
Por Clara Arrabal
20 de abril de 2026La ciencia del futuro ya está aquí. Y la prueba es que, por primera vez en la historia, un grupo de científicos ha conseguido congelar un cerebro sin que sus células sufran daños, lo que abre la puerta a descongelarlo en un futuro para extraer toda su información. Concretamente, la hazaña se ha llevado a cabo por especialistas de Estados Unidos y su objetivo es guardar el órgano a los pacientes terminales para reconstruir su identidad a través del análisis de la estructura cerebral.
Este es el primer paso hacia la criopreservación en humanos y, aunque se ha desarrollado con un cerebro de cerdo, constituye un hito científico en el campo de la investigación sobre la memoria y los límites de la vida. La compañía encargada de realizarlo ha sido Nectome, una empresa neurotecnológica con sede en San Francisco (Estados Unidos) que busca métodos para hacer al cerebro humano inmortal y recrear la conciencia en un entorno digital.
"Queremos desarrollar un sistema que permite preservar el cerebro de pacientes terminales con la esperanza de que en un futuro pueda leerse todo lo almacenado en él", ha explicado Borys Wróbel, uno de los investigadores principales del proyecto, junto con Aurelia Song y Anna LaVergne.
El procedimiento se ha llevado a cabo en cerebros de cerdo de la raza Yorkshire ya que, según los investigadores, son los más parecidos a los de los humanos, tanto por la estructura como por su sistema cardiovascular. Además, el secreto de su éxito ha sido la rapidez con la que han actuado los científicos pues, sin nisiquiera haber pasado un minuto tras la muerte del animal, el equipo comenzó el proceso.
El primer paso fue sustituir la sangre del cerdo por una solución química cuya función es la de fijar las estructuras del tejido. Después, para evitar la formación de cristales de hielo en el órgano, aplicaron crioprotectores, es decir, sustancias que protegen las células del daño por congelación. El último paso fue bajar la temperatura del cerebro hasta los 32ºC. "Con esta temperatura, calculamos que podríamos conservar esos cerebros durante cientos de años", explicaba el científico al medio británico Metro.
Así demostraron que, al actuar con celeridad, las neuronas y conexiones cerebrales se mantuvieron "en condiciones notablemente buenas". Concretamente, lo hicieron en 14 minutos, concluyendo que, si el proceso se alarga hasta los 18 minutos tras la muerte del cerdo, el daño celular era notable.
Los investigadores concluyen que este podría ser el primer paso hacia "la criopreservación estabilizada". Sin embargo, la ciencia todavía tiene que trabajar en el gran desafío de la congelación de los cerebros humanos para preservar su información: la técnica para reactivar su actividad.
Hasta la fecha, nadie ha conseguido diseñar una metodología que reanime con éxito un proceso completo de criopreservación; aunque estudios recientes han mostrado avances en conejos (pero con trasplantes de riñones, no de cerebro) que mantienen la capacidad de trasmitir señales.
Los expertos, por su parte, aseguran que podría ser viable en los próximos 50 o 100 años y, como afirma Wróbel, "permitir que las personas del año 3000 tengan la oportunidad de conversar con quienes murieron hace cientos de años". De esta manera, la muerte no sería el final, sino una nueva forma de empezar a vivir, según asegura Wróbel.