
Por Santiago Melo
17 de agosto de 2026La República Democrática del Congo atraviesa ya el brote de ébola más mortal de su historia. Según el último balance del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el país acumula 4.945 casos confirmados y 2.325 fallecidos, una cifra que supera las 2.299 muertes registradas durante la epidemia de 2018-2020, que hasta ahora era la más letal del país.
El actual brote, el decimoséptimo que afecta a la RDC, fue declarado oficialmente el pasado 15 de mayo. Desde entonces, la transmisión se ha acelerado con rapidez y el país alcanzó ya a finales de julio el mayor número de contagios registrado en una epidemia de ébola dentro de sus fronteras.
La velocidad de propagación también preocupa a las autoridades sanitarias. Mientras que el brote de África Occidental de 2014-2016 tardó casi cinco meses en alcanzar las 1.000 muertes, la actual epidemia congoleña ha superado las 2.000 en menos de tres meses. Aun así, el episodio de África Occidental sigue siendo el más grave registrado a nivel mundial, con 28.616 casos y 11.310 fallecidos.
La tasa de letalidad se sitúa actualmente en torno al 47%, frente al aproximadamente 20% registrado a comienzos de junio. Los expertos advierten de que este aumento no implica necesariamente que el virus se haya vuelto más agresivo, sino que puede reflejar dificultades persistentes en la vigilancia epidemiológica, la detección temprana de casos y el acceso rápido a la atención sanitaria.
El especialista en salud pública Thomas Parisch, recientemente destinado en RDC con Médicos Sin Fronteras, ha señalado que, a medida que avanza un brote, la letalidad debería tender a disminuir si mejora el rastreo de contactos y los pacientes son identificados y tratados antes. En el caso congoleño, sin embargo, esos avances todavía no se están produciendo con la rapidez necesaria.
Según el último boletín del INSP, 730 pacientes permanecen en aislamiento o ingresados y 1.040 personas han logrado recuperarse. La tasa de rastreo de contactos se encuentra en el 85,3%, todavía por debajo de los niveles que las autoridades sanitarias consideran necesarios para cortar de forma más eficaz las cadenas de transmisión.
El virus continúa circulando en distintas zonas del país. Ituri sigue siendo el principal epicentro, aunque la transmisión también afecta a Kivu del Norte, Haut-Uélé, Tshopo y Bas-Uélé, donde recientemente se confirmó la primera muerte asociada al brote.
El INSP ha advertido de que la transmisión “se mantiene activa” y considera esencial reforzar la vigilancia epidemiológica, la capacidad de tratamiento y la movilización de las comunidades para contener la expansión de la enfermedad.
La epidemia está causada por la cepa Bundibugyo del virus del Ébola, para la que actualmente no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento específico. Según la OMS, esta variante presenta una tasa de letalidad que puede situarse entre el 30% y el 50%.
La investigación epidemiológica apunta además a que el virus comenzó a circular antes de la declaración oficial del brote. La OMS sitúa su presencia en el este de RDC desde febrero, mientras que una investigación publicada a finales de julio en la revista Science habría identificado infecciones desde al menos enero.
El brote también llegó a la vecina Uganda, aunque las autoridades consiguieron limitar su expansión. El país registró 20 casos confirmados, 15 de ellos considerados importados desde RDC, y dos fallecimientos antes de declararse libre de ébola el pasado 28 de julio.
El virus del Ébola se transmite principalmente por contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de personas o animales infectados, tanto vivos como fallecidos. La enfermedad puede provocar fiebre, vómitos y diarrea y, en los casos más graves, hemorragias internas y externas.