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Día Mundial contra el Cáncer de Mama

"Esta no soy yo": el cáncer de mama y la difícil tarea de volver a reconocerse

Las secuelas físicas y emocionales de los tratamientos pueden transformar la relación de las mujeres con su cuerpo, su autoestima y su vida cotidiana

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"Esta no soy yo": el cáncer de mama y la difícil tarea de volver a reconocerse
Magnific.com

Por Nuria Cordón

19 de octubre de 2026

"Esta no soy yo". Cloe recuerda haber pensado esas palabras mientras se miraba al espejo. Las piernas, los tobillos y las muñecas se le habían hinchado, las articulaciones le dolían y el cansancio se había instalado en su vida. Hasta hacía poco era una mujer activa, acostumbrada a practicar deporte y a disfrutar de su día a día. Pero, de repente, sintió que había envejecido varias décadas. "Yo siempre he sido delgadita, tenía un buen físico", recuerda. Sin embargo, lo que más le dolía no era su aspecto, sino sentir que su cuerpo había dejado de responder como antes.

Cloe tiene 47 años. Su nombre es ficticio porque ha preferido preservar su anonimato, pero su historia es real. Hace aproximadamente un año y medio recibió un diagnóstico de cáncer de mama y, aunque los médicos le dijeron que había tenido mucha suerte por su detección precoz, nada la preparó para las consecuencias de los tratamientos. "La operación en sí es lo mínimo. Lo peor llega después", asegura.

En España se estima que durante 2026 se diagnosticarán 38.318 nuevos casos de cáncer de mama, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN). De hecho, es el tumor más frecuente entre las mujeres y presenta una supervivencia neta a cinco años cercana al 88%. Pero detrás de estas cifras hay mujeres que deben aprender a convivir con las secuelas de la enfermedad y de los tratamientos, porque sobrevivir y sentirse recuperada no siempre son lo mismo.

Gemma Resa, psicooncóloga en GenesisCare, grupo especializado en servicios de oncología médica y radioterapia, conoce bien esta realidad. "A veces lo que nos encontramos es un 'no me identifico' o 'ya no soy la que era antes'", explica. La enfermedad, señala, puede alterar profundamente la relación de las mujeres con su cuerpo, pero también su autoestima, su confianza y la forma en que se relacionan con los demás. Y asumir esos cambios supone, en muchos casos, un proceso de duelo. "En esta etapa tenemos que hacer muchos duelos; duelo por el futuro que yo creía, duelo por esa imagen…", reflexiona.

Gemma Resa, psicooncóloga en GenesisCare, grupo especializado en servicios de oncología médica y radioterapia

Cuando el cuerpo deja de ser familiar

En el caso de Cloe, todo comenzó con una mamografía rutinaria que detectó un tumor de apenas un centímetro. Fue intervenida sin necesidad de extirparle la mama y, al no tener ganglios afectados, pudo evitar la quimioterapia. Después recibió cinco sesiones de radioterapia y comenzó un tratamiento hormonal que acabaría convirtiéndose en la parte más difícil del proceso.

Durante aproximadamente un año y medio recibió inyecciones para suprimir la función ovárica y, posteriormente, se sometió a una intervención para extirparle los ovarios. Entonces llegaron los dolores articulares, la hinchazón, la fatiga y una menopausia inducida que describe con una imagen muy gráfica: "Vas como si fueras una antorcha humana andando con los sofocos”. Además, continúa, “parece como si hubieses envejecido como 20 o 30 años". Así, actividades que antes realizaba sin dificultad comenzaron a exigirle un enorme esfuerzo. "Me costaba levantar las rodillas, me dolía al andar y, sobre todo, el cansancio y el estado de ánimo de ir por los suelos".

Gemma Resa explica que las cicatrices, los cambios de peso, la pérdida de cabello o los efectos de los tratamientos hormonales pueden provocar un sentimiento de extrañeza ante el propio cuerpo. No se trata únicamente de aceptar una nueva apariencia física, sino de reconstruir una identidad que la enfermedad ha alterado. El objetivo, señala, no es necesariamente recuperar a la mujer que eran antes, sino ayudarlas a integrar esos cambios a su propio ritmo.

Cuando todos creen que lo peor ha pasado

Uno de los momentos más difíciles puede llegar cuando los resultados médicos son favorables y el entorno interpreta que la mujer ya está recuperada. "A veces nos encontramos con pacientes que, físicamente, se han recuperado y la gente les dice: 'Qué guapa estás'. Y eso a veces les da mucha rabia", explica Resa, porque detrás de esa apariencia de normalidad pueden persistir el dolor, el agotamiento o la tristeza.

La especialista advierte de que sentirse obligadas a estar felices porque la evolución clínica es positiva puede convertirse en una carga añadida. "No solo es la curación, también la calidad de vida importa. Todo a lo que yo he tenido que renunciar, todas las pérdidas que yo he tenido, también importan", subraya.

Cloe conoce esa contradicción. Agradece profundamente que su tumor se detectara a tiempo, pero durante meses fue incapaz de hablar de su enfermedad con naturalidad. "Ha sido después del año y medio que he podido verbalizar", reconoce.

A esa dificultad emocional se suma, en su caso, la sensación de no haber recibido suficiente información sobre las consecuencias de los tratamientos. "Me ha pillado por sorpresa. No te lo explican", lamenta. Cloe no cuestiona la necesidad de la medicación, pero considera que conocer sus posibles efectos secundarios le habría permitido afrontar mejor los cambios. "Yo sinceramente hubiese preferido que me hubiesen dicho desde el principio todo esto que me iba a pasar, más que nada para estar prevenida".

En este contexto, Resa insiste en que escuchar las necesidades de cada paciente y facilitar una comunicación adecuada con los profesionales sanitarios es fundamental. La psicooncología, explica, también puede actuar como puente con los equipos médicos para ayudar a las mujeres a expresar sus preocupaciones y resolver sus dudas.

Recuperar la vida cotidiana, otro desafío

Las secuelas del cáncer de mama no se limitan al ámbito físico o emocional. También pueden afectar a las relaciones personales, la intimidad y la vida laboral.

Resa explica que los cambios corporales y los tratamientos pueden alterar el deseo sexual y la confianza en una misma, mientras que el miedo o la falta de comunicación pueden generar distanciamiento en la pareja. Por ello, considera necesario abordar estas cuestiones sin tabúes y recordar que la intimidad también forma parte de la calidad de vida.

En el ámbito laboral, las dificultades pueden ser igualmente importantes. Cloe intentó mantener su actividad durante buena parte de la enfermedad porque necesitaba estar ocupada. "No dejé de trabajar porque psicológicamente prefería estar ocupada mentalmente", explica. Sin embargo, reconoce que se exigió demasiado. "Yo iba a trabajar y luego llegaba a casa y me metía en la cama".

Ahora quiere iniciar una nueva etapa profesional y, sobre todo, que su enfermedad no condicione la percepción que los demás tienen de ella. "Lo que tú quieres es ser una más y aportar por ti misma como una persona más", asegura.

Aun así, Gemma Resa advierte de que muchas mujeres necesitan tiempo para recuperar sus capacidades físicas y cognitivas, especialmente cuando persisten la fatiga, los problemas de concentración o la llamada niebla mental. "Creo que muchas veces no se les da el tiempo suficiente para que se puedan reincorporar al mundo laboral en las mejores condiciones", señala. Por ello, defiende reincorporaciones adaptadas a las circunstancias individuales y una mayor implicación de las empresas, de modo que la vuelta al trabajo no suponga una exigencia inmediata de recuperar el rendimiento previo a la enfermedad.

Aprender a vivir con lo que ha cambiado

El acompañamiento psicológico puede desempeñar un papel fundamental en todo este proceso. Resa explica que muchas mujeres comienzan a asimilar lo ocurrido cuando terminan los tratamientos más intensivos, precisamente cuando su entorno espera que recuperen la normalidad. Es entonces cuando toman conciencia de las secuelas y de cómo ha cambiado su calidad de vida.

Cloe empezó a acudir a psicooncología durante la radioterapia y hoy considera aquella ayuda "imprescindible". Aunque se encuentra mejor y ha recuperado buena parte de su actividad física, continúa trabajando con su psicóloga las emociones y experiencias que todavía necesita procesar. Emocionalmente, sabe que le queda camino por recorrer, pero también siente que sus prioridades han cambiado. "Estoy celebrando ahora mismo la vida todos los días", asegura, y ha decidido contar su historia porque piensa en otras mujeres que puedan sentirse perdidas ante unos cambios que no esperaban.

Y es que, aunque los avances en el diagnóstico y el tratamiento del cáncer de mama han permitido mejorar las posibilidades de supervivencia, el reto ahora es que esa supervivencia vaya acompañada de una atención que también tenga en cuenta las secuelas físicas, la salud mental, las relaciones personales y la vida laboral. Porque salvar una vida es fundamental. Pero escuchar cómo quiere vivirla quien ha sobrevivido también debería serlo.

 



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