
Por Juan García
9 de julio de 2026El aumento de las temperaturas derivado del cambio climático tiene múltiples efectos sobre la salud que la ciencia trata de cuantificar. Un efecto indirecto y que con frecuencia pasa más desapercibido es el aumento de la inactividad física, al que un grupo de internacional de investigadores ha puesto cifras a través de un estudio publicado en la revista The Lancet Global Health.
Esta investigación ha monitorizado las previsiones del aumento de las temperaturas y de emisiones a la atmósfera para concluir el impacto sobre la mortalidad que podría tener este fenómeno. Según las proyecciones del estudio, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan siguiendo escenarios intermedios o elevados, el sedentarismo aumentará de forma progresiva hasta mediados de siglo.
Como consecuencia, los investigadores apuntan que para el año 2050 se podrían producir entre 470.000 y 700.000 muertes prematuras adicionales cada año en el mundo relacionadas con enfermedades asociadas a la inactividad física, como las cardiovasculares, la diabetes tipo 2 o determinados tipos de cáncer.
Para llegar a esta cifra, se analizaron datos de 156 países entre los años 2000 y 2022 para estudiar la relación entre la temperatura ambiental y los niveles de actividad física de la población. Los autores identificaron un umbral crítico de aproximadamente 27,8 °C de temperatura media mensual. A partir de ese punto, cada mes con temperaturas superiores se asocia con un aumento significativo de la inactividad física.
Además establecer una estimación de la mortalidad, el estudio dimensiona el impacto económico en el que se traduciría esta realidad, con pérdidas en la productividad laboral que oscilarían entre 2.400 y 3.680 millones de dólares anuales.
El reparto de estas cifras a nivel global arroja diferencias entre regiones, siendo Centroamérica, el Caribe, África subsahariana oriental y el sudeste asiático ecuatorial las zonas más vulnerables. Se trata de territorios que ya soportan temperaturas elevadas y que, en muchos casos, cuentan con menos infraestructuras adaptadas para hacer ejercicio de forma segura durante episodios de calor intenso.
Otro aspecto determinante sobre este aumento de la mortalidad es el nivel socioeconómico. La investigación determina que en las poblaciones con menos recursos los efectos serán más graves, en tanto que tienen un acceso más limitado a instalaciones climatizadas, zonas verdes adecuadamente acondicionadas o espacios urbanos preparados para soportar altas temperaturas.
En estos contextos, el problema trasciende el ámbito del ocio o el deporte. Muchos trabajadores desarrollan su actividad en exteriores, como ocurre en la agricultura, la construcción o el comercio ambulante, sectores donde el calor extremo obliga con frecuencia a reducir el esfuerzo físico o modificar las jornadas laborales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente uno de cada tres adultos no alcanza actualmente los niveles mínimos de actividad física recomendados. El nuevo estudio sugiere que el cambio climático podría agravar esta situación si no se adoptan medidas de adaptación específicas.
Por ello, los investigadores plantean una serie de acciones para promover la actividad física y mitigar los efectos de este aumento de las temperaturas, como el diseño de espacios urbanos con mayor sombra o vegetación, la ampliación de espacios públicos refrigerados, la planificación de horarios seguros para realizar ejercicio y la mejora del acceso a instalaciones deportivas climatizadas, especialmente en comunidades vulnerables.
Asimismo, recuerdan que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero continúa siendo la medida más eficaz para limitar el aumento de las temperaturas y, con ello, sus efectos indirectos sobre la salud.
Los propios autores reconocen varias limitaciones del trabajo. Las estimaciones se basan en modelos predictivos y en encuestas de actividad física autodeclarada, por lo que existe incertidumbre sobre la magnitud exacta del impacto futuro. Además, las proyecciones consideran fundamentalmente el efecto de la temperatura, sin incorporar otros factores sociales, económicos o tecnológicos que podrían modificar los hábitos de actividad física en las próximas décadas.
Pese a estas limitaciones, los investigadores consideran que el mensaje principal es sólido: el cambio climático no solo incrementa el riesgo de golpes de calor, enfermedades respiratorias o eventos cardiovasculares relacionados con las altas temperaturas, sino que también puede afectar indirectamente a uno de los pilares fundamentales de la prevención de enfermedades crónicas: mantenerse físicamente activo.
El estudio amplía así la visión tradicional sobre los efectos sanitarios del calentamiento global y plantea un nuevo reto para los sistemas de salud pública. En un escenario de temperaturas cada vez más elevadas, garantizar que la población pueda seguir realizando actividad física de forma segura podría convertirse en una prioridad sanitaria tan relevante como la prevención de los riesgos directos asociados al calor extremo.