
Por Santiago Melo
6 de marzo de 2026Diferentes estudios llevan años detectando un patrón: quienes conviven con un perro tienden a presentar mejores indicadores de salud y, en algunos trabajos, un menor riesgo de muerte prematura. Uno de los análisis más citados, realizado en Suecia con 3,4 millones de personas seguidas durante 12 años, observó que tener perro se asociaba con un 20% menos de riesgo de muerte por cualquier causa y un 23% menos de mortalidad cardiovascular, incluso tras ajustar por variables como edad y situación socioeconómica.
La explicación no se reduce a un único factor, pero el más consistente es la actividad física. Pasear a un perro introduce una rutina que, en la práctica, empuja a caminar más y con más regularidad. Un estudio británico encontró que los dueños de perros tenían cuatro veces más probabilidades de cumplir las recomendaciones de ejercicio de 150 minutos semanales. Además, revisiones que agrupan decenas de investigaciones señalan que, de media, los propietarios suman más minutos de actividad física a la semana que quienes no tienen mascota. Cumplir esas pautas se asocia, a su vez, con una reducción significativa del riesgo de muerte prematura.
Pasear al perro no solo aumenta el movimiento, también incrementa el tiempo en espacios verdes, algo que se ha relacionado con mayor sensación de relajación y mejoras en parámetros vinculados al estrés y al bienestar. En estudios europeos, las personas con perro mostraban más probabilidad de pasar varias horas al mes en la naturaleza que quienes no tenían.
Además, varios trabajos sugieren que convivir con una mascota puede amortiguar picos de presión arterial ante situaciones estresantes y favorecer un mejor perfil cardiovascular. En un estudio publicado en la revista Hypertension, personas tratadas con medicación para la tensión mostraron una respuesta más moderada frente al estrés cuando, además, tenían una mascota. Otros análisis en poblaciones específicas, como veteranos, han asociado la convivencia con perro con menores tasas de enfermedad cardíaca, ictus y diabetes, además de valores más bajos de colesterol.
El beneficio potencial también alcanza al cerebro. En estudios con más de 10.000 adultos, tener mascota se ha vinculado con un deterioro cognitivo más lento.
El efecto de tener un perro en casa parece depender menos del hecho de tener mascota y más de lo que implica cuidarla. Pasear con regularidad, mantener hábitos activos y aprovechar el componente social y emocional del vínculo puede ser la parte que realmente se traduce en salud a largo plazo.