
Por Clara Arrabal
19 de enero de 2026Supervivientes, familiares, equipos de rescate, sanitarios que atienden a los heridos, viajeros habituales de Renfe... el impacto psicológico del accidente ferroviario de Adamuz se extenderá como una mancha de aceite a todos los estratos de la sociedad. Así lo confirman los psicólogos de emergencias que se encargan de atender durante las primeras horas a los afectados.
“El accidente ferroviario ocurrido en Adamuz no tiene únicamente consecuencias físicas inmediatas; el impacto emocional puede ser profundo y prolongarse en el tiempo, afectando no solo a las víctimas directas, sino también a sus familias, a los supervivientes y, en menor medida, a la población que utiliza habitualmente el tren de alta velocidad”, explica Rafael Castro-Delgado, experto en incidentes de múltiples víctimas (IMV) y desastres de la Universidad de Oviedo y coordinador del grupo en IMV del SAMU-Asturias en declaraciones a SMC.
Aunque los datos son provisionales por el momento, la tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) ya se ha saldado con 39 fallecidos después de que, en la tarde del 18 de enero, un tren descarrilara y chocara contra otro que circulaba en la vía contigua, provocando que dos de los vagones salieran despedidos y cayeran por un terraplén. Según las autoridades sanitarias, hay un centenar de heridos y todos los estratos del Sistema Sanitario de Salud se han movilizado y coordinado entre ellos para atender a todos los afectados. También los equipos psicológicos, que ya advierten que, aún con la sombra de la dana de Valencia en nuestros pensamientos, esta catástrofe volverá a dejar huella en la memoria del país.
Para evitar las secuelas psicológicas del accidente es crucial actuar desde el momento en el que ocurre. “Una de las cosas que hay que hacer siempre es minimizar el posible impacto psicológico y reducir esa posibilidad de que se desarrollen futuras patologías asociadas a lo que ha habido, que es un suceso potencialmente traumático”, explica Ana Lillo, psicóloga sanitaria especialista en intervención psicológica en emergencias, desastres y catástrofes.
Para ello, los expertos se centran en realizar una intervención psicológica breve, focalizada y centrada en lo que acaba de suceder para activar el afrontamiento. “Les decimos siempre que se reúnan con gente querida, que llamen y que estén acompañados. Es importante realizar todo este proceso y si hace falta, activar algún recurso psicológico, como por ejemplo la autorregulación emocional, o darles estrategias para que esos momentos que se viven cuando ocurre un accidente como el que el de ayer con el choque de trenes”, explica Lillo.
Por su parte, Antonio Puerta Torres, responsable del Gabinete de Psicología de la Policía Municipal de Madrid y que ha trabajado en escenarios como los atentados del 11 de marzo, ha explicado que, en una tragedia con un volumen de muertos tan alto, el impacto se eleva a prácticamente todos los niveles de la sociedad. "Están las víctimas primarias, que serían los heridos, con secuelas tanto físicas como psicológicas. Luego están las secundarias: todos los familiares de los fallecidos; y las terciarias, que son los intervinientes que tienen que trabajar en esta situación", explica el profesional. A este último grupo pertenecen equipos de emergencia de todos los niveles, policías, sanitarios o psicólogos, también que nos incluimos.
Además, sostiene, "una catástrofe de estas características tiene una problemática, que es la misma sociedad". Esta sería la victimología de cuarto nivel, es decir, el impacto en personas que han vivido tragedias de índole similar o, dicho vulgarmente, "que se les revuelven las emociones". Es decir, gente que ha vivido estas situaciones, se enteran y empiezan a recuperar memorias y recuerdos de lo que han vivido ellos mismos.