
Por Medicina Responsable
5 de enero de 2026La entrada del nuevo año marca para muchos un punto de inflexión con el que buscan dar comienzo a cambios de hábitos, dinámicas o propósitos concretos de cara a los próximos 12 meses. Estos compromisos que se marca uno mismo son una práctica muy extendida aunque, la capacidad de sacarlos adelante depende de muchos factores.
La psicóloga especializada en psicoterapia integradora de Instituto Centta, María González, ha explicado que los propósitos de Año Nuevo basados únicamente en el esfuerzo individual y el autocontrol suelen abandonarse a las pocas semanas, sobre todo cuando no cuentan con apoyo social.
"La cultura contemporánea nos empuja a pensar que mejorar es una tarea individual, casi solitaria, centrada en el rendimiento y la productividad personal. Son metas válidas, pero muchas veces no responden a nuestras necesidades emocionales más profundas ni tienen en cuenta algo esencial: somos seres sociales", ha detallado González.
Desde la experiencia clínica, González observa que el énfasis exclusivo en el yo puede tener un efecto contraproducente: "Cuando los propósitos se convierten en una lista de mejoras personales que no se alcanzan, aparecen la culpa, la sensación de insuficiencia y la frustración".
La psicóloga recuerda que el bienestar humano no depende solo del rendimiento individual, sino de la calidad de los vínculos y del sentido de pertenencia: "Nuestro equilibrio emocional está profundamente ligado a la comunidad, a sentirnos conectados y a saber que formamos parte de algo más amplio".
Por ello, plantea un cambio de enfoque: "Quizá un propósito verdaderamente transformador no sea 'cambiarme a mí mismo aislado del mundo', sino preguntarme cómo quiero relacionarme con los demás y con el entorno".
En este punto, recuerda que numerosos estudios en psicología señalan que las acciones prosociales -ayudar, cooperar, acompañar- tienen un impacto directo en la salud mental. "Cuando actuamos pensando en el bien común se activan sistemas cerebrales relacionados con la recompensa y el vínculo, como la dopamina y la oxitocina", explica González.
"Pensar los propósitos de Año Nuevo desde la prosocialidad no es solo un acto altruista; es también una vía de crecimiento personal más profunda y sostenible", subraya la psicóloga.
González propone algunos ejemplos de propósitos orientados al cuidado colectivo y relacional, como practicar una escucha más profunda: "Escuchar sin interrumpir, juzgar o interpretar es un acto sencillo, pero con un enorme impacto en la calidad de nuestras relaciones", apunta.
Además, aconseja involucrarse en la comunidad y participar en iniciativas vecinales, culturales, sociales o ambientales. "Dedicar incluso un par de horas semanales a algo que tenga sentido para uno mismo fortalece la cohesión social y el bienestar emocional", ha añadido.
También recomienda cultivar la gratitud compartida, reducir el juicio y aumentar la compasión, así como cuidar el entorno como parte del cuidado mutuo. "La conexión con el entorno y las acciones ecológicas compartidas también son una forma de cuidado psicológico", ha afirmado.
Como cierre, la psicóloga invita a replantear el punto de partida del Año Nuevo: "Quizá el reto no sea cambiar radicalmente nuestra vida individual, sino preguntarnos qué mundo estamos contribuyendo a crear con nuestras decisiones cotidianas".
"Los propósitos que nacen de esta pregunta no solo transforman a quien los formula, sino también al entorno que habita. Comenzar el año mirando hacia afuera, y no solo hacia adentro, puede ayudarnos a reconectar con lo esencial: crecer también es vincularnos, acompañarnos y construir juntos", concluye González.