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Día Europeo de la música

¿Qué relación tiene la ópera con la tuberculosis?

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¿Qué relación tiene la ópera con la tuberculosis?

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

21 de junio de 2022

La música y la medicina tienen muchas conexiones, se podría decir incluso que son un matrimonio muy bien avenido. Uno de los primeros vínculos que nos vienen a la mente cuando asociamos estos dos conceptos son los famosos castrati, unos niños que se hicieron especialmente famosos en la Italia del siglo XVIII.

Allí tuvieron una popularidad parecida a la que disfrutan actualmente las estrellas de rock. Para que la voz de los “niños cantores” no se modificase con la llegada de la pubertad era preciso amputarles los testículos, para lo cual estaban conchabados tanto los médicos como los padres de los niños, ya que estaba prohibido por ley. Para ello se explicaba que los niños habían sido víctimas de “desagradables traumatismos”. Uno de los castrati más famosos de toda la historia fue Farinelli, que llegó a pasar grandes temporadas en la corte de nuestro depresivo Felipe V.

Otra conexión muy importante entre medicina y música es la que existe entre la tuberculosis y la ópera romántica. Esta enfermedad infecciosa es, sin duda, la que aparece en más ocasiones en las producciones operísticas. La podemos encontrar tanto en La Boheme, de Puccini, como en La Traviata, de Verdi.

Más cercanos a nosotros en el tiempo tenemos canciones, por ejemplo, relacionadas con la infección por el virus de la inmunodeficienciahumana (VIH), como puede ser “Fallo positivo” de Mecano o “Una historia más”, de Paulina Rubio.

En nuestro recorrido tampoco podía faltar la gripe española, una enfermedad que a pesar de su nombre se inició en Estados Unidos, y que fue conocida en nuestro país como “soldado de Nápoles”, una canción que formaba parte de la zarzuela “La Canción del Olvido” que triunfaba en aquellos momentos.

Por último, pero no por ello menos importante, la música influye en nuestra vida, tanto a nivel psíquico como físico. Ya en la antigüedad Pitágoras decía que la música cura el alma. Desde hace varias décadas sabemos que la música disminuye el estrés, la ansiedad, la fatiga e, incluso, el dolor. Estos beneficios están relacionados con la reducción de los niveles plasmáticos de cortisol -la hormona del estrés- y con la secreción de endorfinas, las “hormonas del bienestar”, una sustancias que producimos cuando hacemos deporte o cuando tenemos relaciones sexuales.



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