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Un estudio eleva a 6.824 las muertes por calor en España, un millar más de las estimadas oficialmente

Dos informes publicados en la revista Nature Health advierten que las altas temperaturas han provocado 50.000 decesos en Europa, siendo España uno de los países más afectados con 1.000 fallecimientos más de los que indica el sistema MoMo

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Un estudio eleva a 6.824 las muertes por calor en España, un millar más de las estimadas oficialmente
Fotografía de archivo. Fuente: Freepik.

Por Clara Arrabal

22 de octubre de 2026

Europa ha registrado en el verano de 2026 la peor cifra de muertes asociadas a las altas temperaturas: más de 50.000 personas han perdido la vida por causas relacionadas con el calor estival. Así lo reflejan dos nuevos estudios publicados en la revista científica Nature Health, en los que investigadores del Imperial College y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Reino Unido) han analizado 854 zonas urbanas de 30 países (los 27 de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega y Suiza).

Entre sus resultados, uno de los datos más destacables es el impacto del calor en España, situándolo como uno de los países más afectados del continente con 6.824 muertes por calor. Esta cifra supone 1.000 fallecimientos más que las estimadas por el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III.

Además, ambos informes relacionan estos decesos con el cambio climático en Europa, afirmando que dos tercios de ellos son atribuibles a esta causa. En España, el dato revela es más crítico: hasta un 77% de las personas murieron debido al calentamiento global. Los expertos señalan que, aunque estos datos solo engloban al 40% de la población analizada (ya que no registra a quienes viven en zonas no urbanas), es un claro aviso de que las olas de calor cada vez suponen más perjuicios para la salud humana.

"Pone, una vez más, de manifiesto el impacto de las temperaturas extremas sobre la mortalidad en el continente europeo. Y también que debería mover a la acción de las instituciones encargadas de velar por la salud de la población y por la lucha contra las emisiones causantes del calentamiento", expresa Óscar Zurriaga, investigador emérito de la Fundación FISABIO (Valencia), profesor titular jubilado en el departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València.

El verano más mortífero

El estudio muestra que este verano ha sido, hasta ahora, el peor que han sufrido las ciudades europeas y que el número de muertes adicionales relacionadas con el calor ha sido mayor que en otras épocas estivales consideradas anteriormente como las peores (2003 y 2022). "Un aspecto destacable es que, en muchos países, el episodio más extremo tuvo lugar en junio, momento en el que la población puede estar menos aclimatada al calor extremo", explica Zurriaga.

Por su parte, el Grupo de Trabajo de Mortalidad de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) destaca que las olas de calor no solo han afectado a ancianos, sino también a adultos jóvenes. "Además, destaca el aumento de la temperatura de 2,6ºC en el sur de Europa e incluye a unos 22 millones de personas de 44 ciudades españolas", apunta.

Ante esta situación, la SEE enfatiza la necesidad de políticas públicas frente a la emergencia climática con el objetivo de '0 emisiones'. "Recordemos que en España las danas de octubre de 2024 y 2026 ocasionaron 232 y cuatro fallecidos, respectivamente. Los megaincendios forestales del siglo XXI se asociaciaron a unas 70 muertes. Y el MoMo atribuyó 4.744 muertes en 2022, 3.009 en 2023, 3.832 en 2025 y 5.807 en 2026 a las altas temperaturas", explica.

1.000 muertes más que el MoMo

Respecto a las diferencias de estos estudios con las cifras españolas, el investigador del MoMo, David García García, ha afirmado que el estudio "es una aportación valiosa y muy relevante", ya que contribuye a la comprensión de los impactos del calor en la salud y su relación con el cambio climático.

Sin embargo, avisa: "Es importante tener en cuenta que se trata de estimaciones basadas en la temperatura observada y en modelos epidemiológicos, que no incorporan datos reales sobre las defunciones ocurridas en el verano de 2026. Además, la metodología basa la atribución al calor en la temperatura de mínima mortalidad, lo que puede dar lugar a estimaciones elevadas". 

Así, concluye que conviene interpretar los datos teniendo en cuenta el enfoque metodológico y diferenciarlos de los de la mortalidad observada "y de las estimaciones que proporcionan las fuentes oficiales para España".



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