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Convulsiones febriles en bebés, alarmantes, pero no peligrosas

Cuatro de cada cien niños menores de cuatros años las sufren alguna vez

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Convulsiones febriles en bebés, alarmantes, pero no peligrosas

Por Julia Porras

22 de marzo de 2023

Andrea solo tenía seis meses cuando sufrió la primera convulsión febril. Su madre, Mayte, acababa de sacarla de un baño de agua tibia porque tenía una fiebre muy alta, por encima de 38º. “Fue envolverla en la toalla y empezar a temblar muchísimo, se le pusieron los bracitos y las piernas rígidas y los ojos en blanco. Fue el susto más grande mi vida”.

Mayte llamó a una ambulancia y, camino del hospital, pensó que su hija podía morir. “Yo no sabía en aquel momento lo que le estaba pasando, lo único que sabía es que mi hija estaba teniendo un ataque raro y yo pensaba que se iba a morir”.

Ya en el hospital, tras tener a la pequeña varias horas en observación, le dieron un diagnóstico que no esperaba y que asustó mucho a la joven madre. Su hija había sufrido una convulsión febril.

Las convulsiones febriles constituyen el evento convulsivo más frecuente en la infancia, con una prevalencia de entre el 4 y el 5% en niños menores de cuatro años y una incidencia de 460 por 100 mil niños. Según los expertos, se pueden dar hasta los 17 o 22 meses de edad del menor y tiene mayor incidencia entre los varones. “Una convulsión febril se produce en un niño en un contexto de fiebre, que puede venir por una infección por virus o bacterias. Estos niños, sin embargo, suelen tener buen estado de salud y ningún síntoma neurológico previo”, asegura el director médico de Medicina Responsable, el doctor Pedro Gargantilla.

A Andrea le dieron unos quince ataques o convulsiones febriles entre los 15 meses y los 6 años, y le ocurría siempre que tenía una bajada brusca de temperatura. “Ella pasaba el episodio como si nada, porque perdía el conocimiento y, cuando despertaba en el hospital, después de que le hubieran tratado con un relajante muscular por vena, no se acordaba de nada, pero yo cada vez que tenía 38º de fiebre me quería morir”, asegura Mayte.

El tratamiento para recuperar a estos niños de la convulsión es aplicar un relajante muscular en vena que se inocula con una pluma precargada para su fácil y rápida aplicación, pero, lo más importante cuando les está dando la convulsión es “tomártelo con calma, una vez que ya sabes que no le va a pasar nada grave y proteger a tu hijo para que durante la convulsión no se golpee o se trague algo”, explica Mayte.

A pesar de la alarma que provoca en los padres, la mayoría de las convulsiones febriles “no producen efectos prolongados, no causan daños cerebrales, no provocan discapacidad ni significan que el niño vaya a ser epiléptico”, explica el doctor Gargantilla, que explica que la mejor forma de evitar su aparición es administrar fármacos antipiréticos y observar al niño en todo momento durante el proceso febril.

 

 

 



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