
Por Medicina Responsable
23 de febrero de 2026El consumo moderado de vino, en personas con alta adherencia a la dieta mediterránea, reduce la mortalidad hasta un 33%.
Esta es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores del Instituto de Nutrición y Salud de la Universidad de Navarra y del Hospital Clínic de Barcelona, después de evaluar durante 20 años a 18.000 personas.
Concretamente, la investigación ha combinado los datos de dos grandes cohortes españolas: el ensayo PREDIMED (“Prevención con Dieta Mediterránea”) y el estudio SUN (“Seguimiento Universidad de Navarra”), con la finalidad de encontrar una relación entre la adherencia a la dieta mediterránea —con y sin consumo de vino— y la aparición de eventos cardiovasculares mayores, como infarto o ictus, así como la mortalidad por cualquier causa.
En el ensayo PREDIMED, las personas seguidoras de la dieta mediterránea, sin incluir vino, presentaron una reducción del 23% en la mortalidad. En cambio, cuando a ese patrón alimentario se añadía un consumo moderado de esta bebida -al menos siete copas por semana, sin alcanzar las tres diarias- la reducción de la mortalidad aumentaba hasta el 33%, además de observarse una menor incidencia de eventos cardiovasculares. Por el contrario, cuando el consumo alcanzaba o superaba las tres copas al día, el beneficio desaparecía.
Al analizar conjuntamente PREDIMED y SUN, la asociación significativa con menor mortalidad solo se mantenía en quienes cumplían ambas condiciones: alta adherencia a la dieta mediterránea y consumo moderado de vino. “Estos resultados aportan evidencia nueva de que la relación favorable entre vino, salud cardiovascular y mortalidad es contexto-dependiente, y solo aparece en el marco de una dieta mediterránea bien seguida y con consumo bajo-moderado”, ha explicado el doctor Miguel Ángel Martínez-González, primer autor del estudio, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERObn).
Con estas conclusiones, los investigadores del estudio, que se ha publicado en la revista European Heart Journal, hacen hincapié en la importancia del patrón dietético global frente a alimentos o bebidas aisladas.
“Nuestros datos no indican que el vino o el alcohol en dosis menores sean beneficiosos por sí mismos, sino que, dentro de un patrón mediterráneo de alta calidad y en cantidades bajas o moderadas, se observa un efecto favorable. Estos resultados no son, por tanto, una invitación genérica a beber, sino una validación del patrón alimentario tradicional mediterráneo. El vino tinto no actúa solo; sus beneficios parecen condicionarse a la presencia de otros componentes antiinflamatorios beneficiosos de la dieta mediterránea, como el aceite de oliva virgen extra, las legumbres, las frutas y verduras y los frutos secos", ha explicado el doctor Martínez-González.
Para aportar una evidencia más sólida, los investigadores impulsaron hace casi dos años el proyecto UNATI (University of Navarra Alumni Trialists Initiative), el mayor ensayo sobre consumo de alcohol y salud realizado hasta la fecha a nivel mundial.
El estudio, desarrollado junto a más de 500 médicos de todo el país, ya cuenta con 7.000 personas voluntarias y prevé alcanzar 10.000. Todas ellas tienen entre 50 y 75 años y consumen alcohol de forma habitual
Durante el mismo, se compara el consumo moderado de alcohol frente a la abstención, con la finalidad de esclarecer si los efectos observados en estudios previos se deben al alcohol o a otros hábitos saludables asociados al estilo de vida mediterráneo. También, se analiza la salud cardiovascular y el riesgo de cáncer.