
Por Medicina Responsable
2 de julio de 2026El debate sobre el abordaje de la obesidad ha abandonado definitivamente el terreno exclusivamente médico. Ahora, los especialistas ya no hablan solo del Índice de Masa Corporal (IMC), las enfermedades metabólicas o los niveles de grasa; sino también de políticas públicas, concienciación social, mercado laboral, economía o psicología. Así lo ha demostrado la jornada "Obesidad, un desafío social y económico", celebrada en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid en El Escorial, donde investigadores, responsables políticos, economistas, profesionales sanitarios y representantes de los pacientes han coincidido en una idea que contagió a todos los asistentes: la obesidad ya no puede seguir tratándose como una cuestión de voluntad individual.
Y es que el espíritu de estos cursos es ampliar la mirada: "Hace apenas un año el debate giraba en torno a la necesidad de cambiar el paradigma. Doce meses después, el objetivo ya no es convencer de que la obesidad es una enfermedad, sino analizar cómo afrontarla desde todos los ámbitos de la sociedad. Es decir, ya estamos en el camino de ese cambio y ahora es el momento de las personas desde una perspectiva psicológica y social", ha resumido la presidenta de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), Graziella Almendral.
Para ello, el codirector de la jornada y miembro de OPEN España, ha comenzado situando la magnitud del problema a través de las cifras: más de la mitad de la población española tiene sobrepeso. "No es una cuestión únicamente sanitaria", advertía, apelando a la prevención, la innovación científica y la colaboración público-privada como pilares para garantizar la sostenibilidad del sistema. Al curso de verano también ha acudido el embajador de Dinamarca en España, Michael Braad, quien defendió en la misma línea la necesidad de una estrategia coordinada en Europa para afrontar un desafío común.
La jornada ha comenzado con la conferencia magistral de Ángel González, responsable de Investigación en Salud de la OCDE, quien ha presentado una radiografía de la salud cardiovascular en la Unión Europea. "Más de 60 millones de europeos padecen enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en el continente, cuyo coste ya roza el 2% del PIB del continente", exponía, poniendo de manifiesto que las consecuencias de esta realidad no solo se traducen en fallecimientos, también en "discapacidad, bajas laborales, pérdida de productividad y deterioro de la salud mental".
Además, el informe ha puesto el foco en las desigualdades. "La incidencia es mayor en los países del este europeo, afecta más a los hombres y presenta retrasos diagnósticos en las mujeres por las diferencias en la sintomatología", alertaba. Frente a ello, González ha alentado a las administraciones públicas a reforzar la prevención mediante políticas que faciliten una alimentación saludable, fomenten la actividad física y reduzcan factores de riesgo como el tabaquismo, el alcohol, el estrés o la contaminación.
Sin embargo, si algo quedó claro durante la jornada es que la obesidad no es una elección individual, sino una enfermedad compleja y crónica que afecta a todos los ámbitos de la vida de quien la padece. En este sentido, Francisco Tinahones y Gema Frühbeck presentaron el análisis de la encuesta poblacional "Autopercepción del peso y afrontamiento de la obesidad", basado en 2.546 encuestas que dibuja una sociedad más consciente del problema, aunque todavía lastrada por prejuicios profundamente arraigados.
"La obesidad es una enfermedad multifactorial, y la genética, biología, cambios en el estilo de vida, falta de sueño, estrés o microbiota intervienen en su desarrollo. Culpar al paciente de su estado de salud solo ha servido para alimentar un estigma que dificulta el tratamiento", ha insistido Tinahones. Sin embargo, también ha expuesto que los últimos datos muestran un cambio esperanzador: "Hoy el 57% de los españoles reconoce tener sobrepeso u obesidad y la mayoría identifica el exceso de peso como un problema de salud. Además, el motivo principal para adelgazar ya no responde a criterios estéticos, sino a la prevención de enfermedades futuras".
Pero la fotografía sigue siendo preocupante: El 66% de las personas con obesidad declara sentirse triste o melancólica; la mitad reconoce problemas de sueño y apenas uno de cada siete ha recibido apoyo psicológico. Además, tres de cada diez pacientes con obesidad grave han realizado más de seis dietas a lo largo de su vida, una sucesión de intentos fallidos que acaba transformándose en frustración y sentimiento de culpa. En este sentido, Frühbeck ha defendido incluso abandonar el singular para hablar de "obesidades". "No existen dos pacientes iguales. Algunos viven desbordados emocionalmente; otros conviven con la enfermedad desde la infancia y han desarrollado mecanismos de resiliencia; hay perfiles más activos y otros aparentemente despreocupados. Comprender esas diferencias es la única forma de personalizar la atención y dejar de responsabilizar al enfermo de los fracasos terapéuticos", ha explicado.
La segunda mesa redonda ha trasladado el debate al mundo laboral. La obesidad ha aparecido entonces no solo como una enfermedad, sino como un factor que condiciona la capacidad funcional de millones de trabajadores. Araceli López-Guillén, directora de la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo, ha recordado que "4,6 millones de trabajadores españoles viven con obesidad". Sin embargo, esta circunstancia apenas aparece reflejada en los informes médicos, eclipsada por enfermedades asociadas como hipertensión o apnea del sueño. Para la especialista, "reconocerla explícitamente no supone estigmatizar al trabajador, sino facilitar una reincorporación laboral adaptada a sus necesidades".
El trabajo tampoco es ajeno al origen del problema, como ha dejado patente el curso. De hecho, el sedentarismo, las jornadas prolongadas, los turnos nocturnos, el estrés o determinados entornos laborales favorecen el aumento de peso y, a su vez, la obesidad incrementa las incapacidades temporales, limita determinadas profesiones y dificulta la vuelta al trabajo. Por todo ello, desde el ámbito sindical, Javier Redondo, de UGT, ha pedido apostar por empresas que adapten los puestos de trabajo a las personas y no al contrario y abandonar términos como "absentismo", que atribuyen voluntariedad a quien está enfermo.
Por su parte, el economista Manuel García-Goñi amplió el foco al impacto macroeconómico. La obesidad, explicó, se concentra especialmente entre las rentas más bajas y suele ir acompañada de otras enfermedades crónicas, lo que multiplica el gasto sanitario y los costes derivados de la pérdida de productividad. Ante esto, ha defendido que invertir en prevención y tratamiento no es solo una cuestión de salud, sino también de eficiencia económica.
La última mesa redonda ha desplazado la atención hacia los determinantes sociales de la obesidad. Sagrario Pérez, desde la Xunta de Galicia, ha alertado del deterioro de los hábitos saludables entre los jóvenes y del incremento del sedentarismo asociado al uso intensivo de dispositivos móviles y ha presentado el plan contra la obesidad gallego, uno de los más avanzados de todo el país. Por su parte, el investigador Manuel Franco ha ido más lejos, pero a través de sus estudios académicos. Los informes muestran que las oportunidades para practicar deporte o acceder a alimentos saludables dependen, en gran medida, del barrio donde se vive. "Hicimos un análisis sobre cuántas oportunidades tienen los niños y adolescentes de acceder a bebidas energéticas o ultraprocesados cerca de sus colegios en Madrid y los datos fueron abrumadores: mientras que en los barrios pudientes solo tenían tres o cuatro establecimientos al alcance, en los más humildes tenían hasta 90, lo que evidencia que la obesidad también es una cuestión social". Además, ha destacado que "la salud no depende solo de mamá y papá", sino también del urbanismo, del transporte, del entorno alimentario y del nivel socioeconómico.
El cierre más emotivo ha llegado de la mano de Federico Luis Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas que viven con Obesidad. Su relato personal como paciente que ha dejado atrás la enfermedad puso rostro humano a una patología que demasiadas veces permanece oculta por vergüenza. Así, ha reclamado el reconocimiento oficial de la obesidad como enfermedad y un plan integral que sitúe por fin a los pacientes en el centro de las políticas públicas. Al terminar la jornada, ha quedado la sensación de que el verdadero cambio ya no consiste únicamente en desarrollar nuevos tratamientos, sino en modificar la mirada colectiva. En El Escorial se habló de medicina, pero también de economía, empleo, urbanismo, desigualdad y salud mental. Porque la obesidad, concluyeron los participantes, empieza en el cuerpo, pero sus consecuencias atraviesan toda la sociedad.