
Por Medicina Responsable
1 de febrero de 2026Acostumbrados a que los errores cometidos por los altos cargos políticos vayan acompañados del infantilismo del “Yo no he sido”, casi deslumbra cuando encontramos una reacción honesta y trasparente, todavía más en esta quincena, donde una tragedia de casi medio centenar de fallecidos sigue sin resolverse, y con una escenificación de oscuridades y cobardes falsedades que nos avergüenzan.
Una equivocación, o un error, en el País Vasco, fue el origen de que se administrasen más de doscientas vacunas infantiles, caducadas unos treinta días. Afortunadamente, no hay otro peligro que la rebaja de la inmunidad, que se soluciona con re vacunaciones, ya puestas en marcha.
Lo que llama la atención es la reacción celérea del consejero de Salud, Alberto Martínez, también médico, que compartió toda la información disponible con la oposición, solicitó una comparecencia parlamentaria para ahondar en la gestión, en un ejercicio de transparencia, y puso rápidamente en marcha un plan para subsanar el error.
Resaltamos lo positivo de una actuación, donde la transparencia y la honestidad fueron de la mano. Y nos lamentamos de lo negativo que supone que una actitud, que debería ser la norma, se haya convertido en una excepción.
Deberíamos reflexionar sobre la endeblez de esta sociedad en la que vivimos, y en la que -unos más que otros- todos somos responsables de que la honestidad y la transparencia se debiliten.