
Por Clara Arrabal
7 de enero de 2026Se acabaron las pruebas costosas e invasivas, los escáneres cerebrales o los análisis del líquido cefalorraquídeo como procedimientos para diagnosticar el alzhéimer en las fases iniciales. Ahora, un grupo de científicos y médicos europeos y norteamericanos han perfeccionado una nueva técnica para detectar esta enfermedad: el análisis de la sangre extraída con un pinchazo en el dedo de la mano.
Este nuevo método, que todavía está en fase preliminar, es capaz de cuantificar proteínas en sangre capilar seca (es decir, la de los dedos) que actúan como indicadores de la patología. Entre estas se encuentran las denominadas p-tau217, GFAP y NfL, que provocan la acumulación anormal de la proteína beta-amiloide en el cerebro y contribuyen a formar placas entre las neuronas, lo que interfiere con la función cerebral. Además, puede hacerlo con una precisión diagnóstica del 86%.
En la investigación, liderada por el científico de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y publicada en la revista Nature, han participado 337 pacientes de centros de Suecia, Reino Unido, Italia y España con o sin síntomas de demencia asociada al alzhéimer. De todos ellos, una gran parte fueron capaces de recoger sus propias muestras sin supervisión directa de los científicos, lo que muestra la facilidad y simplicidad de la prueba.
“El objetivo es democratizar el acceso al diagnóstico precoz”, ha explicado Xavier Morató, neurocientífico del Centro de Alzhéimer Ace de Barcelona y coautor principal del estudio. Y es que, según los investigadores, el valor de esta técnica no solo se centra en el ámbito médico, sino también en el social.
La principal ventaja frente a los métodos tradicionales es que en este ni siquiera es necesaria una prueba de sangre convencional, sino que valdría con una en el dedo índice o anular; algo que no requiere grandes medios ni infraestructuras de refrigeración, conservación o trasporte de muestras.
En este sentido, el experto también destaca que podría facilitar el acceso a las personas de las zonas rurales o las que viven en zonas con menos recursos sanitarios, y que incluso el pinchazo podría realizarse en los domicilios; así como ser eficaz en programas de cribado poblacional o estudios epidemiológicos.
Este nuevo método se ha propuesto como una prueba inicial que es capaz de descartar a las personas que presentan síntomas y no padecen la enfermedad, ya que podría ahorrar costes al sistema y generar mayor bienestar en los pacientes. Entre otros procedimientos diagnósticos, se eliminarían las punciones lumbares o las imágenes cerebrales PET.
De esta manera, como destaca Morató, “podría acelerar la identificación de personas en riesgo de sufrir la enfermedad de Alzhéimer, agilizando su derivación a las unidades de memoria especializadas, donde se realizarían otras pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico”.
El estudio también destaca que este método funciona con personas con síndrome de Down, un grupo de pacientes con mayor riesgo de desarrollar alzhéimer y en el que la aplicación de los métodos diagnósticos tradicionales puede resultar más complicada. De hecho, según los resultados de la investigación, los biomarcadores fueron más elevados en las personas con demencia y síndrome de Down que en aquellas sin síntomas.
Aunque esta nueva técnica todavía debe perfeccionarse para poder ser aplicada en su uso clínico, los resultados apuntan a que este enfoque podría revolucionar la detección del alzhéimer por ser un método más rápido, accesible y asequible.
Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el alzhéimer afecta a unas 60 millones de personas en todo el planeta, 800.000 de ellas en España. Además, los fármacos disponibles hoy en día consiguen retrasar el avance de la enfermedad unos 18 meses, aproximadamente, y solo en los casos en los que sean administrados en fases tempranas. Sin embargo, el diagnóstico llega entre dos y tres años después de los primeros síntomas.