
Por Nuria Cordón
2 de junio de 2026Las temperaturas excepcionalmente altas registradas durante la última semana de mayo, más propias de los meses centrales del verano que de la primavera, han vuelto a poner el foco sobre uno de los principales desafíos para la salud pública: el impacto del cambio climático. Un problema que no solo tiene consecuencias sanitarias, sino también económicas. De hecho, el calor extremo podría elevar el coste médico directo por hospitalizaciones hasta superar los 17 millones de euros anuales en España en 2030 y la mortalidad atribuible a las altas temperaturas podría casi triplicarse a finales de siglo si no se adoptan medidas de adaptación.
Estas son algunas de las conclusiones expuestas durante el III Congreso Nacional One Health, celebrado en Madrid bajo el lema "One Health en acción: conectando ideas, personas y soluciones", que ha reunido a más de 200 profesionales y representantes de la administración en torno a mesas redondas y conferencias.
Organizado por la Plataforma One Health en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el Congreso ha servido como punto de encuentro para avanzar en la aplicación práctica del enfoque One Health (Una Sola Salud), estrategia que reconoce que la salud humana, la sanidad animal y el medio ambiente están profundamente interconectados.
Una de las intervenciones más destacadas ha sido la de Elisa Sainz de Murieta, profesora de la Universidad del País Vasco (EHU) e investigadora asociada del BC3 Basque Centre for Climate Change, durante la conferencia "Cambio climático y salud: una perspectiva socioeconómica". De acuerdo con Sainz de Murieta, "el cambio climático está teniendo ya consecuencias sobre la salud de las personas en España, y estos efectos pueden cuantificarse en términos económicos. Por ejemplo, el calor extremo (uno de los peligros más estudiados) aumenta la presión sobre el sistema sanitario, con un incremento de hospitalizaciones cuyo coste médico directo se estima en más de 17 millones de euros anuales en 2030”, ha explicado.
La experta ha advertido además de que la vulnerabilidad frente al cambio climático depende de factores como la edad, el estado de salud previo o la situación económica. “Las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas, y los hogares con bajos ingresos tienen menor capacidad de protegerse y de recuperarse ante cualquier impacto climático sobre la salud”, ha señalado.
Según los datos presentados durante el Congreso, entre 1994 y 2013 más de 19.000 lesiones laborales anuales fueron atribuibles a temperaturas no óptimas, con una carga económica estimada de 320 millones de euros durante ese periodo.
A escala europea, los países del sur registran seis veces más fallecimientos por calor extremo que los del norte. España, junto con Italia, Grecia y otros países mediterráneos, figura entre los más expuestos. Dentro del país, el sur y las zonas mediterráneas concentran los mayores riesgos frente al calor extremo, una situación que se ve agravada por factores como el envejecimiento de la población, el peso del sector primario o la pobreza energética. “El cambio climático actúa como amplificador de desigualdades preexistentes, lo que lo convierte en un factor ineludible a la hora de abordar la salud de una forma integral”, ha apuntado Sainz de Murieta.
La profesora también ha advertido de que, “en ausencia de adaptación, el impacto del calor sobre la salud se intensificará de forma muy significativa, la mortalidad atribuible al calor podría casi triplicarse y las pérdidas de productividad laboral podrían alcanzar un 2% del PIB español a finales de siglo”.
No obstante, la investigadora también ha lanzado un mensaje positivo sobre la capacidad de respuesta. “Hay un mensaje importante: con medidas efectivas, la mortalidad atribuible al calor en la segunda mitad de siglo podría reducirse significativamente. De hecho, los estudios científicos muestran que los beneficios de llevar adelante políticas climáticas, tanto de mitigación (reducción de emisiones) como de adaptación (prepararnos para los impactos) son muy coste-efectivas, y muchas tienen además otros co-beneficios”, ha subrayado.
El Congreso también dedicó parte de su programa a analizar la relación entre cultura y bienestar. En la conferencia "Arte, salud y bienestar", Noemí Ávila Valdés, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, defendió el impacto positivo de la participación cultural sobre la salud. “Participar en arte y cultura es un comportamiento positivo para la salud, al igual que la participación en actividades físicas, el consumo de alimentos nutritivos o el contacto con la naturaleza. Esta idea clave adquiere una especial dimensión por el ‘momentum’ en el que estamos, una convergencia de evidencia científica, iniciativas políticas y marcos institucionales”, ha destacado.
La experta recordó que organismos como la OMS o la Comisión Europea han reconocido los beneficios de la participación cultural sobre el bienestar y la salud mental. También destacó que el recién presentado Plan Nacional de Derechos Culturales incorpora un eje específico sobre salud, innovación y bienestar.
Respecto a los retos pendientes, Ávila señaló la necesidad de avanzar en sensibilización, formación interdisciplinaria, financiación sostenible y gobernanza intersectorial.
La última jornada del Congreso concluyó con la entrega de premios a las mejores comunicaciones científicas. Según explicó Franz Peters, vocal de la Junta Directiva de la Plataforma One Health y presidente del Comité Científico del Congreso, los trabajos reconocidos destacaron por “su excelencia científica, su marcado carácter multidisciplinar, su aportación de soluciones a problemáticas reales que no pueden ni deben abordarse únicamente desde un punto de vista asistencial”.
Peters ha explicado además que cada comunicación fue evaluada por al menos dos revisores independientes, teniendo en cuenta aspectos científicos, de divulgación, alineamiento con el concepto One Health, repercusión en políticas públicas y transferencia industrial. Asimismo, ha destacado que cinco de los seis galardones fueron obtenidos por investigadoras y que la mitad de los premios recayeron en estudiantes.