
Por Santiago Melo
24 de abril de 2026El insomnio crónico es mucho más que “pasar una mala noche”, cuando se mantiene en el tiempo, impacta en la salud física, el bienestar psicológico y el funcionamiento diario. Con esa idea de fondo, el Consejo General de la Psicología de España ha acogido en Madrid la presentación de la Guía práctica de Terapia Cognitivo-Conductual para el insomnio crónico, un documento que propone priorizar la intervención psicológica como tratamiento de primera línea y reducir el recurso sostenido a los fármacos.
La guía, impulsada por la Alianza por el Sueño y elaborada por un equipo multidisciplinar, recuerda la magnitud del problema en España: afecta al 14% de la población adulta. En etapas más tempranas, la prevalencia de insomnio alcanza el 30% en población infantil entre 6 meses y 5 años y, en adolescentes, se ha descrito una mala calidad subjetiva del sueño en el 38,5% y una prevalencia de insomnio del 9,9%.
Durante el encuentro, los autores insistieron en que el abordaje no debería centrarse solo en aliviar el síntoma a corto plazo. Adolfo Alcoba, psicólogo clínico, miembro de la Alianza por el Sueño y coautor del documento, subrayó que la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I) es “una intervención estructurada, breve y basada en la evidencia” que ha demostrado ser eficaz y segura, mejorando la calidad del descanso y reduciendo la necesidad de tratamientos farmacológicos prolongados.
La guía describe la TCC-I como un tratamiento que suele aplicarse en cuatro a ocho sesiones y que exige la participación activa del paciente. La propuesta parte de una evaluación inicial para identificar qué está sosteniendo el insomnio: desde el patrón de sueño actual hasta los factores desencadenantes, las conductas asociadas al descanso o las preocupaciones y creencias sobre dormir. En ese proceso, el diario de sueño es una herramienta central para registrar variables como el tiempo que se tarda en conciliar el sueño, los despertares nocturnos o el descanso total, y para seguir la evolución a lo largo del tratamiento.
Entre las técnicas que el documento sitúa como pilares aparecen el control de estímulos, volver a asociar la cama con dormir y no con otras actividades, y el ajuste del tiempo en cama para que el tiempo que se pasa en el dormitorio se aproxime más al tiempo real de sueño y se reduzca la frustración. A esto se suman componentes cognitivos y psicoeducativos, orientados a trabajar el “miedo a la noche” y la activación que muchas personas desarrollan tras encadenar episodios de mal descanso.
Los ponentes destacaron además el papel de la Atención Primaria como puerta de entrada y la necesidad de reforzar los recursos no farmacológicos. En el acto se defendió un modelo de atención que integre la TCC-I en la práctica habitual, con formación específica y mayor disponibilidad de profesionales. En este sentido, Adolfo Alcoba remarcó que “resulta clave el papel del psicólogo general sanitario en Atención Primaria”, y se planteó el uso de modelos escalonados: comenzar con intervenciones de menor intensidad y avanzar hacia modalidades más complejas según la evolución de cada caso.
El debate abordó también el uso prolongado de hipnosedantes y la cronificación. En la presentación se insistió en que, aunque en determinados casos pueda recurrirse a un tratamiento combinado durante un tiempo, el objetivo es evitar que el insomnio quede “tapado” sin abordar los factores que lo mantienen. La guía, en esa línea, busca ordenar el abordaje clínico y ofrecer una hoja de ruta práctica para que el tratamiento psicológico deje de ser una excepción y pase a formar parte de la respuesta estándar frente al insomnio crónico.