
Por Medicina Responsable
17 de marzo de 2026Las mordeduras de serpiente provocan cada año cerca de 2,7 millones de casos en todo el mundo, con alrededor de 100.000 muertes y unas 500.000 amputaciones, especialmente en regiones del sur de Asia, África y América del Sur.
Estas cifras sitúan este problema entre las crisis sanitarias más ignoradas a nivel global, según advirtieron expertos durante la inauguración de la exposición “De brebajes y serpientes: entre la triaca magna y una emergencia de salud global”, organizada por la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME). “La mordedura de serpiente constituye una emergencia de salud pública que afecta sobre todo a comunidades rurales con menos acceso a sistemas sanitarios”, señaló el profesor Jorge Alvar, académico de Medicina Preventiva y Social de la RANME y comisario de la exposición.
La muestra, que reúne más de 100 piezas de notable valor histórico y científico, es fruto de la colaboración entre la RANME, el Museo de la Farmacia Hispana de la Universidad Complutense de Madrid y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Su objetivo es abordar este fenómeno desde múltiples perspectivas: la salud pública, la historia de la medicina, la herpetología y el estudio de los venenos animales.
Uno de los ejes de la exposición gira en torno a la triaca magna, uno de los antídotos más conocidos contra los venenos en la antigüedad. Surgido en el mundo helenístico y consolidado durante la época romana, este preparado combinaba ingredientes como plantas, minerales y carne de víbora. “Se basaba en la idea de que lo similar cura a lo similar y se utilizó durante siglos para prevenir o tratar envenenamientos”, explicó Aida Verdes, investigadora del MNCN-CSIC y comisaria de la exposición. Aunque muchos de esos conceptos médicos resultaron erróneos, añade, muestran que el ser humano lleva más de dos mil años intentando comprender cómo funcionan los venenos y cómo protegerse de ellos.
Los venenos de serpiente, en efecto, son mezclas extremadamente complejas de toxinas. Algunas alteran la coagulación de la sangre, otras interfieren en la transmisión nerviosa y otras destruyen los tejidos. Estas propiedades, que en la naturaleza sirven para inmovilizar presas, han despertado también el interés de la investigación biomédica. “La biomedicina ha aprovechado estas características, primero de forma empírica y después mediante el método científico, para utilizarlos como modelos experimentales y como fuente de compuestos con potencial terapéutico”, señaló Rafael Zardoya, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
El segundo eje de la exposición aborda las mordeduras de serpiente como problema contemporáneo de salud pública global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica este fenómeno como una enfermedad tropical desatendida (ETD) y lo considera una prioridad dentro de su Agenda 2030. “Sin atención médica adecuada y, en particular, sin antiveneno, el desenlace puede ser fulminante”, explicó el profesor Alvar. Incluso cuando el paciente sobrevive, las secuelas pueden ser graves: discapacidad permanente, dolor crónico, pérdida de extremidades o trauma psicológico.
El impacto de estas mordeduras no se limita al ámbito sanitario. En muchas comunidades rurales implica gastos médicos inasumibles, abandono escolar o pérdida de medios de subsistencia para familias enteras.
La producción de antivenenos plantea además desafíos adicionales. “Los preparados deben adaptarse a las variaciones geográficas de los venenos”, explicó Alvar. Un antiveneno eficaz en África occidental puede no funcionar en el sudeste asiático incluso cuando la especie responsable sea la misma.
A esta complejidad se suman los efectos del cambio climático. Según explicó Bernadette Abela, científica de la OMS especializada en enfermedades tropicales desatendidas zoonóticas, el calentamiento global está modificando la distribución de las serpientes. “El cambio climático está desplazando la presencia de las serpientes y alterando cuándo y dónde se encuentran con los humanos”, señaló. En algunas regiones se espera que aumente tanto la abundancia de especies venenosas como el contacto con las personas.
Aunque el impacto principal se concentra en países de Asia y África —India y el África subsahariana presentan algunas de las incidencias más altas—, los expertos advierten de que los cambios ambientales podrían modificar en el futuro la actividad y distribución de serpientes también en países europeos como España.
La falta de recursos en los países más afectados, la fragmentación del mercado y la demanda irregular de tratamientos han provocado que muchas compañías farmacéuticas abandonen la producción de antivenenos. Por ello, los expertos insisten en la necesidad de reforzar la voluntad política de los gobiernos y mejorar los sistemas de producción y distribución de estos tratamientos.
En este contexto, Abela destacó también el papel de organizaciones humanitarias. “España contribuye en crisis humanitarias cuando el problema de las mordeduras de serpiente se vuelve más visible. Grupos como Médicos Sin Fronteras España participan activamente en la respuesta a estos casos”, señaló.
La inauguración de la exposición, a la que asistieron más de un centenar de personas, incluyó además la presentación de una monografía científica que recoge el contenido de la muestra. Según explicó el presidente de la RANME, Eduardo Díaz-Rubio, la publicación forma parte de la serie editorial de la institución destinada a difundir el conocimiento médico y científico asociado a sus exposiciones.