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Lucía: “Una agresión sexual en un hospital me ha destrozado la vida”

La familia denuncia que el Hospital Universitario de Guadalajara les dio la espalda e intentó silenciar los hechos

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Lucía: “Una agresión sexual en un hospital me ha destrozado la vida”

Por Lucía de Mingo, Eva Abajo

6 de junio de 2023

Lucía fue víctima de una agresión sexual, pero no en la calle ni en una fiesta, sino en un hospital. Tenía 18 años, era 23 de junio del año 2020 y estaba ingresada en el Hospital Universitario de Guadalajara por un trastorno de la conducta alimenticia. “Quiero que la gente sepa que estando en un hospital no se está protegido. Yo entré para curarme y salí destrozada para toda la vida”.

Un celador del hospital, con contrato temporal para cubrir la demanda asistencial de la pandemia, la obligó a hacerle una felación. “Cuando terminó me dijo que no dijera nada a nadie, que de lo contrario le hundiría la vida”. Lucía se quedó en shock, pero se armó de valor y se lo contó a una auxiliar con la que había desarrollado un vínculo de confianza, que la animó a denunciarlo. Pero este apoyo no lo encontró cuando se lo contó a una de las psiquiatras. “Me dijo que, como yo era mayor de edad, que decidiese si denunciaba o si, por el contrario, no decía nada y todo se quedaba entre nosotros. Me insinuó que igual era mejor no contarlo”. Ana, su madre, incide en que el hospital les dio la espalda, de hecho, afirma que “lo intentaron tapar”.

Tras contar lo sucedido, al no sentirse apoyada, Lucía se arrepintió en ese mismo momento de haberlo contado. Según relata, de un ataque de rabia y de impotencia le pegó un puñetazo a la pared y, del dolor que sintió en la mano, se desmayó. Del impacto se hizo una brecha en la barbilla y se le fracturaron 16 piezas dentales. Esto tuvo como consecuencia que estuviera más de 10 meses comiendo exclusivamente purés.

La pregunta que le surge a Lucía y a su familia es obvia ¿por qué actuaron así? Ella cree que porque no la creyeron. Para respaldar su testimonio, la familia le pidió al hospital las imágenes de las cámaras de grabación, aunque según indican, “les engañaron". Nos dijeron que eran de vigilancia y no de grabación y, en octubre, mi abogado descubrió que sí que grababan, pero se autodestruían a los 20 días. Yo tardé en contarlo tres días, teníamos 17 días para que se salvaran las grabaciones”, señala Lucía.

Al conocer los hechos, desde la gerencia del hospital se limitaron a cambiar al celador de planta.  Según la madre de Lucía, cuando ella y su marido se reunieron con Aurelio Zapata, el gerente en funciones en ese momento, les dijo que tenía que mantener la presunción de inocencia. “Él nos dijo que lo único que podía hacer es que no volviera a la planta de psiquiatría a trabajar y que, por presunción de inocencia, no podía hacer nada más, no le podía despedir”. El celador estuvo trabajando en el hospital un año y medio. “Solo estuvo fuera del hospital el tiempo desde que la jueza decretó la orden de alejamiento hasta que a Lucía le dieron el alta, cuando le volvieron a subir al hospital”, afirma.

Actualmente Aurelio Zapata ya no es director de Gestión del Hospital de Guadalajara, pero es diputado del PSOE en el Congreso.

Falta de protocolos

En la actualidad, según indica el doctor Pedro Gargantilla, director Médico de Medicina Responsable, no hay ningún tipo de protocolo de actuación ante este tipo de casos. “No hay nada que indique cómo un profesional sanitario tiene que obrar cuando un paciente le comunica que un sanitario le ha agredido sexualmente dentro de las instalaciones del hospital porque no es lo habitual”. No obstante, ante casos extraordinarios como este, la madre de la víctima reclama que los profesionales hagan saltar las alarmas. “Un médico tiene que denunciar este tipo de cosas, y más un psiquiatra en una planta de psiquiatría”, denuncia.

Este caso ha sacado a relucir por qué los pacientes no disponen de las herramientas necesarias de cara a enfrentarse a una agresión, ya sea física, verbal o sexual. Deberían saber qué hacer, a quién acudir, con quién contactar, qué reclamar para que su caso no se silencie y acabe quedando en el olvido. El único protocolo que existe, del Ministerio de Sanidad, es la “Guía de Pautas Básicas Comunes del SNS para la actuación sanitaria ante violencia sexual”, que marca las estrategias a seguir en casos de agresiones sexuales fuera del centro hospitalario. Además, no hay que perder de vista que sí que existen protocolos frente a agresiones de pacientes a profesionales sanitarios.

Carmen Flores, presidenta de la Asociación del Defensor del Paciente, que opera a nivel nacional, afirma que reciben denuncias de abusos, como leves tocamientos, pero no de agresiones sexuales en hospitales.“La mayoría de las agresiones se quedan sin denunciar porque no se pueden demostrar”. Además, señala que un médico, si sufre una agresión, solo tiene que llamar a seguridad del hospital, sin demostrar nada, pero los pacientes están desamparados en ese sentido. Por ello, recalca que hay que “cambiar la ley en el ámbito sanitario de forma urgente”.

El juicio y la sentencia

“Estamos fatal. Yo no he dormido una noche entera desde que pasó eso. El juicio ha sido horroroso, parecía que la juzgada era ella en vez de él”, afirma indignada la madre de Lucía. De hecho, indica que el Servicio de Salud de Castilla-La (Sescam) llegó a pedir la absolución del celador en el juicio, aunque en el fallo se desestimó. Medicina Responsable se ha puesto en contacto con el Sescam y con el propio hospital, pero ninguno ha querido hacer declaraciones.  

El 16 de marzo se dictó sentencia, una sentencia a la que ha podido acceder Medicina Responsable y con la que ni Lucía ni su familia están conformes. La Audiencia Provincial de Guadalajara condenó al celador a cuatro años de prisión por abusos sexuales. Además, el Sescam tiene que indemnizar a Lucía con 6.000 euros por daños morales y 4.170 por lesiones y secuelas.

Tres años después, este agresor continúa en la calle. La familia está a la espera de si él y su abogado deciden recurrir la sentencia. “Como recurra nos tiramos otro año”, indica Ana. No obstante, afirma que esto no acaba aquí, que quieren “ir hasta el final” y están viendo cómo denunciar algo más de lo que ya está denunciado, no solo la responsabilidad civil, que es la indemnización que le tienen que dar por la caída. “Queremos perseguir qué sucedió con las grabaciones de las cámaras o por qué le mantuvieron en el hospital” sin ninguna consecuencia.

A día de hoy, Lucía está en el camino de convertirse en una excelente enfermera. Ahora tiene 21 años, ha terminado los exámenes finales de primero y afirma que le está gustando mucho la carrera. “Me está costando. Mi vida ha cambiado mucho, yo sigo en tratamiento, pero ahora estoy mejor”. Continúa recibiendo tratamiento psicológico y psiquiátrico, a nivel privado.  De su trastorno de la conducta alimenticia está mejor, afirma su madre, aunque señala que “un trastorno así es para toda la vida y le está costando superar todo”.



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