
Por Juan García
10 de abril de 2026La convulsa situación geopolítica actual, agravada por el conflicto en Oriente Medio, es una preocupación de primer orden para la industria farmacéutica. A las presiones de mercado que lleva meses efectuando el Gobierno de EE.UU. a través de su política arancelaria y la imposición del principio de la nación más favorecida (NMF), se suma el aumento de los costes energéticos y de materias primas que podría impactar de forma indirecta sobre el sector.
Ante esta situación, Farmaindustria advierte que la incertidumbre generada por la guerra en Irán tiene “potenciales repercusiones en los costes de producción y suministro de medicamentos". “Si la guerra se alarga, la situación podría asemejarse a lo ocurrido con el conflicto en Ucrania y el impacto en la inflación causado por el aumento del precio de la energía”, señalan a este respecto desde la patronal farmacéutica. No en vano, señalan que los efectos podrían ir más allá y producir desabastecimientos de medicamentos si se prolonga el conflicto en Oriente Medio.
La entidad argumenta que, al tratarse de un mercado con precios regulados, las compañías del sector se ven abocadas a asumir los sobrecostes que se derivan del aumento de los precios de la energía, el transporte y las materias primas, comprometiendo la competitividad del sector.
El estrecho de Ormuz, por su posición geoestratégica en el flujo del mercado global es el punto de mayor interés para el comercio global, que se mantiene bloqueado como consecuencia de la acción bélica de EE.UU. e Israel en Irán. No obstante, desde Farmaindustria enmarcan este último episodio en un contexto más amplio de compleja crisis geopolítica, donde la agresiva política proteccionista de la administración Trump mantiene en vilo a la industria farmacéutica. Todo ello en un contexto en el que el sector farma lleva años advirtiendo de la pérdida de competitividad de Europa frente a China y EE.UU., que deja al viejo continente en una encrucijada para tratar de recuperar la posición de liderazgo de la que tradicionalmente había gozado en el sector.
La industria farmacéutica ha sido uno de los focos de las presiones comerciales de EE.UU. desde el pasado año. Desde Farmaindustria apuntan que el Gobierno federal está efectuando una estrategia de “doble pinza” a través de amenazas arancelarias e incentivos para empujar a las empresas a invertir y producir más en su país. Este último aspecto se materializa a través de la denominada política NMF, que establece una bajada de precios de los fármacos en ese país para que no pague más que otros países desarrollados.
Farmaindustria señala que esta medida, adoptada en mayo del pasado año, no se prevé que genere por el momento problemas de suministro, aunque señala otros efectos colaterales que afecten a la política de lanzamientos de las compañías en suelo europeo.
A este respecto, Farmaindustria expone que la bajada de los precios en EE.UU. se traduciría en una presión que podría reducir los ingresos destinados a I+D en Europa, desincentivar inversiones y poner en riesgo la autonomía estratégica del continente.
La fijación aranceles, explica farmaindustria, se suma a esta política como parte de una estrategia para reforzar su posición industrial para incentivar a las farmacéuticas a invertir y producir más en su país. “Esta combinación de presión sobre los precios y barreras comerciales puede influir en dónde se decide investigar, fabricar y lanzar nuevos medicamentos, con consecuencias para Europa y para el acceso de los pacientes a la innovación biofarmacéutica”.
Aunque para los medicamentos ya disponibles en España, no se pueden aplicar subidas de precio, la entidad apunta que donde sí se pueden notar los costes es en el precio de los nuevos medicamentos a incorporar a la cartera pública.
Desde Farmaindustria recuerdan el “importante retraso” que existe en nuestro país a la hora de introducir tratamientos innovadores, cuyo tiempo medio supera los 600 días desde que la Agencia Europea el Medicamento (EMA) autoriza su comercialización. A esta desventaja añaden la “infrafinanciación” de la que apuntan que goza el sistema sanitario en España, por lo que reclaman valorar adecuadamente la innovación farmacéutica y acelerar su llegada a los pacientes.
La reciente revisión de la legislación farmacéutica europea ha supuesto, a juicio de Farmaindustria, una oportunidad perdida para frenar la pérdida de competitividad de Europa, por lo que instan a aprovechar las oportunidades regulatorias que marcan la futura Ley Europea de Biotecnología, el Espacio Europeo de Datos de Salud y la esperada Ley de Medicamentos y Productos Sanitarios en España.