
Por Medicina Responsable
27 de mayo de 2026Los límites del alcohol siguen sin estar claros para la mayoría de la población, aún en pleno siglo XXI. Y es que, aunque ha quedado ampliamente demostrado que esta sustancia es perjudicial para la salud en altas dosis (y mucho, según la mayoría de las sociedades y la literatura científica), la polémica surge cuando se habla de consumos menores, ya que durante años se infundió la idea de que beber poco (como una copa de vino al día) podría proteger el corazón o incluso hacer de rejuvenecedor natural.
Ahora, los últimos estudios han confirmado que no existe una cantidad de alcohol claramente beneficiosa para la salud general, y todos los expertos abogan por el consumo 0. Sin embargo, ¿es consciente la población general? ¿Hasta dónde llega la confusión social en este aspecto? ¿Existen ensayos aleatorizados que demuestren o refuten esta realidad? La respuesta es rotunda: No. Y, precisamente por ello, ha nacido el estudio UNATI, un ensayo clínico aleatorizado que seguirá durante 4 años a unas 10.000 personas que beban entre tres y 40 copas a la semana para arrojar luz sobre esta incógnita.
“Esta investigación será pionera en Europa porque aborda el consumo de alcohol desde un enfoque experimental, controlado y a gran escala, algo poco habitual en este campo”, explica a Medicina Responsable Rosa Molina, Psiquiatra en Hospital Universitario Clínico San Carlos (Madrid) e investigadora del proyecto. “Tradicionalmente, los estudios sobre alcohol han sido observacionales, mientras que UNATI plantea un ensayo clínico aleatorizado, que permite establecer relaciones de causa-efecto con mucha mayor solidez científica”, añade.
Los participantes serán divididos al azar en dos grupos y, a lo largo de esos cuatro años, recibirán revisiones médicas anuales y asesoramiento continuo por profesional sanitario con el objetivo es evaluar cómo su consumo influye en el desarrollo de un conjunto de problemas de salud graves, como mortalidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer, cirrosis, diabetes tipo 2, depresión, demencia, lesiones graves o infecciones que requieran hospitalización.
De esta manera, el estudio podría ofrecer por primera vez una respuesta clara y basada en evidencia científica sólida a una pregunta clave para la salud pública: ¿cuál es realmente el impacto del consumo moderado de alcohol?
Más allá de Europa, ¿hay algún otro estudio parecido? ¿Ha tomado UNATI como referencia otro modelo?
A nivel internacional, existen antecedentes en estudios nutricionales y de estilo de vida , como los grandes ensayos en prevención cardiovascular, pero en alcohol son escasos y con limitaciones éticas y metodológicas. UNATI “bebe” de la experiencia de ensayos como PREDIMED (también liderado por el mismo equipo), adaptando ese modelo al análisis específico del alcohol. Es decir, no parte de cero, pero sí supone una evolución significativa en este ámbito.
Con este ensayo, se pretende aclarar una cuestión clave y muy debatida: el impacto real del consumo moderado de alcohol sobre la salud. Sus objetivos principales son determinar si el consumo moderado tiene efectos protectores, neutros o perjudiciales y en qué áreas y en qué población concreta, ya que se realiza sobre personas mayores de 50 años; evaluar su impacto en enfermedades cardiovasculares, cáncer, salud mental y mortalidad global; y analizar diferencias según edad, sexo y patrones de consumo. Además, nuestra hipótesis central es poner a prueba la idea, muy extendida, de que pequeñas cantidades de alcohol podrían ser beneficiosas, frente a la creciente evidencia que sugiere que no existe un nivel completamente seguro.
Hablemos sobre los participantes. ¿Cuántos se necesitan y cuál es su función? ¿Cómo se ha hecho el reclutamiento?
Se trata de un ensayo de gran escala, con miles de participantes necesarios para alcanzar potencia estadística suficiente (llevamos casi 9000 reclutados). Los voluntarios son asignados a distintos grupos con pautas específicas de moderar el consumo o la abstinencia. La intervención es sencilla para el usuario y además se cuida de su salud de manera gratuita ya que se le asigna un coach sanitario y de hace seguimiento de distintas variables de salud.
El reclutamiento se ha realizado mediante campañas informativas, colaboración con centros sanitarios y difusión en medios como presa radio, TV y RRSS., buscando perfiles diversos pero con criterios claros de inclusión para garantizar la validez del estudio. Para ello, el proyecto ha movilizado a un equipo multidisciplinar amplio de médicos, psiquiatras, epidemiólogos, nutricionistas, enfermería e investigadores en salud pública. También participan expertos en estadística y metodología científica; todos ellos esenciales para abordar el alcohol no solo como sustancia, sino como fenómeno biopsicosocial.
¿Cuál ha sido el recibimiento de la población? ¿Hay resultados preliminares?
El interés social ha sido alto, en parte porque el alcohol está profundamente integrado en la cultura mediterránea; y la participación ha sido buena, aunque con las dificultades habituales en este tipo de estudios a largo plazo. En cuanto a resultados, todavía no hay conclusiones definitivas publicadas; los datos preliminares requieren análisis cuidadoso para evitar interpretaciones erróneas.
Aunque este tipo de ensayos requiere varios años de seguimiento y su finalización es a medio-largo plazo, su impacto potencial es enorme, ya que podría modificar las recomendaciones sanitarias internacionales sobre el consumo de alcohol. De hecho, en la práctica clínica, ayudaría a ofrecer mensajes más claros, basados en evidencia sólida, tanto en prevención como en salud general.
Entonces, ¿cuál sería su impacto real en el plano científico?
UNATI puede marcar un antes y un después en la investigación sobre alcohol. Su principal aportación será aportar evidencia de alta calidad en un terreno donde predominan los estudios observacionales. Esto permitirá reducir la incertidumbre científica y orientar políticas de salud pública más coherentes y basadas en datos robustos.
Si sus resultados son concluyentes, no solo ayudarán a resolver un debate científico abierto desde hace décadas, sino que podrían transformar la manera en que hablamos del alcohol.