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César Pascual, sobre el Premio Nacional Marqués de Valdecilla: “No queremos premiar carreras terminadas, sino impulsar el talento”

El consejero de Salud de Cantabria y presidente del Patronato de la Fundación Marqués de Valdecilla explica la filosofía del galardón y defiende que el reconocimiento llegue cuando los investigadores aún tienen capacidad para seguir transformando la medicina

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César Pascual, sobre el Premio Nacional Marqués de Valdecilla: “No queremos premiar carreras terminadas, sino impulsar el talento”
César pascual durante El Primer Café celebrado el pasado mes de Mayo

Por Nuria Cordón

20 de julio de 2026

El Premio Nacional de Medicina Marqués de Valdecilla no nació para reconocer carreras ya culminadas, sino para impulsar a profesionales con una trayectoria consolidada que todavía tienen capacidad para transformar la medicina. Así lo explica el consejero de Salud de Cantabria y presidente del Patronato de la Fundación Marqués de Valdecilla, César Pascual, con motivo de la segunda edición del galardón, concedido este año al doctor Antonio Pérez-Martínez por su liderazgo en el desarrollo de terapias avanzadas contra el cáncer infantil.

“No es un premio para cerrar carreras”, asegura Pascual en una entrevista con Medicina Responsable. Su objetivo es reconocer a profesionales con “una trayectoria muy sólida y muy acreditada”, pero que aún tienen por delante recorrido, capacidad de impacto y margen de crecimiento. “El reconocimiento no debe llegar cuando ya está todo hecho. Debe llegar cuando el talento todavía puede cambiar muchas cosas”, defiende. A su juicio, los premios reconocen en numerosas ocasiones a los profesionales demasiado tarde, cuando resulta más difícil multiplicar los efectos de su trabajo. “Nosotros planteamos justo lo contrario: invertir en talento en el momento en el que más valor puede generar”.

La segunda edición del Premio Nacional de Medicina Marqués de Valdecilla ha recaído en Antonio Pérez-Martínez, jefe del Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz y director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas en Cáncer Pediátrico. Entre sus principales aportaciones destaca el desarrollo del primer CAR-T académico pediátrico de Europa.

Según Pascual, el jurado ha valorado tanto sus méritos clínicos y científicos como su capacidad para continuar creciendo y proyectando internacionalmente su trabajo. “En los ámbitos en los que está trabajando existe mucho interés científico por seguir su trayectoria y por lo que puede llegar a lograr”, señala.

Terapias avanzadas desde la sanidad pública

Para el consejero cántabro, el desarrollo de terapias CAR-T académicas dentro del sistema sanitario público representa un avance especialmente relevante. Aunque precisa que la sanidad pública no debe convertirse en una “factoría de producción” de estos tratamientos, considera fundamental que mantenga la capacidad para desarrollarlos y conozca todo el proceso. “Eso mejora el conocimiento y nos ayuda a establecer mejor nuestra relación con la industria que desarrolla las CAR-T, porque conocemos realmente desde dentro el trabajo que se está haciendo”, sostiene.

Pascual considera que estas terapias representan “un salto inimaginable hacia la medicina personalizada”. Disponer de desarrollos académicos propios permitirá, a su juicio, tomar mejores decisiones tanto sobre su producción como sobre la incorporación de tratamientos desarrollados por la industria.

El responsable de Salud de Cantabria destaca también la importancia de reforzar la investigación aplicada y traslacional, capaz de acercar con mayor rapidez los avances científicos a los pacientes. “Cada vez tenemos que hacer más investigación traslacional porque la medicina personalizada nos está obligando y porque hoy tenemos herramientas y tecnología que nos permiten hacerlo”, afirma.

Más estabilidad para los investigadores

El consejero cántabro reconoce que España mantiene una asignatura pendiente con las condiciones laborales y retributivas de los investigadores. A su juicio, la diferencia salarial entre los profesionales dedicados a la investigación y aquellos centrados en la actividad clínica puede desincentivar las carreras científicas. “Con unos salarios tan constreñidos por las estructuras funcionariales es muy difícil mantenerse en una carrera investigadora de élite”, advierte.

Aunque considera que la investigación debe seguir vinculada a convocatorias competitivas, reclama una base estable que permita a los profesionales trabajar con mayor seguridad. “No puede ser que un porcentaje altísimo, el 80% o el 90% de su salario, dependa de proyectos competitivos. Eso no es justo y resulta muy desincentivador”.

Un parque de innovación sanitaria en torno a Valdecilla

El premio forma parte de una estrategia más amplia para consolidar al Hospital Universitario Marqués de Valdecilla como referente no solo asistencial, sino también en investigación, conocimiento e innovación.

El gobierno cántabro trabaja actualmente en la creación de un parque de innovación en salud que reunirá al hospital, las facultades de Medicina, Enfermería y Biomedicina, los institutos de investigación y la industria privada. “Queremos construir un complejo de innovación que también suponga un cambio en el modelo económico de la región”, explica Pascual, quien señala que Cantabria ha elegido la sanidad como uno de los sectores con capacidad para impulsar ese proceso de transformación.

El objetivo es crear un ecosistema en el que los investigadores encuentren oportunidades reales para desarrollar sus proyectos. “Queremos que sepan que aquí las mejores ideas no solo pueden nacer, sino que también pueden crecer y desarrollarse”.

El Premio Nacional de Medicina Marqués de Valdecilla contribuye, según Pascual, a reforzar la posición de Cantabria como un territorio capaz de atraer y acompañar al talento sanitario.

La vinculación de los cántabros con Valdecilla

El consejero destaca también la especial relación de la sociedad cántabra con el hospital. “Valdecilla es algo más que un hospital para Santander y para Cantabria”, asegura.

Esa implicación se refleja, entre otros proyectos, en la Cohorte Cantabria, que ha reunido a unos 50.000 voluntarios en apenas tres años, pese a que inicialmente se calculaba que serían necesarios entre ocho y diez años para alcanzar esa cifra.

Los participantes aportan muestras biológicas y datos de salud y permiten realizar un seguimiento de su evolución a través de la historia clínica. “Esta voluntad de que los ciudadanos permitan que sus datos se utilicen de forma anónima para la investigación marca la diferencia”, afirma Pascual.

La cohorte será, además, una herramienta relevante para atraer investigadores al futuro parque de innovación en salud.

La entrega del II Premio Nacional de Medicina Marqués de Valdecilla, que en su primera edición recayó en la inmunóloga española Carola García de Vinuesa, está prevista para el próximo viernes 2 de octubre. Con este galardón, Cantabria busca reconocer el trabajo de Antonio Pérez-Martínez y reforzar una idea que resume su filosofía: apoyar el talento científico cuando todavía tiene capacidad para crecer, generar conocimiento y transformar la vida de los pacientes.

 



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