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La realidad detrás del trastorno bipolar: una enfermedad de fuerte impacto y difícil diagnóstico

Esta patología, que se caracteriza por la alternancia entre la euforia y la tristeza, influye de forma directa en la esfera personal, social y laboral de quienes la padecen

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La realidad detrás del trastorno bipolar: una enfermedad de fuerte impacto y difícil diagnóstico

Por Juan García

29 de abril de 2026

El trastorno bipolar es una enfermedad mental compleja caracterizada por cambios extremos en el estado de ánimo que alternan entre episodios de euforia y periodos de profunda tristeza. Aunque sus formas más graves no son las más frecuentes, su impacto puede ser significativo en la vida personal, social y laboral de quienes lo padecen si no se diagnostica y trata de forma adecuada.

Con una incidencia estimada de entre el 1 y un 3% de la población mundial, uno de los principales desafíos para abordarla es la complejidad para hacer un diagnóstico certero. Según explica el doctor José Ángel Alcalá, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén, se trata de una patología crónica “con tendencia a la recurrencia, que influye de manera directa en la esfera personal, social y laboral”. El especialista subraya que esta patología no debe confundirse con cambios emocionales habituales y que la enfermedad se manifiesta mediante episodios clínicos bien diferenciados que pueden alterar significativamente la vida cotidiana del paciente. 

Por un lado, se encuentran las fases de manía, que pueden cursar con un aumento notable de la energía, impulsividad, irritabilidad o una percepción exagerada de las propias capacidades. “En estos episodios, la persona puede sentirse especialmente activa o invulnerable, lo que en ocasiones conduce a conductas de riesgo o decisiones poco meditadas”, indica el doctor Alcalá. En el extremo opuesto aparecen los episodios depresivos, caracterizados por apatía, pérdida de interés por actividades habituales, sensación de vacío y alteraciones del sueño. “En los casos más graves pueden aparecer ideas autolíticas, lo que hace imprescindible una intervención profesional precoz”, añade. 

El especialista advierte además que, en determinadas circunstancias, tanto las fases maníacas como las depresivas pueden acompañarse de síntomas psicóticos, lo que incrementa la complejidad clínica y la necesidad de un seguimiento especializado.

Diagnosticar a tiempo para pautar un abordaje integral

Uno de los principales retos en torno al trastorno bipolar es su identificación temprana. El diagnóstico, explica Alcalá, no siempre resulta inmediato y requiere una valoración clínica exhaustiva. “Hay síntomas que pueden pasar desapercibidos o incluso interpretarse como rasgos positivos, especialmente en fases iniciales, lo que retrasa la detección”, afirma. En este proceso, el entorno familiar y social suele desempeñar un papel clave al aportar información sobre cambios de comportamiento o de estado de ánimo. 

La evidencia científica sitúa el inicio del trastorno en etapas concretas de la vida. Según detalla el psiquiatra, uno de los momentos más habituales de aparición se produce durante la adolescencia tardía y la juventud temprana, mientras que otro periodo relevante corresponde a la edad adulta joven, especialmente entre los 25 y los 30 años. “A partir de los 50 años su debut es menos frecuente y, cuando ocurre, suele estar relacionado con otras patologías médicas o tratamientos”, precisa.

También existen diferencias en la evolución según el sexo. “Las mujeres presentan con mayor frecuencia episodios depresivos y una evolución más recurrente, mientras que los hombres tienden a iniciar la enfermedad a edades más tempranas”, detalla Alcalá.

En cuanto a las causas, subraya que no existe un único factor desencadenante. Aunque la predisposición genética desempeña un papel importante, intervienen también elementos ambientales y psicológicos. “El estrés mantenido, las dificultades económicas o familiares, las alteraciones del sueño y el consumo de alcohol u otras sustancias pueden favorecer tanto la aparición del trastorno como las recaídas”, señala.

Por ello, el abordaje terapéutico debe ser integral y sostenido en el tiempo. El tratamiento farmacológico, basado principalmente en estabilizadores del ánimo y antipsicóticos, suele combinarse con intervenciones psicológicas. “La terapia cognitivo-conductual, la psicoeducación y el apoyo familiar son fundamentales para mejorar la adherencia al tratamiento y la evolución clínica”, afirma el doctor.

Además, el trastorno bipolar suele coexistir con otras afecciones. Entre las más frecuentes se encuentran los trastornos de ansiedad y las adicciones, así como enfermedades médicas como hipertensión, alteraciones tiroideas u obesidad. Esta coexistencia, explica el especialista, refuerza la necesidad de un seguimiento continuado y multidisciplinar.

“El objetivo no es solo tratar los episodios agudos, sino ayudar al paciente a mantener la estabilidad y mejorar su calidad de vida a largo plazo”, concluye Alcalá, quien insiste en la importancia de la información, la detección precoz y la reducción del estigma social asociado a las enfermedades mentales.

El trastorno bipolar es una patología aún envuelta en multitud de mitos y desconocimiento, por lo que resulta esencial concienciar a profesionales y pacientes sobre la realidad de esta enfermedad.

Doctor José Ángel Alcalá, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén.



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