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El cerebro, la última frontera de la medicina: “Estamos entrando en una auténtica neurorrevolución”

Especialistas reunidos en el Seminario de Periodistas de Neurociencias 2026, organizado por Lundbeck analizan los desafíos pendientes de la neurociencia y el aumento de las enfermedades cerebrales

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El cerebro, la última frontera de la medicina: “Estamos entrando en una auténtica neurorrevolución”

Por Nuria Cordón

25 de mayo de 2026

“Del cerebro surgen la genialidad y la locura, el dolor, el amor, la generosidad y la avaricia”.

Más de un siglo después de que Santiago Ramón y Cajal pronunciara esta frase, el cerebro continúa siendo uno de los mayores misterios de la ciencia y uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo XXI. El órgano que nos permite pensar, recordar, emocionarnos o construir una identidad sigue siendo también uno de los menos comprendidos por la medicina.

Ese desconocimiento científico convive además con una realidad cada vez más preocupante: las enfermedades que afectan al cerebro se han convertido en una de las mayores amenazas sanitarias y sociales en Europa. Más de 250 millones de europeos conviven con alguna enfermedad cerebral y su impacto económico supera los 600.000 millones de euros anuales, cerca del 4% del PIB de la Unión Europea.

En España, el 43% de la población padece algún trastorno neurológico y cerca del 29% algún trastorno psiquiátrico, unas patologías que ya constituyen la primera causa de discapacidad en el país. El envejecimiento de la población, el aumento de los problemas de salud mental y el impacto de factores como el aislamiento, el sedentarismo o la hiperconectividad digital han situado la salud cerebral en el centro del debate sanitario.

Con este escenario de fondo, expertos en neurología, psiquiatría, neurociencia e inteligencia artificial reclamaron situar la salud cerebral como una prioridad de salud pública durante el Seminario de Periodistas de Neurociencias 2026, celebrado en Sitges por la compañía farmacéutica Lundbeck Iberia bajo el título “El cerebro, la última frontera”.

Una crisis creciente de salud mental y neurológica

La presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría, Marina Díaz Marsá, defendió que “no se puede hablar de salud sin hablar de salud cerebral” y recordó que el cerebro “es el órgano más complejo del organismo y el que más nos diferencia del resto de los seres vivos”.

La psiquiatra alertó especialmente sobre el deterioro de la salud mental entre adolescentes y jóvenes. “Nuestros jóvenes no tienen una buena salud mental”, afirmó, vinculando esta situación a factores como las redes sociales, el bullying, la falta de conciliación familiar, el debilitamiento de los vínculos afectivos o el consumo de cannabis.

“Hemos educado a los jóvenes en la idea de que se puede tener todo, y no se puede tener todo”, señaló Díaz Marsá, que también defendió la necesidad de incorporar herramientas de educación emocional desde edades tempranas. “La gestión emocional debería estar al mismo nivel que asignaturas como las matemáticas”, aseguró.

La especialista insistió además en que existe una visión equivocada sobre la salud mental en la sociedad actual. “Muchas personas creen que tener salud mental significa estar bien todo el tiempo, cuando el sufrimiento es inherente al ser humano”.

El envejecimiento y el deterioro del cerebro

Durante su intervención, Díaz Marsá también hizo referencia al impacto del envejecimiento poblacional sobre el cerebro. “El envejecimiento poblacional es una buena noticia, pero vivir más años también pasa factura al cerebro”, afirmó.

La psiquiatra explicó que el envejecimiento implica cambios estructurales, neuroquímicos y funcionales que incrementan el riesgo de enfermedades cerebrales y favorecen fenómenos como la llamada “fragilidad emocional”, una menor capacidad del cerebro para responder al estrés biológico o ambiental.

El gran reto: comprender el cerebro humano

La neurocientífica y presidenta del Consejo Español del Cerebro, Mara Dierssen, centró parte de su intervención en la enorme complejidad del cerebro humano y en los desafíos pendientes de la neurociencia. “Todavía no sabemos exactamente cómo surge la mente”, reconoció.

La investigadora explicó que el cerebro no funciona como un mero receptor pasivo de información, sino como “una máquina predictiva” que interpreta constantemente el entorno y construye una versión propia de la realidad. “La mente no es un reflejo exacto de la realidad, sino una interpretación simplificada que construye el cerebro”, señaló. “Cuando una persona está deprimida, literalmente ve la vida más gris”.

Dierssen recordó además que la actividad mental es una propiedad emergente extremadamente compleja y que aún quedan enormes incógnitas por resolver sobre cómo las neuronas generan pensamientos, emociones o conciencia. “La experiencia subjetiva es lo verdaderamente real”, afirmó.

Durante su intervención repasó algunos de los grandes avances recientes en neurociencia, desde el estudio de la conectividad neuronal hasta el desarrollo de técnicas capaces de identificar y manipular circuitos cerebrales concretos. “Podemos marcar las neuronas de un recuerdo y después manipularlas”, explicó al hablar de investigaciones experimentales basadas en optogenética y farmacogenética.

La investigadora destacó asimismo el impacto creciente de la inteligencia artificial y las nuevas neurotecnologías en el conocimiento del cerebro. “Estamos entrando en una auténtica neurorrevolución”, aseguró. Entre otros ejemplos, mencionó proyectos que permiten transformar señales cerebrales en lenguaje digital o generar sistemas de comunicación para personas con parálisis cerebral mediante interfaces cerebro-ordenador.

Dierssen también puso el foco en las nuevas líneas de investigación sobre enfermedades neurodegenerativas y trastornos psiquiátricos. Explicó que algunos estudios recientes ya están permitiendo identificar biomarcadores relacionados con el alzhéimer o predecir qué pacientes responderán mejor a determinados tratamientos frente a la depresión resistente. “Estamos en un momento muy esperanzador”, afirmó.

Hábitos de vida y prevención: “El sofá y la cama son enemigos del cerebro”

El neurólogo José Miguel Láinez, jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, defendió durante el encuentro que buena parte del deterioro cerebral no depende únicamente de la genética o del envejecimiento, sino también de cómo vivimos. “La salud cerebral es uno de los grandes retos sanitarios de este siglo”, afirmó, antes de insistir en la necesidad de reforzar la llamada “reserva cognitiva”, es decir, la capacidad del cerebro para resistir mejor las enfermedades y el deterioro.

Según explicó, esa reserva puede potenciarse a lo largo de toda la vida mediante la actividad intelectual, el aprendizaje continuo, las relaciones sociales o el ejercicio físico. “El cerebro funciona mejor cuando aprende cosas nuevas”, aseguró. Por eso defendió actividades como el bilingüismo, la lectura, los juegos cognitivos o cualquier aprendizaje que obligue al cerebro a salir de la rutina. “Aprender tareas nuevas estimula mucho más el cerebro que repetir actividades conocidas”, señaló.

Láinez fue especialmente contundente al hablar del sedentarismo y el aislamiento social, dos factores que, a su juicio, se han convertido en grandes amenazas para el envejecimiento saludable. “Los peores enemigos del cerebro son el sofá y la cama; el tercero, la televisión”, afirmó. También recordó el impacto que tuvo la pandemia sobre muchas personas mayores: “Vimos cómo muchos ancianos salieron del aislamiento con un deterioro cognitivo evidente”.

El especialista defendió además el papel protector de la dieta mediterránea, el sueño y la actividad física. “Probablemente el ejercicio físico sea la herramienta más potente para proteger el cerebro”, aseguró, destacando que el ejercicio no solo mejora la salud cardiovascular, sino también la memoria, la función cognitiva y el estado emocional.

Durante su intervención también alertó sobre el impacto creciente de la hiperconectividad digital, especialmente entre niños y adolescentes. “La hiperconectividad digital está modificando el cerebro”, explicó, señalando que las funciones más afectadas son la atención, la memoria de trabajo y la capacidad ejecutiva.

Láinez recordó además que muchos de los factores asociados al deterioro cognitivo son modificables y defendió que una combinación de hábitos saludables podría reducir hasta un 50% el riesgo de desarrollar alzhéimer. “No se trata solo de añadir años a la vida, sino vida a los años”, resumió.

Inteligencia artificial: diagnósticos más rápidos, pero también nuevos riesgos

El encuentro también abordó el impacto de la inteligencia artificial en el diagnóstico neurológico. Julián Isla, director de Fundación 29 y gestor de recursos de IA en Microsoft, aseguró que estas herramientas ya están permitiendo reducir drásticamente los tiempos diagnósticos en enfermedades raras neurológicas. “La odisea diagnóstica media pasa de cinco o siete años a minutos cuando un modelo de lenguaje razona sobre el fenotipo”, afirmó.

Isla aseguró además que los biomarcadores digitales obtenidos desde teléfonos móviles podrían permitir detectar enfermedades neurodegenerativas muchos años antes de la aparición de síntomas. “Tu smartphone puede estar viendo el Alzheimer diez años antes que tu neurólogo”, señaló.

No obstante, los expertos alertaron también sobre los riesgos asociados a una implantación inadecuada de estas tecnologías en los sistemas sanitarios y reclamaron mayor validación clínica y supervisión ética de los algoritmos.

El impacto invisible de las enfermedades raras

El seminario reservó igualmente un espacio para las enfermedades raras y el impacto que estas patologías tienen sobre las familias. Ana Ripoll, madre de un joven con síndrome de Síndrome de Prader-Willi y miembro de FEDER, recordó la larga incertidumbre que vivió desde el nacimiento de su hijo hasta lograr un diagnóstico.

“Cuando nació y me lo pusieron a mi lado, vi que algo pasaba”, relató. Durante años, explicó, ningún médico supo explicar qué le ocurría. “Nadie conocía qué le pasaba. No sabíamos nada. Ni qué tenía ni qué futuro nos esperaba”.

Ripoll explicó que el síndrome de Prader-Willi, una enfermedad genética que afecta al desarrollo neurológico, provoca entre otros problemas una ausencia total de sensación de saciedad. “Ellos no sienten que están llenos. Acaban de comer y es como si no hubieran comido”, señaló. Una situación que, según describió, termina condicionando toda la vida familiar y obliga a las familias a vivir en una vigilancia constante.

La madre recordó también el enorme desgaste emocional y social que acompaña a este tipo de enfermedades. “La gente no lo entiende. Rotundamente no”, lamentó, al explicar cómo muchas familias terminan afrontando en soledad problemas conductuales complejos y una importante sobrecarga psicológica.

Ripoll advirtió además de la falta de recursos especializados para personas con trastornos cognitivos y conductuales severos, especialmente cuando los padres envejecen. “Las administraciones han mejorado, pero las asociaciones siguen sosteniendo la parte más dura”, aseguró.

 



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