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Constatan el bajo riesgo de padecer un tumor secundario tras recibir terapia con CAR-T

Así lo pone de manifiesto un estudio publicado en The New England Journal of Medicine, elaborado tras una advertencia de la FDA sobre este posible peligro

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Constatan el bajo riesgo de padecer un tumor secundario tras recibir terapia con CAR-T
Freepik

Por Juan García

13 de junio de 2024

El desarrollo de la terapia de células CAR-T ha sido un reciente soplo de esperanza en la lucha contra el cáncer. La literatura científica que avala los beneficios de esta técnica en diferentes tipos de pacientes oncológicos, incluidos algunos que dejan de responder a otras vías terapéuticas, no deja de crecer. No obstante, la advertencia realizada por la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), el pasado mes de noviembre, sobre el riesgo de aparición de tumores secundarios como consecuencia de la aplicación de esta técnica, puso en tela de juicio la idoneidad de esta prometedora arma en la lucha contra el cáncer.

Ahora, un nuevo estudio publicado en The New England Journal of Medicine (NEJM) revela que el riesgo de aparición de estos tumores secundarios es bajo. “Nuestros resultados resaltan la rareza de los tumores secundarios y proporcionan un marco para definir las selecciones clonales (principio que explica cómo el sistema inmunológico responde a las infecciones y desarrolla la inmunidad)”, concluyen los autores.

La terapia de células CAR-T es una terapia génica celular que implica la alteración de los genes dentro de las células T (un tipo de glóbulos blancos) para ayudar a combatir el cáncer. La modificación de estas células inmunitarias en laboratorio permite que puedan encontrar y destruir las células cancerosas, combatiendo la progresión del tumor para aumentar la esperanza de vida de los pacientes. 

Validez del estudio

La advertencia de la FDA se basaba en la notificación de 25 casos de cáncer de célula T supuestamente asociados a la terapia, entre los más de 30.000 pacientes oncológicos que habían recibido este tratamiento en EE.UU. Aunque se trata de una cifra baja, la comunidad científica ha tratado de arrojar luz en este asunto para constatar los beneficios de la terapia CAR-T.  

Con una muestra de 724 pacientes que habían recibido terapias con células T, en el estudio publicado por NEJM, los investigadores hallaron una incidencia relativamente baja de cánceres secundarios: en torno al 6,5% de los pacientes a lo largo de tres años de seguimiento de mediana. Entre los pacientes analizados, 14 desarrollaron otro tumor de la sangre, pero solo uno fue un linfoma de células T que podría ser consecuencia directa de la terapia. Además, los análisis posteriores descartaron esta relación. 

Estas cifras van en línea con resultados ya conocidos, pero ha servido para poner “negro sobre blanco” en materia del equilibrio entre beneficios y riesgos asociados al CAR-T, según señala Manel Juan, jefe del Servicio de Inmunología en el Hospital Clínic de Barcelona, en declaraciones recogidas por el Science Media Centre España (SMC). A su juicio, se trata de un trabajo “científicamente impecable” que contribuye a evaluar el balance de riesgo-beneficio. 

Para Joaquín Martínez López, jefe del Servicio de Hematología del Hospital 12 de Octubre (Madrid), ese balance es claro: “El beneficio de estos tratamientos es mucho mayor que el riesgo”. También apunta que “aunque el seguimiento debe ser más prolongado, el estudio constata que la terapia CAR-T por el momento no desarrolla linfomas T secundarios a la misma, sino que son eventos diferentes”.

Una conclusión en la que coincide Ignacio Melero, catedrático de Inmunología de la Universidad de Navarra, quien añade que el riesgo de desarrollar tumores secundarios, aunque no es 0, es “tolerable en estas indicaciones para enfermedades no malignas”.

Los efectos secundarios son una contrapartida de todas las indicaciones terapéuticas y medicamentos que existen. Pero cuando se demuestra que estos representan una peligrosidad excesiva o se sobreponen a los beneficios, es importante analizar el alcance de los mismos para tomar las medidas pertinentes. En el caso de las terapias con células CAR-T, afortunadamente, este no parece ser el caso. 



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