
Por Clara Arrabal
9 de abril de 2026“Ahora sé de agricultura, de ganadería… ¡e incluso distinguir las marcas de los tractores!”, dice Clara Hernández Correa con orgullo e ilusión. Aunque esta afirmación sea más propia de un trabajador del sector primario, ella es médica de familia. Concretamente, es la facultativa encargada del Centro de Salud de Ciudad Rodrigo, un pequeño municipio de la provincia de Salamanca y, durante las Jornadas Nacionales de Residentes y Tutores, también una de las ponentes a cargo de explicar los entresijos de su ámbito: la medicina rural.
Junto a Clara, José Ignacio Delgado Redondo, médico de Familia en el Centro de Salud La Alberca (también en Salamanca), su gran mentor. “Él ha sido quien me ha enseñado su pasión por la asistencia más allá de la ciudad. ¡En la comarca es toda una eminencia!”, exclama la facultativa. Ambos han desarrollado el taller “Medicina Rural: cómo abordar las situaciones en lugares con pocos recursos” enmarcado en las jornadas organizadas por Semergen, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, que reúnen a residentes y tutores de todo el país en torno al conocimiento y la búsqueda de nuevas habilidades.
Durante algo más de una hora, los dos facultativos han charlado sobre las diferentes situaciones a las que tienen que hacer frente en el día a día con menos recursos y a gran distancia del hospital comarcal. “La medicina rural tiene sus particularidades, porque contamos con un tipo de paciente diferente, y también son distintos los consultorios, los tiempos e incluso la forma de pensar de las gentes”, explica José Ignacio. Ante ellos, todo un aulario de residentes y tutores repleto de entusiasmo, que se ha mostrado participativo con sus exposiciones.
En su ponencia, ambos han ofrecido una visión completa de lo que supone ejercer en el entorno rural, destacando tanto los aspectos positivos como los desafíos del día a día. Entre las ventajas, destacan la relación más cercana con los pacientes y el mayor tiempo disponible para atenderles. “Se hace un trabajo en equipo, puedes profundizar más, hacer más preguntas… y acabas conociendo a todos”, explica José Ignacio.
Esa cercanía, como respalda Clara, también se traduce en una mayor capacidad de impacto en la comunidad. “Podemos hacer educación sanitaria, organizar charlas… y al final, en el pueblo, lo que dice el médico va a misa”, señala la médica. Además, José Ignacio subraya que, por la falta de recursos, los médicos acaban desarrollando más habilidades clínicas: “Muchas veces no tenemos enfermeras y nos toca poner vías, hacer electros… Adquieres una autonomía enorme, te organizas tú solo y eso te hace crecer mucho como profesional”.
Pero no todo son facilidades. Entre los inconvenientes, destacan la limitación de servicios y de los recursos, así como a la complejidad logística. “La dispersión geográfica hace que pases mucho tiempo desplazándote de un pueblo a otro”, indican. A ello se suman situaciones imprevistas que forman parte de la rutina: “A un compañero, en el último temporal, le tocó limpiar la nieve de la entrada del consultorio”, relata Ignacio, mientras muestran a los jóvenes residentes las imágenes reales de los obstáculos en el camino que ellos han vivido, como los encuentros con rebaños de ovejas en la carretera que pueden retrasar la llegada a consulta.
Por otro lado, lamentan la falta de reconocimiento institucional: “Parece que somos menos médicos, y es todo lo contrario”, reivindica José Ignacio. Y destacan la implicación con el entorno: “También te tienes que encargar de hablar con el ayuntamiento para que compren algún recurso, y te hacen caso”, añade su residente, Clara, evidenciando el papel activo del médico rural más allá de la consulta.
La segunda parte del taller ha estado centrada en la aplicación práctica de todos estos conocimientos, ya que "el camino se hace andando". Para ello, los expertos han planteado dos casos clínicos simulados con los que han logrado implicar a todos los asistentes. “Vamos a imaginarnos que nos han llamado de la ficticia Casa Rural El Bodón porque una supuesta paciente llamada María, de 76 años, está mareada”, ha comenzado Clara. "¿Le cogemos una vía? ¿Le ponemos oxígeno? ¿Haríais una gasometría, un electro, o las dos?", abría el debate.
Por su parte, los participantes, la gran parte facultativos que trabajan en el ámbito rural o en su órbita, han enriquecido el intercambio de opiniones: "Efectivamente, María se habría intoxicado con monóxido por dejarse el brasero de su casa encendido”, se escuchaba entre los diferentes grupos de participantes, compartiendo así experiencias similares y comprendiendo la importancia de adaptar la práctica clínica al contexto.
“Es muy interesante porque la gestión de recursos es una de las cosas que más tenemos que hacer en la medicina rural, y eso no se estudia en la carrera”, apuntaba uno de los asistentes. Otro añadía: “La actuación médica depende de dónde te encuentres; el manejo de los recursos es totalmente diferente”. Con este enfoque práctico, el taller logró trasladar a los asistentes una idea clave: en la medicina rural, cada decisión cuenta, y, aunque el entorno condiciona, en muchas ocasiones enriquece la forma de ejercer la profesión.