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Los factores de riesgo de la demencia cambian según el contexto social de cada país

Un estudio publicado en The Lancet Health Longevity ha constatado importantes diferencias en la influencia de los determinantes sociales sobre esta patología

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Los factores de riesgo de la demencia cambian según el contexto social de cada país
Fuente: Magnific

Por Medicina Responsable

13 de julio de 2026

La prevención de la demencia no puede abordarse con una receta universal. Aunque existen factores de riesgo ampliamente conocidos, como la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo o la pérdida de audición, su impacto varía considerablemente entre países en función de los determinantes sociales de la salud. Así lo pone de manifiesto una investigación reciente, que concluye que las estrategias para reducir la incidencia de esta enfermedad deben adaptarse a las características sociales, económicas y sanitarias de cada población.

La demencia afecta a más de 55 millones de personas en todo el mundo y se prevé que esta cifra aumente en las próximas décadas como consecuencia del envejecimiento de la población. En ausencia de tratamientos curativos, la prevención se ha convertido en una de las principales herramientas para frenar su crecimiento. Sin embargo, los investigadores advierten de que no todos los países comparten los mismos riesgos ni las mismas prioridades.

Los denominados determinantes sociales de la salud —como el nivel educativo, los ingresos, las condiciones laborales, la calidad de la vivienda, el acceso a los servicios sanitarios o el entorno en el que viven las personas— influyen de forma decisiva tanto en la aparición de los factores de riesgo como en la posibilidad de controlarlos. En consecuencia, el peso relativo de cada uno de ellos cambia de un país a otro.

Por ejemplo, en los países de renta alta, donde la atención sanitaria suele estar más desarrollada y los niveles educativos son mayores, cobran especial importancia factores relacionados con el envejecimiento, las enfermedades cardiovasculares o los estilos de vida poco saludables. En cambio, en muchos países de renta media o baja siguen teniendo un gran impacto aspectos como el acceso desigual a la educación, la falta de control de enfermedades crónicas o las dificultades para recibir una atención sanitaria continuada. 
Según los autores del estudio, estas diferencias hacen que aplicar las mismas estrategias preventivas en todos los contextos pueda limitar su eficacia. En su opinión, las políticas de salud pública deberían diseñarse teniendo en cuenta las circunstancias específicas de cada sociedad, priorizando aquellos factores de riesgo que generan una mayor carga de enfermedad en cada población.

La investigación también pone el foco en la educación como uno de los determinantes más influyentes. Numerosos estudios han demostrado que un mayor nivel educativo durante la infancia y la juventud se asocia con una menor probabilidad de desarrollar demencia en edades avanzadas, probablemente porque favorece la llamada reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para compensar los cambios asociados al envejecimiento o a la enfermedad. Sin embargo, el acceso a la educación sigue siendo muy desigual entre regiones del mundo.

A ello se suman otros condicionantes, como la contaminación ambiental, el aislamiento social, la pérdida de audición no tratada o la depresión, cuyo impacto también puede variar según los recursos disponibles para prevenirlos o tratarlos. Los investigadores sostienen que reducir estas desigualdades podría tener un efecto tan importante como intervenir sobre los factores de riesgo individuales.

El estudio refuerza además la idea de que la prevención de la demencia va mucho más allá del ámbito sanitario. Mejorar la educación, reducir la pobreza, facilitar el acceso a servicios de salud de calidad, promover entornos urbanos saludables o garantizar una atención adecuada a las enfermedades crónicas son intervenciones que, aunque no se diseñen específicamente para prevenir la demencia, pueden contribuir a disminuir su incidencia a largo plazo.

Los autores defienden que los planes nacionales de prevención deberían incorporar esta perspectiva social y evitar enfoques homogéneos para realidades muy diferentes. En lugar de elaborar recomendaciones idénticas para todos los países, proponen identificar cuáles son los factores modificables que tienen mayor relevancia en cada contexto y dirigir allí los recursos disponibles.

Los expertos consideran que este enfoque permitirá desarrollar políticas más eficaces y reducir las desigualdades en salud. También subrayan la necesidad de ampliar la investigación en regiones con menor disponibilidad de datos, ya que gran parte de la evidencia científica sobre demencia procede de países de renta alta y puede no reflejar la realidad de otras poblaciones.

En un escenario marcado por el rápido envejecimiento de la población mundial, el mensaje es claro: prevenir la demencia no depende únicamente de cambiar hábitos individuales. También requiere actuar sobre las condiciones sociales que determinan la salud a lo largo de toda la vida. Comprender cómo varían los factores de riesgo entre países permitirá diseñar estrategias de prevención más precisas, equitativas y adaptadas a las necesidades de cada sociedad.

Para Ana María García Osta, investigadora principal y directora del Programa de Terapia Génica de Enfermedades Neurológicas del CIMA de la Universidad de Navarra, el trabajo presenta un diseño metodológico sólido y destaca por analizar datos armonizados de más de 200.000 personas procedentes de 14 países y regiones. A su juicio, esta amplia base de datos permite comparar poblaciones con realidades sociales, económicas y culturales muy diferentes, lo que refuerza la solidez de las conclusiones.

La experta señala que, aunque no resulta sorprendente que la prevalencia de los factores de riesgo de la demencia varíe entre países, el estudio aporta una evidencia relevante: pese a esas diferencias, los factores de riesgo tienden a agruparse de forma similar en contextos muy distintos. "Estos resultados refuerzan la evidencia de que las estrategias de prevención deben adaptarse a las características y necesidades de cada país", explica.

En este sentido, apunta que las prioridades pueden ser diferentes según el nivel de desarrollo. Mientras que en los países de ingresos bajos y medios mejorar el acceso a la educación podría tener un mayor impacto en la prevención de la demencia, en muchos países de ingresos altos las intervenciones dirigidas a reducir la obesidad, controlar la hipertensión y prevenir otros factores de riesgo cardiovascular tendrían una mayor relevancia. Al mismo tiempo, el hecho de que varios factores de riesgo suelan presentarse de forma conjunta respalda la necesidad de diseñar estrategias preventivas que actúen sobre varios de ellos de manera simultánea.

García Osta también señala una limitación del estudio: se centra en la distribución y agrupación de los factores de riesgo, pero no analiza hasta qué punto estas diferencias se traducen en una mayor o menor incidencia de demencia en cada país. Incorporar ese análisis, afirma, habría permitido comprender mejor el efecto real de estos factores sobre la carga de la enfermedad. Aun así, considera que la investigación ofrece información valiosa para orientar las políticas de salud pública y diseñar estrategias de prevención adaptadas a las necesidades de cada población. 



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