
Por Medicina Responsable
17 de julio de 2026Los agonistas del GLP-1 están transformando el abordaje de la diabetes tipo-2 y la obesidad, además de plantear un vuelco al tablero farmacológico global y el panorma sanitario global. Sin embargo, el extraordinario crecimiento de su uso también está generando interrogantes sobre quién asumirá el creciente coste de estas terapias en el largo plazo.
Esa es la principal conclusión de una investigación realizada por científicos de la Universidad Northwestern (Estados Unidos), quienes analizaron la evolución del uso y del gasto asociado a estos fármacos entre 2017 y 2022. El estudio revela que, aunque los pacientes pagan menos de su bolsillo que hace unos años, el gasto total relacionado con estos tratamientos se ha disparado, trasladando una parte cada vez mayor de la carga económica a aseguradoras, empleadores y programas públicos de salud.
Aunque el modelo sanitario estadounidense nada tiene que ver con el que existe en España público y universal, estas conclusiones aportan información sobre la evolución de la factura que supone su uso y anticipar tendencias en el mercado global que podrían impactar en el resto del mundo de forma indirecta.
Los investigadores utilizaron datos de la Medical Expenditure Panel Survey (MEPS), una encuesta representativa de la población estadounidense que recopila información sobre utilización de servicios sanitarios, costes médicos y cobertura de seguros.
Los resultados muestran un crecimiento especialmente acelerado entre las personas sin diabetes, impulsado por el uso de estos medicamentos para el tratamiento de la obesidad. En este grupo, la utilización de agonistas del receptor GLP-1 aumentó un 643 % entre 2017 y 2022. En cambio, entre los pacientes con diabetes el incremento fue del 230 %, una cifra considerable, aunque muy inferior a la observada en quienes reciben estas terapias para el control del peso.
El estudio también evidencia un importante aumento del gasto sanitario. El coste total anual por paciente —que incluye los pagos realizados por aseguradoras, empleadores, programas públicos y los propios usuarios— creció un 157 % entre las personas sin diabetes y un 36 % entre quienes padecen diabetes.
Paradójicamente, mientras el gasto global aumentaba, el desembolso directo de los pacientes disminuyó. Los pagos de bolsillo descendieron un 26 % en las personas sin diabetes y un 39 % en aquellas con diabetes. Según los autores, esta tendencia refleja que una proporción creciente del coste está siendo absorbida por terceros pagadores, principalmente aseguradoras privadas y programas públicos como Medicare y Medicaid.
Para los investigadores, este cambio plantea una cuestión de fondo. Aunque desde la perspectiva del paciente el acceso a estos medicamentos puede parecer cada vez más asequible, el sistema sanitario en su conjunto está soportando una presión económica creciente. A medida que aumenta el número de personas candidatas a estos tratamientos, también lo hace el gasto agregado que deben asumir financiadores públicos y privados.
Los autores advierten de que, si esta tendencia continúa, podrían producirse efectos indirectos como el incremento de las primas de los seguros médicos, mayores restricciones para acceder a estos tratamientos o un aumento del gasto público destinado a medicamentos de alto coste.
Durante el periodo analizado, el principio activo semaglutida se consolidó como el agonista GLP-1 más utilizado, impulsado inicialmente por su eficacia en el control de la diabetes tipo 2 y posteriormente por los resultados obtenidos en el tratamiento de la obesidad. El estudio, sin embargo, no incluye el impacto de medicamentos más recientes, como las formulaciones de tirzepatida autorizadas para el tratamiento de la obesidad, por lo que es probable que el crecimiento observado continúe acelerándose en los próximos años.
Los investigadores subrayan que su trabajo no evalúa si estos medicamentos son coste-efectivos. Es decir, no analiza si la inversión adicional queda compensada por los beneficios clínicos derivados de la pérdida de peso, la mejora del control glucémico o la reducción de complicaciones cardiovasculares. Esa cuestión requiere estudios específicos que incorporen el seguimiento de los pacientes durante periodos prolongados.
No obstante, los autores consideran que los resultados ponen de manifiesto la necesidad de abrir un debate sobre la financiación de estos tratamientos. El aumento de la demanda, unido a su elevado precio, obliga a buscar modelos que permitan garantizar el acceso a quienes más pueden beneficiarse sin comprometer la sostenibilidad económica de los sistemas de salud.
La rápida expansión de los medicamentos GLP-1 representa uno de los cambios más importantes en el tratamiento de enfermedades metabólicas de la última década. Sus beneficios clínicos están ampliamente documentados y han impulsado un cambio de paradigma en el manejo de la obesidad. Sin embargo, el estudio de la Universidad Northwestern recuerda que el éxito terapéutico también plantea nuevos retos económicos. A medida que millones de personas incorporan estos fármacos a sus tratamientos, el desafío ya no consiste únicamente en demostrar su eficacia, sino también en encontrar fórmulas que permitan financiar su uso de manera sostenible a largo plazo.