculo entre longevidad y genética

Por Medicina Responsable

30 de enero de 2026

¿Es la longevidad heredable? ¿Cuánto de nuestra esperanza de vida está escrito en los genes? Sorprendentemente, mucho más de lo que indicaban los estudios realizados hasta la fecha. Ahora, una investigación del Instituto de Ciencias Uri Alon Weizmann de Israel y la Universidad de Copenhague (Dinamarca) publicada en la revista Science ha demostrado que aproximadamente el 55% de la variación en la duración de la vida humana depende de la genética, lo que significa más del doble de lo que apuntaban las estimaciones anteriores. 
Este análisis se basa en modelos matemáticos y en datos de registros de hermanos gemelos de Dinamarca, Suecia y Estados Unidos. Según los autores, esta alta heredabilidad es similar a la de la mayoría de los demás rasgos humanos complejos y al peso que tiene la genética en la esperanza de vida de otras especies.

De esta manera, una de las contribuciones clave del estudio es la distinción entre la mortalidad intrínseca (que hace referencia a las muertes derivadas de procesos biológicos internos) y la mortalidad extrínseca (producida por causas externas como accidentes, violencia, infecciones o riesgos ambientales). “Mediante modelos matemáticos aplicados a cohortes de nacimiento de gemelos, los autores muestran que la mortalidad extrínseca puede enmascarar sistemáticamente la contribución genética a la longevidad. Y cuando las causas externas de muerte se tienen en cuenta, la señal genética se vuelve más clara”, explica a Science Media Centre (SMC) Jesús Adrián Álvarez, actuario y doctor en Salud Pública, gerente actuarial en Ernst & Young (EY) en Dinamarca.

"Una estimación, no un hecho definitivo”

A pesar del hito que supone este nuevo hallazgo, los expertos afirman que los resultados deben ser tomados con prudencia, pues tiene matices importantes que podrían ser decisivos. “La heredabilidad es una estadística poblacional: se aplica a una población específica, en un entorno determinado y en un momento concreto”, explica Jesús Adrián Álvarez, lo que quiere decir que no implica que la duración de la vida esté fijada para un individuo, sino que “la vida es inherentemente estocástica y la heredabilidad no debe entenderse como una medida determinista”.

Por su parte, Tim Riffe, demógrafo e investigador Ikerbasque del Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Demográfico en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), destaca que “una advertencia importante es que la cifra destacada del 55 % de heredabilidad depende de las decisiones de modelización y de condicionar el análisis a la supervivencia hasta determinadas edades mínimas (en una fuente de datos, ambos gemelos deben sobrevivir hasta edades avanzadas), lo que puede afectar a las correlaciones de manera no trivial”. Por ello, habría que tomar esa estimación del 55% como una estimación y no como un hecho definitivo.

Además, recuerda que los mayores y más duraderos avances en longevidad han provenido históricamente de mejoras a nivel poblacional en las condiciones de vida, la educación, la salud pública y la protección social, así como de innovaciones médicas cuando estas logran difundirse de manera amplia y equitativa. Por ello, advierte de que la búsqueda de nuevos predictores genéticos de la longevidad a través de intervenciones personalizadas “lleguen de forma desigual y refuercen las desigualdades socioeconómicas en la longevidad”.

Muchas preguntas abiertas

El nuevo estudio también deja muchas preguntas abiertas, como qué genes están implicados en la longevidad. “Investigaciones en organismos como C. elegans y ratones buscaron genes de la longevidad específicos. Estudios más recientes de asociación del genoma completo han identificado variantes relacionadas con la duración de la vida, pero cada una explica solo una pequeña fracción de la variación total”, argumenta Jesús Adrián Álvarez, haciendo hincapié en que la interacción entre genes, entorno y envejecimiento sigue siendo uno de los mayores desafíos de la biología.

En el plano mecanístico, la complejidad es aún mayor, como afirma el experto. “La salud y la longevidad resultan de la interacción continua entre factores ambientales y respuestas biológicas, moduladas por la expresión génica y la regulación epigenética. Aunque algunas enfermedades, como la de Huntington, muestran claramente el impacto directo de mutaciones genéticas, la mayoría de las muertes responden a una compleja interacción entre susceptibilidad genética, exposición ambiental y adaptación fisiológica”, añade. Y formula las siguientes preguntas: “¿Cuánto pueden vivir los seres humanos? Si parte de la longevidad es heredada, ¿qué ocurrirá a medida que las sociedades sigan reduciendo la mortalidad externa gracias a los avances médicos? ¿Podrán futuras intervenciones —médicas, ambientales o incluso genómicas— redefinir los límites de la vida humana?”.

Sea como sea, y a pesar de que la genética juegue un papel fundamental en la esperanza de vida de los seres humanos, esta sigue siendo solo una pieza del sistema profundamente interconectado en el que la biología, el entorno y el azar son inseparables.



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