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Un estudio internacional con participación española revela cómo la contaminación puede dañar el ADN

Se trata de una revisión de evidencias anteriores que ha encontrado un mayor número de roturas de cadena de ADN en leucocitos relacionadas con la exposición a metales pesados

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Un estudio internacional con participación española revela cómo la contaminación puede dañar el ADN
Freepik

Por Medicina Responsable

12 de enero de 2026

La exposición a agentes contaminantes hace estragos en nuestro organismo. Con el reto de profundizar en cómo la presencia de estas partículas se relaciona con alteraciones genéticas que desencadenan enfermedades, un estudio internacional ha asociado la exposición a metales pesados (como el plomo, el arsénico o el cromo) con un aumento del daño en el ADN.

La revista Mutation Research Reviews publica este metaanálisis de 66 estudios realizados durante los últimos 25 años, en el que ha participado Amaya Azqueta, investigadora del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra. Con esta nueva evidencia, los investigadores apuntan que estos daños se pueden producir incluso en contextos considerados “habituales” de exposición a estos metales, presentes en humos industriales suelos contaminados o determinados entornos industriales. De esta forma, han encontrado que las personas expuestas a estos metales presentan mayores niveles de daño en su material genético que las no expuestas, explican desde la Universidad de Navarra en una nota de prensa.

Para llegar a estas conclusiones, el estudio se ha basado en la técnica denominada “ensayo del cometa”, que permite evaluar el daño genético al detectar roturas en el ADN a nivel celular.  "Millones de personas están en contacto con metales pesados, algunos puede que sin saberlo. Trabajadores de soldadura, fundiciones, reciclaje de baterías, minería o manufacturas, así como poblaciones que viven cerca de vertederos, industrias o suelos contaminados, pueden inhalar o ingerir estos metales de forma continuada", explica Azqueta. "Aunque las intoxicaciones agudas son bien conocidas, este estudio pone el foco en los efectos sutiles pero persistentes de exposiciones prolongadas a dosis más bajas, que, como se ha visto, afectan en ADN de las personas expuestas, pudiendo ser la base de los efectos carcinógenos de estos metales", apunta.

Esta revisión mostró que las personas expuestas a arsénico y, sobre todo, a plomo y humo de soldadura, rico en cromo, tenían niveles más altos de roturas de cadena de ADN en leucocitos.

Mayor exposición sin medidas de prevención: la combinación que favorece el daño en países de renta media

El estudio subraya el valor del ensayo del cometa como herramienta de biomonitorización humana, capaz de detectar lesiones en el ADN antes de que aparezcan enfermedades. "Este tipo de daño no implica necesariamente un efecto inmediato, pero puede reflejar una alteración acumulativa del material genético que, si la exposición se mantiene en el tiempo, podría contribuir al desarrollo de enfermedades, entre ellas el cáncer", señala la investigadora.

El impacto del daño genético es mayor en países de renta media -entre ellos Argentina, Bangladesh, Brasil, China, Colombia, India, Irán, México, Pakistán y Turquía- donde los niveles de exposición podrían ser más altos y las medidas de protección laboral y ambiental más limitadas. "Estos resultados podrían reflejar desigualdad en regulación, vigilancia, prevención y concienciación", apunta Azqueta.

Relación con el riesgo cancerígeno

Los metales analizados en este estudio (plomo, arsénico y cromo) ya están clasificados por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) como carcinogénicos o probablemente carcinogénicos. Sin embargo, el objetivo de este trabajo no es reevaluar su peligrosidad, sino analizar si la exposición real en humanos se asocia con lesiones tempranas en el ADN, que podrían ser relevantes para la salud a largo plazo.

En conjunto, el trabajo no establece una relación directa con la aparición de cáncer, pero aporta evidencia de que la exposición continuada a estos metales se asocia con daño en el ADN, un proceso biológico que puede aumentar la vulnerabilidad a distintas enfermedades, incluido en cáncer, a largo plazo. Por ello, los autores destacan la importancia de "reforzar la vigilancia sanitaria, mejorar las condiciones laborales y limitar la liberación de estos metales al medio ambiente".



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