
Por Juan García
30 de septiembre de 2026La evaluación y la incorporación de nuevas terapias y tecnologías ha dejado de ser una cuestión exclusivamente de precio. En la relación entre coste y eficiencia clínica que tradicionalmente ha primado en este proceso, en los últimos años han ganado peso otros aspectos como el impacto que produce sobre los pacientes, el sistema sanitario y la sociedad en su conjunto. Estas últimos son cuestiones más difíciles de medir, por lo que el nuevo paradigma de evaluación de la innovación requiere de nuevos enfoques y metodologías comunes.
Este escenario ha sido objeto de análisis y discusión en la jornada Agora Forum, organizada por Medicina Responsable en colaboración con Johnson and Johnson. En la primera mesa redonda de este evento, moderada por el exviceconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Pedro Irigoyen, se ha tratado una determinante cuestión a este respecto: ¿se puede considerar la innovación como una inversión y no como un gasto?
Para el jefe de asesoría sanitaria en la Subdirección General de Análisis Presupuestario y Estadística de las Comunidades Autónomas, César de la Fuente, al coste de la innovación se le podría denominar, en todo caso, como “gasto productivo”, más que como inversión. Aunque se trata de una discusión técnica sobre cómo encajar las partidas presupuestarias, la cuestión de fondo revela un reto esencial para el sistema sanitario en este momento: cómo medir esos parámetros adicionales que aporta la innovación en materia de reducción de gastos sanitarios para el sistema, mejoras de productividad para pacientes y familiares o ganancias en autonomía y resultados en salud.
En esta línea, De la Fuente advierte que un simple “cambio de denominación no va a aportar más flexibilidad”, por lo que centra la cuestión en lo que considera la “puerta de entrada a la innovación”: la evidencia científica que la avala. “Nos encontramos que la información relativa a los costes indirectos es muy variada en metodología y eso siempre nos genera incertidumbre sobre si esos resultados medidos por otro agente o de otra forma darían otros resultados”, argumenta a este respecto. Por ello, a su juicio, nos encontramos ante un sistema de ponderación de la innovación en todas sus dimensiones que “todavía no está lo suficientemente maduro”.
A este respecto, el Catedrático y Director del Departamento de Economía y del Máster de Formación Permanente en Dirección y Gestión de Servicios Sanitarios de la Universidad de Cantabria, David Cantarero, ha apuntado que “si conseguimos reducir la incertidumbre de ese tipo de inversiones y demostramos que tienen retorno medible cuantificable creo q la administración pública va a participar de ese debate”. Cantarero entiende la innovación como “una compra de futuro” Donde han coincidido ambos es en apuntar la diferencia entre el gasto liquidado y el gasto real, que termina superando las expectativas presupuestadas. A este respecto, De la Fuente ha subrayado que los medicamentos y productos sanitarios supone un tercio del gasto real de las administraciones sanitarias.
La Subdirectora General de Farmacia y Productos Sanitarios. Servicio Madrileño de Salud, María José Calvo, añade otra consideración a tener en cuenta en el camino a medir toda la aportación de la innovación: disponer de historias clínicas interconectadas para poder aprovechar todo el potencial de la información clínica de los pacientes. Calvo coincide en subrayar la necesidad de métricas consensuadas entre las administraciones para que la valoración de la innovación incluya todas sus dimensiones, para lo cual reclama una participación activa de las comunidades autónomas.
En esta línea, el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el doctor Javier de Castro, ha abundado en la necesidad de mejorar los sistemas de información: “Tenemos al paciente, tenemos los datos, pero muchas veces la transferencia de datos es muy complicada”.
En su conducción del debate, Irigoyen ha aludido a la situación de “solapamiento regulatorio” ante la que nos encontramos en esta materia tras la aprobación del Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y el incierto futuro de la Ley del Medicamento.
Para Cantarero, la principal aportación del RD es “reducir la incertidumbre sobre el impacto presupuestario sobre una compra de futuro”. Así, entiende que la normativa busca “atisbar el horizonte” para medir los resultados en salud e ir más allá de la relación coste-efectividad.
El doctor De Castro ha reconocido la preocupación en este sentido por la evaluación de aspectos no clínicos, en tanto que no se sabe cómo pueden repercutir ha apuntado otro reto ante el nuevo paradigma de evaluación: la falta de equidad en el acceso derivada de las evaluaciones adicionales de la innovación hasta que llega finalmente al paciente. El oncólogo ha contrapuesto el liderazgo de España en ensayos clínicos a la demora con la que se incorporan las nuevas terapias para lamentar estas ineficiencias: “Es una pena cuando tenemos la innovación tengamos una demora de años para que llegue a los pacientes”.
Por su parte, la subdirectora del Sermas ha subrayado que, en el complicado equilibrio entre agilidad y eficiencia económica, “la sostenibilidad no tiene que ser barrera para la innovación”, abogando por anticiparse a la llegada de la innovación para “vincular las expectativas y la incertidumbre que rodea al proceso de financiación”.