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"Es posible donar un riñón y tener después una vida normal"

Jesús es una de las 20 personas de España que, de forma altruista, han donado un riñón en vida a una persona desconocida. Forma parte del Programa de Donación Renal Altruista o de Buen Samaritano, de la ONT

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"Es posible donar un riñón y tener después una vida normal"

Por Julia Porras

14 de febrero de 2023

Jesús -nombre ficticio, ya que quiere permanecer en el más completo anonimato- tiene una voz cristalina y alegre; su tono es jovial y tiene muy claro su mensaje desde la primera pregunta: ¿por qué donar un riñón a una persona desconocida? “Porque para mí fue un regalo hacerlo. El primer beneficiado he sido yo”. Ese es el mensaje que quiere transmitir este madrileño de 39 años ya que, asegura, le gustaría llegar a cuanta más gente, mejor. “Es algo que mucha gente no sabe que se puede hacer, donar un riñón y tener después una vida normal”.

Hasta el momento, han sido 20 los donantes que han dado un riñón en nuestro país, dentro del Programa de Donación Renal Altruista o de Buen Samaritano, que puso en marcha la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en el año 2010, para iniciar toda una cadena de donaciones cruzadas. Esta cadena está compuesta por 100 parejas de personas, de los cuales, uno necesita el órgano y el otro es su “pareja donante”. Pero no siempre son compatibles, y es ahí cuando el donante altruista entra en juego. Si el órgano de esta persona anónima se puede trasplantar en alguno de los pacientes de esa lista, automáticamente el riñón de su pareja pasa a otro paciente de esa lista, y así sucesivamente.  “Cuando entra en juego un riñón de un donante anónimo compatible con alguno de los que esperan ser trasplantados se inicia una cadena de donaciones cruzada que puede hacer que con un solo riñón se puedan realizar hasta cuatro o más trasplantes”, cuenta Marta García, enfermera coordinadora de los trasplantes de este programa que lleva diez años en funcionamiento.

Hasta ahora la cadena más larga se produjo en 2014, cuando un “buen samaritano”, que es como se llama también a estos donantes altruistas (por la figura de la biblia), donó su riñón y pudieron llegar a realizarse hasta seis trasplantes.

Jesús es, además, donante de sangre y de médula, porque tiene claro que ayudar a los demás es su objetivo en la vida. Está convencido que es algo beneficioso y que le ha reportado una recompensa que ninguna otra cosa le hubiera podido dar. Conoció el programa de donación altruista hace siete años, y hace cinco se llevó a cabo su donación, con la que pudieron realizarse cuatro trasplantes. “Al principio no lo conté mucho, y cuando mi familia y allegados lo supieron, me dijeron que estaba loco, porque ¿y si me hacía falta más adelante un riñón a mi o al alguien de mi familia?”. Pero Jesús tenía la respuesta clara: esa era una posibilidad remota, y en esos momentos, “alguien estaba necesitando un riñón para vivir”.

Para Jesús hubiera resultado más difícil no hacerlo “porque en el momento que me enteré de que existía esta posibilidad solo pensaba en llevarlo a cabo”, asegura.

Un proceso largo 

El proceso de donación de este tipo de órganos es largo; tiene una serie de fases que “el buen samaritano” o donante altruista tiene que superar y, solo en caso de superarlas todas, el trasplante puede llevarse a cabo. Marta García cuenta que todo comienza con una llamada telefónica. “La persona se entera del programa y nos llama. Desde que arrancamos el programa hace 10 años, hemos recibido más de 300 peticiones para hacer una donación de un riñón en vida a una persona desconocida y a la que no tendrán posibilidad de conocer”. Una vez que contactan, comienza un proceso de selección exhaustivo que pasa por una gran cantidad de pruebas médicas y psicológicas, incluso tiene que verles un tribunal de personas expertas en ética para garantizar que el deseo de esa persona es absolutamente natural.  “Debemos garantizar que el deseo del donante no es algo puntual. Tiene que ser una decisión muy reflexiva tomada después de mucho tiempo de meditación. Y, por supuesto, la persona tiene que estar en perfectas condiciones físicas y de salud, pero sobre todo mentalmente, tiene que estar seguro de que no va a arrepentirse, porque no hay vuelta atrás”, explica García.

Desde el punto de vista del donante, cuenta Jesús, “es un proceso largo, y un tanto farragoso, por la cantidad de pruebas que tienen que hacerte, y puede alargarse en el tiempo entre un año y medio o dos, pero luego la operación en sí es sencilla y vuelves a casa en pocos días y sin secuelas”.

Esta donación altruista ha funcionado en los 20 casos a la perfección porque “siempre ponemos la salud del paciente en el centro del proceso, desde que nos llama hasta que sale de la operación”, asegura la enfermera. Jesús por su parte, afirma que siempre se sintió cuidado, de hecho, todavía se siente muy seguro, “porque cada año me hacen una revisión completa para ver como voy de salud, nunca en mi vida había estado tan cuidado”.

La operación se hace por laparoscopia, que es una intervención quirúrgica que puede durar de dos a cuatro horas, y que consiste en pequeños cortes en el costado para extraer el riñón. “Apenas tiene secuelas, a mi me operaron un lunes y el viernes ya estaba de nuevo trabajando como si nada”, cuenta Jesús.

Él lo tiene claro, si pudiera volver a hacerlo no dudaría, porque cada día se siente más seguro de que el paso que dio mereció la pena. Además cree que es un proceso que debería visibilizarse mucho más, para que la sociedad lo conozca y más gente lo lleve a cabo. “Cuando conocí este programa sentí que algo hizo click en mi cabeza. Sentí que era la pieza que encajaba en mi vida”.



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