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Tratar la obesidad con un microchip bajo la piel, el último avance científico que ha dado resultados positivos en ratones

Un equipo europeo ha desarrollado un dispositivo electrónico inalámbrico que convierte el exceso de glucosa en sangre en gluconato. Ya ha conseguido importantes reducciones de peso y triglicéridos en modelos murinos

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Tratar la obesidad con un microchip bajo la piel, el último avance científico que ha dado resultados positivos en ratones
Magnific.com.

Por Clara Arrabal

23 de octubre de 2026

Ni píldoras, ni inyecciones, ni dietas imposibles. La última opción que bajara la ciencia para combatir la obesidad y la diabetes tipo 2 pasa por un dispositivo electrónico inalámbrico sin fármacos y que se implanta bajo la piel. Y, este mecanismo suene más propio de la ciencia ficción, ya ha mostrado resultados positivos en ratones.

El artefacto ha sido desarrollado por un equipo europeo de investigadores y se basa en la electrocatálisis, un mecanismo que permite convertir el exceso de glucosa en la sangre en gluconato, una sustancia que luego es excretada por los riñones. "Es muy innovador y aborda una metodología diferente a la utilizada hasta el momento para la regulación de la glucemia sin el uso de tratamientos farmacológicos", pone en valor Josefa García Barrado, investigadora del grupo Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca, en declaraciones a Science Media Centre.

Concretamente, los datos demuestran que este tratamiento logró restablecer los valores normales de glucosa y, tras seis semanas de tratamiento, se asoció con una reducción del peso y de los niveles de triglicéridos. Los resultados se publican en la revista Science.

Un tratamiento sin fármacos

Una de las principales innovaciones de este avance es que utiliza la electricidad y no sustancias farmacológicas. "Hay antecedentes, incluido un trabajo del mismo grupo publicado en 2023 que combina el consumo de glucosa con la liberación de insulina", explica José M. Ordovás, investigador senior en el Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana y Envejecimiento y profesor de Nutrición y Genómica en la Escuela de Ciencias y Políticas de Nutrición Gerald J. y Dorothy R. Friedman, ambos de la Universidad Tufts (EEUU). "Sin embargo, la aportación actual es poder controlar eléctricamente esa transformación sin administrar insulina ni otros fármacos para bajar la glucosa", añade.

Por su parte, García Barrado advierte de que este método puede conllevar la formación de otros compuestos, que no han sido estudiados en la investigación. "No explica si este dispositivo ha descartado la formación de otras sustancias como consecuencia de la electrocatálisis. Tampoco si ha cambiado las condiciones de pH, tiempo de exposición, localización en un tejido, etc.", afirma, haciendo también hincapié en que tampoco indaga "acerca de si los subproductos de la glucosa como los ácidos grasos libres y cuerpos cetónicos van a tener consecuencias metabólicas a largo plazo".

Entusiastas, pero prudentes

Ante estos avances, José M. Ordovás apunta que "conviene que el entusiasmo vaya acompañado de prudencia", ya que el grupo de ratones en el que se ha estudiado el mecanismo "no representa toda la diversidad de la diabetes y la obesidad humanas". Además, queda por demostrar si el implante puede funcionar de forma segura durante mucho tiempo y qué ocurre cuando los riñones, encargados de eliminar el producto de reacción, funcionan peor. "Que no se hayan detectado efectos adversos en estos experimentos es alentador, pero todavía no permite asegurar su seguridad en personas", añade.

En su misma línea se pronuncia José Pablo Miramontes González, médico internista en el servicio de Medicina Interna del Hospital Río Hortega (Valladolid); quien destaca que todavía quedan muchas preguntas por resolver. "La diabetes y la obesidad son enfermedades mucho más complejas que un simple exceso de azúcar en sangre", apunta, a pesar de que considera que es "una línea de investigación muy prometedora". "Esto no significa que vayamos a sustituir los tratamientos actuales a corto plazo, pero sí demuestra que podemos explorar estrategias terapéuticas que hasta hace poco parecían ciencia ficción", concluye.



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