
Por Medicina Responsable
10 de septiembre de 2026Aunque los genes defectuosos en el cáncer de próstata son conocidos, todavía no se sabe por qué muchos pacientes viven décadas mientras que para otros la enfermedad es letal.
Una colaboración internacional coliderada por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) puede ayudar a responder a esta pregunta.
El organismo ha participado en un estudio, publicado por la revista Nature, que explica qué procesos causan los daños en el ADN en la mayoría de los casos de esta enfermedad.
En la investigación se analizó el ADN completo de 959 tumores, donados por 1.001hombres de siete países. Todos fueron procesados de la misma manera y acompañados de información de seguimiento clínico durante una mediana de siete años. Los resultados fueron validados en un segundo conjunto independiente de tumores.
“El cáncer de próstata es la quinta causa de muerte por cáncer en hombres, detectarlo no es lo difícil. La dificultad radica en distinguir entre los pacientes que convivirán con la enfermedad durante décadas, que afortunadamente son la mayoría, y los que fallecerán por su causa. La medicina tiene mucho que mejorar en este aspecto”, ha manifestado Geoff Macintyre, jefe del grupo de Oncología Computacional del CNIO.
El estudio desvela que buena parte de ese daño no proviene de un error en un solo gen, sino de mecanismos celulares que han dejado de funcionar bien; los que copian el ADN, los que lo reparan y la propia señalización hormonal de la próstata.
“Los grupos de investigación están seguros porque los mecanismos estropeados dejan huellas tras de sí en el genoma, y esos daños siguen un patrón. Estos patrones se llaman ‘firmas mutacionales’. Los estudios hasta ahora casi siempre han estudiado solo un tipo de mutación cada vez. En cambio, el trabajo actual integra cuatro grandes patrones de mutación: de una sola letra; de tramos pequeños del genoma; de grandes cambios estructurales; y de grandes pérdidas o ganancias”, han explicado desde el CNIO.
La investigación ha hecho emerger ocho tipos de procesos defectuosos y ha descubierto que cada tumor presenta una combinación de estas ocho familias. “El equilibrio de los procesos que tienen lugar en el interior de un tumor es lo que determina la probabilidad de que el cáncer se propague”, ha subrayado Macintyre.
Los ocho procesos identificados explican, en conjunto, el daño en el ADN en el 85 % de los casos de cáncer de próstata. Y estos procesos tienen que ver sobre todo con la señalización hormonal, los fallos en la replicación celular y en el sistema de reparación de errores, así como con el envejecimiento.
“Un resultado especialmente sorprendente para los autores fue que en las firmas mutacionales no había huellas de tóxicos ambientales que sí se aparecen muy claras en otros tumores, como el tabaco y la luz solar. En el cáncer de próstata están prácticamente ausentes”, han manifestado desde el centro.
La investigadora del CNIO y una de las cuatro coautoras principales del estudio, Barbara Hernando, ha explicado que lo que más les sorprendió fue “la magnitud del daño que proviene del interior de la célula”. “Buscamos las marcas que el tabaco, la luz solar y otros agentes externos dejan en el ADN, tal y como se pueden detectar en el cáncer de pulmón o de piel. En casi mil genomas, no encontramos prácticamente ninguna. Pero esto no significa que los tóxicos ambientales o el estilo de vida no afecten al cáncer de próstata. La dieta, el peso y la inflamación pueden influir en el desarrollo del cáncer de próstata sin dejar ninguna huella en el ADN”, ha añadido.
Esta investigación acerca la posibilidad de tener buenos marcadores pronóstico en el futuro. Así, el análisis puso de manifiesto que cuando un determinado proceso defectuoso era el más activo, el cáncer tenía más probabilidades de diseminarse. Este patrón se mantuvo tras tener en cuenta la edad, el estadio del tumor y el grado que la anatomía patológica asigna a un tumor al microscopio.
También se pudo asociar un tipo de proceso activo con un grupo reducido de pacientes que respondió mejor a un tipo específico de terapia.
“Estos resultados dan pistas que podrían ser útiles para estratificar a los pacientes y personalizar los tratamientos, pero no todavía”, han comentado desde el CNIO.
“Antes de que esto llegue a un hospital, estos hallazgos deben confirmarse en otros grupos de pacientes. Además, la medición debe convertirse en una prueba que ofrezca siempre el mismo resultado. A continuación, esa prueba debe ser ensayada en hombres que estén tomando decisiones reales sobre su tratamiento, y debe quedar demostrado que les ayuda”, ha indicado Macintyre.
El catedrático del Centro de Investigación e Innovación Biotecnológica de la Universidad de Copenhague y del Rigshospitalet, y colíder del estudio, Joachim Weischenfeldt, ha indicado que han creado “un mapa de los procesos biológicos que impulsan el cáncer de próstata”. “No va a cambiar la forma en que se trate a ningún hombre mañana. Pero se basa en el tipo de secuenciación de ADN que varios sistemas sanitarios ya realizan con pacientes con cáncer. Lo que proponemos es interpretar los datos existentes de otra manera, no crear una nueva prueba desde cero”, ha concluido.