
Por Clara Arrabal
14 de enero de 2026"El oncólogo prescribe el tratamiento, el farmacéutico lo valida, la enfermera que lo elabora hace un doble chequeo y la que lo administra lo vuelve a comprobar. Todo con la asistencia de varios programas digitalizados de calidad y control. Y aún así, es inevitable sentir ese miedo sobre nuestras cabezas", relata a Medicina Responsable Eduardo López Briz, jefe de Sección en el Servicio de Farmacia del Hospital Universitario La Fe de Valencia.
Y es que "ese miedo" al que se refiere López Briz ha cobrado una dimensión real tras los trágicos hechos que han salido a la luz este 13 de enero: dos pacientes oncológicos han fallecido en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU) después de recibir, debido a un error humano, una pauta que multiplicaba por seis la dosis correcta. Además, otros tres se intoxicaron en las mismas circunstancias y todavía siguen bajo supervisión médica, uno desde la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del centro, otro ingresado en planta y el tercero en su domicilio.
Este suceso, que el HUBU ha asumido como "un fallo propio", ha puesto sobre la mesa algunas cuestiones sobre los protocolos a seguir durante la elaboración de las terapias oncológicas que son suministradas en los hospitales. ¿Cuántas personas participan en su preparación? ¿A qué controles de calidad son sometidos? ¿Utilizan la misma metodología todos los hospitales? Para responderlas, Medicina Responsable ha preguntado a López Briz, especialista en Farmacia Hospitalaria y miembro del grupo coordinador de GENESIS (Grupo de Evaluación de Novedades, Estandarización e Investigación en Selección de Medicamentos) de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria.
Según el experto, la preparación de una terapia oncológica es "un proceso sumamente complejo que implica a médicos, farmacéuticos y enfermeros". Este comienza cuando el oncólogo o hematólogo prescribe la terapia. "Ya no lo hacen en papel, sino a través de un sistema de prescripción electrónica, un programa informático con bastantes medidas de seguridad", explica López Briz.
Después, la fórmula tiene que ser validada, además de por el médico, por los servicios de farmacia. En este caso, su función es la de valorar las características individuales de cada paciente respecto al tratamiento asignado: si se adapta al protocolo que se ha pactado, si el fármaco y la dosis son correctas, si el vehículo utilizado es el adecuado... "Cuando esto no ocurre, es porque ha habido un contacto directo entre el médico y el farmacéutico. Es decir, que han mantenido una reunión en la que han comentado las necesidades concretas del paciente por algún motivo especial", añade.
Tras el visto bueno del médico y del farmacéutico, el informe se traslada al área de elaboración, que, como explica López Briz, “suele estar aislada del resto del servicio por manejar compuestos peligrosos”. Allí el personal sanitario, de acuerdo con la validación de los dos anteriores profesionales, se genera una hoja de elaboración por cada paciente “con datos muy, muy minuciosos como la dosis, la terapia o la cantidad de volumen de cada fluido”. Después, lo chequea una enfermera y comienza su elaboración. “Los sanitarios encargados de prepararlo lo detectan todo, hasta el más mínimo detalle. Por ejemplo, si acostumbran a utilizar una dosis de 30 mililitros y aparece en la hoja de elaboración que son necesarias 65, lo vuelven a preguntar al farmacéutico”, añade. Además, cuando ya está listo, lo supervisan otra vez antes de subirlo a planta para ser inoculado. “Esto es lo que se conoce como doble chequeo, porque se inspecciona antes y después de componerlo”, como explica López Briz. Finalmente, la enfermera que suministra al paciente la terapia también debe reportar errores en el compuesto.
"Y por si fueran pocos todos estos controles de seguridad, la mayoría de hospitales de España cuenta con robots de elaboración que reciben directamente la prescripción validada por el farmacéutico", añade el experto. De hecho, según la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, el 97% de los centros tienen informatizado gran parte del proceso.
Entre estos sistemas informatizados se encuentran también los de prescripción electrónica o los de garantía de calidad por reconocimiento por imagen de la manipulación de los productos. “Se le enseña al programa qué medicamento es el que se va a utilizar y este te confirma si es el adecuado o no”, detalla. Además, hay otros programas que miden la concentración final, incluso algunos a través de gravimetrías, es decir, pesando la bolsa de lo elaborado. “Son sistemas que intentan asegurar la calidad y la exactitud del medicamento que se le suministra al paciente de todas las maneras posibles. Hay muchos filtros para que no se produzcan errores, aunque lamentablemente a veces se producen”.
Finalmente, volviendo al caso del HUBU, López Briz reconoce que "no sabe qué es lo que ha podido fallar", pero asegura que no es la primera vez que ocurre. "Hay antecedentes previos. Los que llevamos mucho tiempo en esto podemos recordar algún caso similar, aunque sucedieran hace mucho tiempo. A día de hoy, con estos programas de calidad y control es más difícil fallar, pero lamentablemente ha pasado”.