
Por Medicina Responsable
30 de marzo de 2026A pesar de que el vapeo y los cigarrillos electrónicos comenzaron a dar sus primeros pasos hace tan solo unos años, la ciencia ya ha conseguido demostrar de manera sólida y rigurosa la amenaza que presentan para la salud: estos dispositivos son carcinogénicos para los humanos, lo que quiere decir que causarán un número aún indeterminado de casos de cáncer de boca y pulmón.
Así se desprende de una revisión de estudios realizada por un equipo australiano de científicos, que ha analizado diferentes tipos de cigarrillos electrónicos desde 2017 hasta 2025. Las conclusiones han sido publicadas en la revista científica "Carcinogenesis" y, como sus propios autores han confirmado, son "inequívocas". Sin embargo, las consecuencias reales del uso de estos tardarán décadas en acumularse, hasta que se llegue a un consumo prolongado.
"La extensa revisión que acaba de publicar la revista "Carcinogenesis" aporta datos de numerosos estudios que indican que la exposición a los aerosoles de los cigarrillos electrónicos con nicotina se asocia a algunas de las características clave de la carcinogénesis", explica Josep Maria Suelves, investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo en declaraciones a Science Media Centre.
La carcinogénesis es el proceso complejo y de múltiples etapas mediante el cual las células normales se transforman en cancerosas malignas. Algunos de sus signos, y que se presenta tras el consumo de cigarrillos electrónicos con nicotina, son los daños al ADN, el estrés oxidativo y los cambios epigenéticos. Estos, según el experto, "contribuyen a aumentar el riesgo de cáncer de la cavidad oral, cáncer de pulmón y otras formas de cáncer entre las personas que utilizan estos dispositivos, incluso aunque no hayan sido usuarios de productos convencionales del tabaco". De esta manera, señala Maria Suelves, se aleja cualquier duda sobre el perjuicio que supone la adicción a la nicotina en la adolescencia y los daños que ocasiona el uso de estos dispositivos sobre la salud respiratoria y cardiovascular.
Por su parte, Rodrigo Córdoba, médico de familia, profesor asociado a la facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, miembro del Grupo de Tabaco de semFYC y delegado del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, ha descrito con analizado los perjuicios para la salud que detalla este informe. "Se describen los procesos de pirolisis por los que se generan cancerígenos mediante la modificación de los aromatizantes y la nicotina, y los estudios que demuestran las alteraciones del material genético y los estudios en animales (ratones) que ya observaron efecto cancerígeno sobre pulmón y vejiga urinaria", ha explicado.
Además, informa que esta revisión revela que hay varios informes que vinculan estos cigarrillos con el cáncer oral y el cáncer de pulmón. "A menudo se ha dicho por parte de autores vinculados a la industria que el contenido tóxico es muy inferior, pero omiten que un consumidor habitual de estos productos puede hacer más de 70.000 inhalaciones al año y que no hay un umbral de seguridad frente a carcinógenos de grupo A como los metales pesados, las nitrosaminas y otros. Por lo tanto, las conclusiones son plenamente plausibles", añade Rodrigo Córdoba.
Sobre sus efectos a largo plazo, Rodrigo Córdoba ha destacado el largo y complicado proceso analítico llevado a cabo para demostrar la relación entre el vapeo y el cáncer, que todavía no ha terminado. "Llevo publicando trabajos sobre este asunto desde 2009 y siempre dije que esta relación era una posibilidad que tardaría en demostrarse, dado que hace falta un consumo promedio durante 15 o 20 años para poder afirmarlo", ha explicado a Science Media Centre.
En la misma línea, Josep Maria Suelves, por su parte, añade que todavía es difícil aportar datos epidemiológicos del impacto del uso de cigarrillos electrónicos sobre la incidencia y la mortalidad por cáncer "porque, como en el caso de otros factores causales de esta enfermedad como el uso de tabaco, es previsible que transcurran décadas desde el comienzo de la exposición hasta que empieza a diagnosticarse un número significativo de casos".
Con todo ello, ambos expertos abogan por alejar al vapeo y los cigarrillos electrónicos como alternativas para dejar de fumar, algo que se ha planteado desde sus inicios gracias a "la utilización de aromas y diseños especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes, y una información que presenta estos dispositivos como si se limitaran a emitir vapor de agua", como explica Josep Maria Suelves.
"Es necesario adoptar nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, regulando mejor su promoción y comercialización, evitando la comercialización de dispositivos desechables, y sometiendo a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo sobre la salud pública, tal y como se viene reclamando desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo y otras organizaciones científicas y sanitarias”, expone.
En su caso, Rodrigo Córdoba aboga por legislar estos productos con una regulación que debería ser idéntica a toda la estricta que hay con el tabaco y los cigarrillos tradicionales. "No hay motivo para una regulación más blanda ni más permisiva", afirma. Asimismo, destaca la necesidad de informar a la población general, y particularmente a los más jóvenes, de los riesgos de estos productos que en España han consumido el 26% de los escolares entre 14 y 18 años, según la encuesta ESTUDES más reciente. "En cualquier caso, el principio de precaución debería ser suficiente para fortalecer estas regulaciones", concluye.