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Consumir alimentos fritos puede producir ansiedad y depresión

La explicación está en la acrilamida, una sustancia química que se forma al cocinar a altas temperaturas los alimentos y que repercute en la neuroinflamación del cerebro

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Consumir alimentos fritos puede producir ansiedad y depresión
freepik

Por Gema Puerto

26 de abril de 2023

Adiós a mojar las patatas en el huevo frito. Adiós a los calamares fritos, a las tapas de pescadito frito en el bar de la esquina, en definitiva, adiós a la freidora. Nutricionistas, investigadores y endocrinos coinciden: los fritos deben desaparecer de la dieta. No sólo porque engordan y tienen relación con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, además de contribuir al aumento del colesterol, sino porque cada vez son más los estudios que ratifican los efectos nocivos que tienen en la salud mental el consumo a largo plazo de este tipo de alimentos.

Científicos de Hangzhou (China) han demostrado que el consumo habitual de alimentos fritos y, especialmente de patatas, aumenta las probabilidades de padecer ansiedad y depresión. Para llevar a cabo el estudio analizaron durante 11 años datos de casi 141.000 personas que provenían del Biobanco de Reino Unido, un depósito de libre acceso con información genética y sobre el estilo de vida de medio millón de ciudadanos. Su investigación ha sido publicada en la revista The Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

La explicación está en la acrilamida

Los investigadores descubrieron que las personas que consumen de manera frecuente alimentos fritos, sobre todo patatas, tienen un 12% más de probabilidades de sufrir ansiedad y un 7% más de padecer depresión. Esta vinculación suele ser mayor en el caso de los hombres y en los más jóvenes.

El origen de estos problemas de salud mental se debe a la acrilamida, una sustancia química que se forma de manera natural en los alimentos ricos en almidón durante la cocción a altas temperaturas (fritura, horneado y asado) y durante el procesamiento industrial a temperaturas superiores a 120 grados. Como han demostrado en el estudio, cuando el cuerpo ingiere fritos experimenta una inflamación que desencadena una cascada de acontecimientos que pueden llevar a la producción de sustancias proinflamatorias llamadas citoquinas.

Cómo explica el dietista y especialista en microbiota intestinal, Fernando Aparicio Gutiérrez, la acrilamida “es una sustancia tóxica en el metabolismo celular que se vuelca en la sangre y llega al cerebro repercutiendo en su neuro inflamación, lo que tiene distintas consecuencias para la salud como insomnio, ansiedad o menos memoria”.

Los fritos y las patatas fritas “hacen que suba el índice glucémico y que se pongan en marcha mecanismos metabólicos dependientes de esa insulina en sangre y generan cepas bacterianas en la microbiota intestinal que se comunican con el cerebro. Además, sonadictivos haciendo que se desee más glucosa y más fritos”, añade Gutiérrez.

Para mitigarlo, los expertos recomiendan hacer deporte, ingerir frutas y verduras y seguir una dieta equilibrada que contenga alimentos integrales y evite los alimentos ricos en carbohidratos refinados y grasas poco saludables.

 

 



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