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Frustración y rabia: consecuencias emocionales de no procesionar en Semana Santa

Cuando el cuerpo humano se encuentra en situaciones de incertidumbre, el cerebro intenta anteponerse a los hechos para gestionar mejor las emociones.

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Frustración y rabia: consecuencias emocionales de no procesionar en Semana Santa
Fuente: Getty Images

Por Aurora Molina

26 de marzo de 2024

La Semana Santa, más allá de narrar y reencarnar la muerte y resurrección de Jesucristo, es tradición, es sentimiento, es emoción. Así lo describen aquellos que pasan los 365 días del año esperando a que llegue de nuevo la Cuaresma, el Viernes de Dolores, o el Domingo de Ramos. “Realizar la estación de penitencia es lo que llevo esperando todo el año, 364 días en los que se sueña con que llegue el momento y en el que el único miedo es el tiempo”, asegura Elena Vidal, de 24 años, a Medicina Responsable. 

Elena es natural de Morón de la Frontera (Sevilla) y cada año se viste de nazarena para procesionar junto a la Hermandad del Calvario (conocida como “La Merced”). “Ser hermana de la Merced para mí es una tradición familiar, es fe, es devoción y emoción, es tener ilusión y ganas, es el sentimiento más grande que está todo el año ahí, dentro”. 

Sin embargo, hay veces en las que las condiciones meteorológicas no permiten que las hermandades procesionen, como está pasando este año, donde en muchas provincias españolas, incluidas Sevilla, han tenido que cancelar algunas de las salidas. En esos momentos, es habitual ver a fieles y devotos llorar por no poder sacar a sus santos en procesión. “Es inevitable que salgan las lágrimas después de un año de espera e ilusión. Es un sentimiento muy grande y difícil de explicar, estás con los nervios a flor de piel para decir: hasta el año que viene, con más ganas que nunca”, añade. 

En estos momentos el cuerpo y la mente pueden reaccionar de distintas formas. Cuando se lleva esperando algo tanto tiempo y de repente no sucede, “es normal sentir rabia, ira, tristeza”, explica la psicóloga Elena Daprá. Cuando esto ocurre, “la persona tiene que atravesar un duelo, necesita soltar la idea de que iba a hacer algo que ya no va a suceder”, asegura. “En este momento es cuando se pone en marcha la frustración, aunque hay que recordar que es algo que, probablemente, sí se pueda hacer el año que viene”, como es el caso de la Semana Santa. 

Aun así, a pesar de que las personas sean conscientes de que sucederá el año que viene, hay a quienes les cuesta aferrarse a la idea. Es el caso de Belén Rodríguez, hermana de la Hermandad Cristo Rey en su Entrada Triunfal en Jerusalén y Nuestra Señora de la Estrella Coronada (Jerez de la Frontera), quien no pudo hacer su estación de penitencia por culpa de la lluvia del Domingo de Ramos. “Te sientes triste por no poder hacer la estación de penitencia y ver a los titulares procesionar. El ambiente fue precioso y triste a la vez, ya que ver a padres, madres e hijos/as abrazarse, compañeros apoyándose y los titulares que estaban preciosos fue algo que te rompía por dentro”. 

Antes de la tristeza hay otro puente que cruzar: la espera, la duda, la incertidumbre… Estar en situaciones en las que no se sabe lo que va a suceder provoca sentimientos de inseguridad y nerviosismo en el cuerpo humano. Según afirma la psicóloga Daprá, el cerebro en ese instante “busca rellenar” para gestionar mejor las emociones. “Intentamos rellenar hacia lo positivo y también hacia lo negativo. Es decir, vamos pasando de un lado a otro”, asegura. “Habrá momentos en los que estemos pensando que va a pasar lo peor para que duela menos y habrá momentos en los que nos ponemos en lo mejor para atraer, mágicamente, lo que queramos que suceda”. Aun así, afirma que todo esto “son diferentes posturas que cada persona va a gestionar de una manera, aunque al fin y al cabo se trata de gestionar la incertidumbre”. 



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