
Por Medicina Responsable
24 de agosto de 2026Aunque tradicionalmente ha sido el parámetro estándar para diagnosticar sobrepeso y obesidad, la evidencia científica hace tiempo que ha desterrado el índice de masa corporal (IMC) como indicador único e infalible para detectar estos problemas de salud metabólica. Al igual que con la propia obesidad, este principio se puede aplicar a sus comoborbilidades asociadas. Esto es lo que ha demostrado una reciente investigación del Colegio Americano de Cardiología, al demostrar que el IMC por sí solo no sirve para detectar el riesgo cardiovascular asociado al sobrepeso y la obesidad.
El estudio, publicado en Journal of the American College of Cardiology (JACC), ha constatado que medir otros parámetros como el volumen de tejido adiposo en el abdomen, la circunferencia de cintura (CC) y el índice cintura-cadera (ICC), permite identificar diferencias de riesgo que pueden quedar ocultas cuando solo se tiene en cuenta el peso.
El trabajo ha analizado a más de 260.000 personas durante una media de 20 años y ha estudiado la relación entre la distribución de la grasa corporal y nueve resultados cardiovasculares y de mortalidad, entre ellos infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, enfermedad coronaria y mortalidad cardiovascular y por cualquier causa.
Los resultados ponen de manifiesto que el IMC, aunque continúa siendo una herramienta útil para clasificar a la población según su peso, no informa sobre dónde se acumula la grasa. Entre las personas consideradas de peso normal según el IMC, un 5% presentaba una circunferencia de cintura elevada y un 18% un índice cintura-cadera elevado. En el grupo con sobrepeso, los porcentajes ascendían al 39% y el 40%, respectivamente.
Esta diferencia tiene consecuencias sobre el riesgo cardiovascular. Las personas con peso normal o sobrepeso que presentaban una circunferencia de cintura o un índice cintura-cadera elevados tenían entre un 15% y un 50% más de riesgo para la mayoría de los nueve resultados cardiovasculares analizados. En cambio, entre las personas clasificadas como obesas por su IMC, un 45% presentaba un índice cintura-cadera bajo.
Los autores sostienen que estos datos respaldan la necesidad de incorporar la distribución de la grasa a la valoración cardiovascular. “Es hora de dejar de centrarnos exclusivamente en el índice de masa corporal”, ha señalado Harlan M. Krumholz, editor jefe de JACC y profesor de la Facultad de Medicina de Yale. Michael J. Blaha, autor principal del estudio, ha destacado asimismo que algunas personas con un peso clínicamente normal presentan una elevada grasa abdominal asociada a un mayor riesgo cardiovascular.
El estudio ha recibido una valoración positiva, aunque con matices, por parte de especialistas consultados por el Science Media Centre (SMC) España. Andreea Ciudin, endocrinóloga y coordinadora de la Unidad de Obesidad del Hospital Vall d'Hebron, considera que el mensaje central es correcto: añadir parámetros relacionados con la cintura puede mejorar la evaluación del riesgo cardiovascular. Sin embargo, advierte de que todavía no existen datos suficientemente robustos para sustituir el IMC por el índice cintura-altura, por ejemplo.
Ciudin destaca la fortaleza del trabajo por su gran tamaño y por analizar nueve resultados cardiovasculares y de mortalidad. Al mismo tiempo, señala varias limitaciones, como la ausencia de información completa sobre actividad física, dieta y genética de la obesidad. También apunta que la circunferencia de cintura y la relación cintura-cadera se midieron una sola vez, por lo que no se conoce cómo evolucionaron durante las dos décadas de seguimiento. A ello se suma que el estudio es observacional y que estas medidas son indicadores indirectos de adiposidad central, no una medición directa de la grasa visceral mediante técnicas de imagen.
Para la especialista, la principal ventaja de trasladar estos indicadores a la práctica clínica es su sencillez. Medir la cintura es barato y calcular un índice de adiposidad central apenas requiere tiempo adicional, por lo que considera conveniente complementar el IMC con alguna de estas medidas, especialmente en prevención cardiovascular.
Por su parte, el jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario de Ferrol y presidente de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), Diego Bellido, señala que, aunque la idea no es nueva, abunda en un concepto documentado en la literatura científica: el IMC no debería utilizarse como única medida para valorar el riesgo cardiometabólico. “Medir la cintura es barato, rápido y factible”, subraya, y defiende prestar más atención a dónde se acumula la grasa.
Cristóbal Morales, responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas Sevilla y vocal de la SEEDO, considera el trabajo “muy relevante e importante”. En declaraciones al SMC España, resume su interpretación con una frase: “Al corazón le importa más tu cintura que tu peso”. A su juicio, los resultados demuestran que personas con normopeso o sobrepeso pueden presentar un riesgo cardiovascular elevado cuando existe una importante acumulación de grasa abdominal.
El estudio, por tanto, no plantea abandonar el IMC, sino complementar esta medida con información sobre la distribución de la grasa. La báscula puede ofrecer una primera aproximación, pero la circunferencia de cintura permite detectar un factor de riesgo que puede permanecer oculto incluso en personas cuyo peso se encuentra dentro de los límites considerados normales.