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Reino Unido da marcha atrás en su estrategia para las personas trans

Una revisión encargada por el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra concluye que no hay evidencia sólida que respalde la administración de medicamentos de transición a menores y prohibirá el uso de bloqueadores para menores de 16 años

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Reino Unido da marcha atrás en su estrategia para las personas trans
Freepik

Por Medicina Responsable

12 de abril de 2024

Las dudas y la controversia que generan la administración de bloqueadores de la pubertad en menores han llevado a Reino Unido a replantear su estrategia para el tratamiento de los menores trans, prohibiendo la administración de estos fármacos a menores de 16 años. Una práctica que viene siendo habitual en los últimos años y que en nuestro país está avalada desde la entrada en vigor de la Ley Trans.

En otoño de 2020, el Servicio Nacional de Salud (NHS) de Inglaterra encargó un informe independiente para evaluar el apoyo y tratamiento ofrecido a niños que se cuestionan su identidad de género. Cuatro años de trabajo después, los resultados han visto la luz con la Revisión Independiente de los Servicios de Identidad de Género para Niños y Jóvenes, conocido como Informe Cass por el nombre de su autora, la pediatra Hillary Cass.

Este informe indica que hay una falta de evidencia sólida que respalde la administración de fármacos de transición a menores de 18 años, una práctica que se ha “generalizado en la última década”. En este sentido, también llama a extremar la precaución antes de que alguien menor de 25 años inicie un proceso de transición. La evidencia existente sobre la mejora del bienestar de los jóvenes con estos tratamientos, señalan desde el informe, es “notablemente débil” y apuntan a la preocupación “por los riesgos de salud” que puede suponer. 

La reacción del NHS tras conocer este informe ha sido comprometerse a prohibir el uso de bloqueadores de la pubertad para menores de 16 años, algo que se venía haciendo hasta el momento. La doctora Cass explica en su análisis que su intención no es “socavar la validez de las identidades trans”, sino mejorar la atención a la creciente cantidad de jóvenes con inquietudes sobre su identidad de género.

En España, con la entrada en vigor de la Ley trans, los menores de 12 a 14 años pueden iniciar tratamientos con estos fármacos previa autorización judicial, entre los 14 y los 16 pueden hacerlo con el permiso de sus padres y a partir de los 16, son libres para hacerlo.

El informe de Reino Unido apuesta por un cambio de enfoque hacia una modalidad más holística que aborde no solo la cuestión de género, sino también otros problemas de salud mental de los niños. Cass considera que, para la mayoría de los jóvenes, “el camino médico no es la mejor manera de manejar su malestar relacionado con su género”.

Falta de evidencia científica

Otras dos revisiones sistemáticas recientemente publicadas en la revista Archives of Disease in Childhood también ,alertan de la falta de evidencia científica disponible sobre el uso de bloqueadores de pubertad y de hormonas para adolescentes con trastornos relacionados con el género. Para Ashley Grossman, catedrático emérito de Endocrinología de la Universidad de Oxford (Reino Unido), según recoge el Science Media Centre (SMC), estos estudios sugieren “que no hay suficientes datos válidos que muestren los efectos a largo plazo en niños con disforia de género. De hecho, algunos datos iniciales recientes, aunque todavía no se han revisado, sugieren que algunos de sus efectos sobre los testículos y el esperma podrían no ser reversibles”.

Grossman considera que, aunque hay que tener en cuenta lo “extremadamente angustioso” que puede ser este proceso de transición para muchas personas y que se necesitan “más servicios para ayudarlos”, en el caso de los niños con disforia de género, “estos estudios han demostrado que no hay buena evidencia para el uso rutinario de bloqueadores de la pubertad, aunque eso no significa que no puedan ser útiles en niños y adultos jóvenes ocasionalmente”.

En conclusión, el catedrático apunta que son necesarios ensayos clínicos “más minuciosos” para poder comprender “cómo y cuándo están justificados y son beneficiosos estos tratamientos”.



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