
Por Medicina Responsable
10 de febrero de 2026La incidencia del sarampión se redujo considerablemente en Europa en 2025, pero las cifras siguen poniendo de manifiesto la necesidad de mantener la vigilancia, más si cabe en España, tras la reciente pérdida del estatus de país libre de esta infección. Los países de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo (UE/EEE) notificaron 7.655 casos sospechosos de sarampión el año pasado, lo que supone un 78% menos respecto a los 35.212 casos del año anterior, según se desprende del informe mensual sobre sarampión y rubeola publicado por el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés.
Este marcado descenso sigue suponiendo, no obstante, cerca del doble (93% más) que en 2023, por lo que desde el ECDC advierten que los casos “siguen siendo preocupantemente altos a pesar de un descenso significativo durante el último año”. Un dato relevante en este sentido es que ocho de cada diez contagios detectados en 2025 se produjeron en personas que no estaban vacunadas, por lo que la jefa del programa del ECDC sobre enfermedades prevenibles por vacunación e inmunización, Sabrina Bacci, ha destacado que “disponemos de una vacuna altamente eficaz y segura, así como del conocimiento, los recursos y algunas de las herramientas de vigilancia más robustas para controlar eficazmente esta enfermedad prevenible". Por ello, subraya que Europa está capacitada y debería “liderar la eliminación del sarampión a nivel mundial”.
Tres cuartas partes de los casos notificados en 2025 (5.762) fueron confirmados por laboratorio. España es el quinto país que más casos registra con 426 (217 de ellos confirmados en laboratorio), por detrás de notificado por Rumanía, con 4.198 (2.971 confirmados); seguido de Francia, con 877 (774 confirmados); Países Bajos, con 534 (379), e Italia con 529 (497).
Los menores de cinco años concentran más casos que ninguna otra franja de edad (40,1%), con las tasas de detección más altas en lactantes menores de un año, con 261,6 casos por millón de habitantes, y niños de uno a cuatro años, con 127,4 casos por millón.
Además, se contabilizan ocho fallecimientos a causa de la infección, ninguno de ellos en España. Según los datos disponibles, el 25,5% de las personas infectadas lo adquirieron localmente, mientras que 578 (7,6%) casos se registraron como importados, lo que significa que la fuente de infección estaba fuera del país notificador y otros 227 (3%) se registraron como relacionados con la importación, es decir, se adquirieron localmente, pero formaban parte de una cadena de transmisión vinculada a un caso importado. Los 4.901 (64,0%) casos restantes tienen un origen desconocido.
Dado que el sarampión es altamente infeccioso y se propaga fácilmente por el aire, el ECDC ha hecho hincapié en la importancia de garantizar una inmunidad suficiente a través de la vacunación en amplios sectores de la población para prevenir la transmisión entre personas. La tasa de cobertura vacunal recomendada es del 95% de la población diana, con el objetivo de prevenir brotes y proteger a colectivos vulnerables como niños demasiado pequeños para vacunarse y las personas que no pueden vacunarse por razones médicas. "Esto convierte la vacunación no solo en un acto de autoprotección, sino también de solidaridad. Eliminar el sarampión debería ser posible si actuamos juntos", ha subrayado Sabrina Bacci.
Ante esta situación, el ECDC ha instado a las autoridades sanitarias nacionales a reforzar la vacunación de su población para cerrar brechas de inmunidad, alcanzar y mantener una alta cobertura. En este punto, ha señalado como fundamental que las vacunas se administren a tiempo en los niños, de acuerdo con los calendarios nacionales, y que se identifique y vacune a colectivos como los adolescentes y adultos jóvenes no inmunizados.
Además, ha abogado por redoblar los esfuerzos para lograr una vigilancia de alta calidad y una capacidad de salud pública adecuada, especialmente para la detección temprana, el diagnóstico, la respuesta y el control de los brotes. También ha apuntado que se aumente la concienciación clínica de los profesionales sanitarios, para que recuerden la importancia de verificar el estado de vacunación de sus pacientes y para que ellos mismos reciban las vacunas. Un último aspecto que destacan es la necesidad de abordar las barreras sociales para no dejar poblaciones desatendidas y reducir las desigualdades.