
Por Virginia Delgado
11 de septiembre de 2026Hace tres años, Verónica Sáez sufrió una crisis de migraña que le hizo permanecer encerrada en su casa seis días e ingresada en el hospital, cuatro. Lo pasó tan mal y fue tan traumático lo que vivió que siente un miedo atroz a volver a pasar por lo mismo. “Deseé que me cortaran la cabeza. Me da pánico vivir algo tan intenso como aquello”, comenta a Medicina Responsable.
No era la primera vez que tenía migrañas. Verónica las sufre desde niña, aunque se las diagnosticaron con 18 años. “Recuerdo tener dolores de cabeza de pequeña, pero nunca le di importancia como para ir a consulta médica hasta que me dio muy fuerte en el lateral de la cara y cabeza. Pensé que me estaba dando un ictus”, recuerda.
A partir de ese momento, las migrañas fueron más frecuentes hasta el punto de llegar a tener una media de 20 al mes. Una cifra que la convierte en paciente crónica y tener la suerte de contar con el seguimiento de un neurólogo, además de un tratamiento preventivo. Suerte porque, en España, de las seis millones de personas afectadas por esta enfermedad, solo el 9,5% lo recibe y apenas el 1,2% accede a los anticuerpos monoclonales anti-CGRP, que son los medicamentos que la reducen.
“Me considero una de las pocas pacientes afortunadas que ha tenido la oportunidad de probar toda la medicación que está hoy en día en el mercado. Creo que por mi caso he tenido esa opción. No todas las comunidades autónomas cuentan con una unidad de neurología que sea específica y especialista en cefaleas. Que tengas unas oportunidades u otras depende mucho de dónde vivas. Yo resido en Valencia”, manifiesta la afectada.
Verónica se gasta al mes, aproximadamente, unos 200 euros en medicación. Esta la complementa con unas pautas que le hacen vivir con mejor calidad de vida. “Las personas que sufrimos migrañas tenemos que tener mucha disciplina en horarios; tener siempre tus rutinas de horas de dormir, de comer, no saltarte ninguna comida… Y es que, si pasas más de tres horas sin comer, tienes más probabilidades de sufrirla. También influye la lluvia o la presión de los aviones”, explica.
Uno de los condicionantes más comunes es el estrés. No obstante, Sáez subraya que no siempre es lo mismo lo que desencadena una migraña. “Los síntomas entre una y otra son diferentes. Por eso, es tan difícil encontrar el origen. Son muchos los posibles y se van sumando unos a otros. Al final, llegas al punto de dolor y estallas”, comenta la afectada.
En la actualidad, uno de cada cinco pacientes presenta una discapacidad grave y casi cuatro de cada 10 muestran síntomas depresivos de moderados a graves. “Es una enfermedad muy discapacitante. Puede hacer que tengas que dejar de hacer absolutamente todo, da igual que tengas una obligación o una persona dependiente. Te lleva a meterte en una habitación, a acostarte a oscuras y a no moverte, además de a tomarte la medicación. Por otra parte, al fuerte dolor de cabeza le pueden acompañar otros síntomas, como náuseas, vómitos, mareo, confusión mental, cansancio o somnolencia”, añade Verónica.
Este parón que sufren los afectados cuando se manifiesta la enfermedad no siempre es comprendido por las familias, amigos o compañeros de trabajo. Más de la mitad siente que su entorno apenas la percibe como una verdadera enfermedad, por lo que no se llega a comprender el impacto real que la migraña tiene en sus vidas.
“El gran problema es que la gente cree que es solo un dolor de cabeza, pero ese es uno de los síntomas que, a veces, no es el peor. Los afectados estamos luchando para que se reconozca como una enfermedad neurológica y no como un dolor puntual. La gente lo asimila como lo que les pasa cuando les duele la cabeza. Se toman un analgésico y después se ponen a funcionar. Lo peor es que los enfermos tendemos a ocultar que estamos mal porque no nos gusta dar pena y que la gente esté siempre pensando en que nos ha dado otra vez. Somos los primeros que ocultamos los síntomas. Tiramos en malas condiciones y con una mala calidad de vida haciendo parecer que estamos bien”, lamenta Verónica Séz, que es vocal de la junta directiva de la Asociación Española de Migraña y Cefalea (AEMICE).
A muchos enfermos la migraña les condiciona su vida laboral, hasta el punto de no tener las mimas oportunidades a la hora de ascender. “No estamos en igualdad de condiciones que otra persona que no tenga esta condición neurológica. Profesionalmente, nos cuesta más llegar lejos en nuestro puesto de trabajo. Necesitamos mucha flexibilidad. Llegar lejos se consigue a costa de trabajar en malas condiciones y de dar más fuera de tu área laboral”, manifiesta Sáez. Por otro lado, la migraña no viene sola. La mayoría de los pacientes sufren ansiedad y depresión. “Al final, vivir con dolor constante, la incapacidad y sentirte incomprendido lo genera”, añade.
Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), esta enfermedad es 2,2 veces más frecuente en mujeres que en hombres, y su impacto es “especialmente alto” entre los 18 y los 29 años. Respecto a los niños y adolescentes, la entidad estima que la padece el 10% de la población de entre 0 a 18 años. En este porcentaje se encuentra la hija de Verónica. “Con nueve años empezó a tener migrañas. Yo, siendo paciente migrañosa, no lo identifiqué al principio. Cuando me di cuenta, me puse a llorar. Mi cabeza no lo aceptaba porque no quería que mi hija pasara por lo mismo que yo. Acudí al médico con mucha información y eso ayudó a que la derivaran enseguida al neurólogo. En tres meses estaba ya en la consulta de un especialista, cuando están tardando una media de 6 o 7 años. Es importantísimo estar informada y empoderarte. Un paciente empoderado que tiene toda la información va a llegar mucho más lejos y mucho más rápido a donde necesita para mejorar”, subraya Sáez.
A pesar de las investigaciones que se están llevando a cabo, se sabe que la migraña no tiene cura. Por ello, pacientes como Verónica aconsejan aprender a manejarla para tener una buena calidad de vida. “Hay que cuidar la alimentación, los hábitos y conseguir una medicación efectiva. Lo importante es conseguir que baje la frecuencia y la intensidad. Por otro lado, es primordial aceptar que se tiene mi migraña y que hay que convivir con ella”, concluye Verónica Sáez.