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Primeros casos de transmisión de alzhéimer por un tratamiento con hormona de crecimiento

De acuerdo con la investigación, realizada en Reino Unido, la hormona de crecimiento administrada entre 1959 y 1985 estaba contaminada con la proteína beta amiloide, cuya acumulación en el cerebro es responsable de la aparición de la enfermedad

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Primeros casos de transmisión de alzhéimer por un tratamiento con hormona de crecimiento
Foto de Robina Weermeijer en Unsplash

Por Nuria Cordón

29 de enero de 2024

Cinco personas de Reino Unido podrían haberse contagiado accidentalmente de Alzheimer tras haber recibido un tratamiento en su infancia con una hormona de crecimiento contaminada procedente de tejidos cerebrales de cadáveres, concretamente de la pituitaria. El tratamiento se administró hace más de 40 años y es la primera vez que una investigación científica sugiere que la enfermedad, hasta ahora relacionada con el envejecimiento y factores genéticos, podría ser transmitida.

De acuerdo con la investigación, realizada en Reino Unido y publicada en Nature Medicine, la hormona de crecimiento (c-hGH), administrada entre 1959 y 1985 a cerca de 2.000 niños y niñas del país británico, estaba contaminada con la proteína beta amiloide, cuya acumulación en el cerebro y en los vasos sanguíneos es responsable de la aparición del Alzheimer.

Esta práctica se suspendió en los años 80, sustituyéndola por una hormona sintética, cuando se comprobó que podía transmitir los priones (las proteínas anómalas) responsables de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob, la misma de las “vacas locas”. 

El origen del descubrimiento

Los cinco pacientes empezaron a sufrir síntomas neurológicos de forma prematura, es decir, entre los 38 y 55 años, por lo que los profesionales de la Clínica Nacional de Priones del Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres analizaron su historial y comprobaron que todos habían sido tratados anteriormente con esta hormona de crecimiento. "Nuestra sospecha fue que las personas expuestas a aquella hormona del crecimiento que no sucumbieron en su momento a la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y vivieron más tiempo, podrían haber acabado desarrollando la enfermedad de Alzheimer", explicó en rueda de prensa uno de los autores, el neurocirujano John Collinge, afiliado al University College de Londres.

Aun así, Tara Spires-Jones, jefa de grupo en el Instituto de Investigación de la Demencia del Reino Unido y presidenta de la Sociedad Británica de Neurociencia, ha confirmado a Science Media Center (SMC) que, al igual que confirman los investigadores, “no hay indicios de que el Alzhéimer pueda transmitirse entre individuos en actividades de la vida cotidiana. Tampoco hay pruebas que hagan temer que los procedimientos quirúrgicos actuales conlleven algún riesgo de transmisión de la enfermedad”. Para Spires-Jones, el presente trabajo es una “descripción de ocho personas que recibieron durante varios años inyecciones de hormona del crecimiento extraída de cadáveres humanos durante la infancia, cinco de las cuales desarrollaron demencia 30-40 años después”. Por ello, “no es algo que deba preocupar a la gente, ya que ese tipo de tratamiento ya no se utiliza e, incluso, en personas tratadas con esa hormona del crecimiento este resultado es muy raro”. 

Además, según Spires-Jones, no es posible saber con seguridad si estas personas desarrollaron demencia debido a su tratamiento con la hormona del crecimiento por varias razones: este estudio solo analizó a ocho personas (un tamaño de muestra muy pequeño), varias de las personas también tenían otros riesgos de demencia como discapacidad intelectual (en dos casos) o un gen que aumenta sustancialmente el riesgo de alzhéimer (un caso), y la patología mostrada en el artículo para las personas que donaron tejido cerebral posmortem es mucho más leve que la que se encuentra en las personas que murieron de la enfermedad de Alzheimer".

En esta misma línea coincide, también en declaraciones para SMC, Andrew Doig, catedrático de Bioquímica y director del Programa de Bioquímica de la Universidad de Manchester. “Estas conclusiones son muy especulativas. No obstante, el reconocimiento de la transmisión de beta-amiloide subraya la necesidad de revisar las medidas para prevenir la transmisión accidental a través de otros tratamientos y procedimientos médicos. Estos hallazgos podrían tener implicaciones para los procesos que impulsan otros tipos de enfermedad de Alzheimer y podrían aportar ideas sobre estrategias terapéuticas”.

Para Doig, el trabajo es “exhaustivo y está cuidadosamente realizado” pero “no hay razón para temer” una transmisión, ya que “la forma en la que se causaba la enfermedad se detuvo hace más de 40 años. La transmisión de la enfermedad de cerebro humano a cerebro de esta forma no debería volver a producirse”.



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