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El Consejo General de Enfermería apoya prohibir el consumo bebidas energéticas a menores, pero advierte: “Su eficacia por sí sola no está demostrada”

La entidad señala que falta evidencia científica que respalde la eficacia de esta medida en exclusiva y reclama ajustarla a parámetros concretos, acompañada de campañas de concienciación

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El Consejo General de Enfermería apoya prohibir el consumo bebidas energéticas a menores, pero advierte: “Su eficacia por sí sola no está demostrada”
Fuente: Europa Press

Por Medicina Responsable

31 de agosto de 2026

El debate sobre el consumo de bebidas energéticas entre menores lleva meses instaurado en España, desde que, primero Galicia y luego Baleares, adoptaran su prohibición. Asimismo, el Gobierno central, a través del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ya trabaja en una normativa para prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores. 

Esta es una postura que respalda el Consejo General de Enfermería (CGE), desde donde se suman a la petición de prohibir su consumo entre los menores de edad. En este sentido, el CGE señala que falta aún una política “efectiva, unificada y adaptada a la situación actual” en todo el territorio. La entidad apunta que las altas concentraciones de cafeína de estas bebidas junto a otros estimulantes tienen efectos nocivos demostrados sobre la salud.

A pesar de su satisfacción con esta iniciativa, reclaman rigor a la hora de diseñar políticas para reducir este impacto y acompañar la prohibición de campañas de información para divulgar los riesgos que conllevan para la salud. Aunque la literatura científica ya ha documentado estos riesgos para la salud, desde el CGE recalcan que “todavía hay poca evidencia directa de que prohibir su venta consiga reducir por sí solo su consumo o mejorar la salud de los adolescentes a largo plazo”, según afirma su presidente, Florentino Pérez Raya. 

Pérez Raya incide en la importancia de lanzar campañas de concienciación masivas y promover la investigación para fijar políticas de salud pública que protejan a los menores de forma efectiva. Por ello, el mensaje del CGE es que la acción de la Administración no debe limitarse a esta prohibición y que, asimismo, esta debe ajustarse a la evidencia científica. 

“No debemos presentar la prohibición como una solución cuya eficacia ya esté demostrada”

El enfermero responsable de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+I) del CGE, Héctor Nafría, señala que el objetivo no debe ser “alarmar o criminalizar a los jóvenes”, sino que el mensaje debe ir orientado a la protección frente a estos productos que se comercializan con formatos sabores y campañas “especialmente atractivos para ellos”. La advertencia que señala en este sentido es clara: “Consideramos razonable restringir su venta a menores aplicando un principio de prevención. Pero no debemos presentar la prohibición como una solución cuya eficacia ya esté demostrada. Para saber si funciona será necesario evaluar si disminuyen realmente el acceso, el consumo y los problemas de salud, y comprobar que no aparecen vías alternativas de compra”. 

“La evidencia indica que estas bebidas pueden alterar el sueño, aumentar el nerviosismo y la ansiedad y producir efectos cardiovasculares, como elevación de la presión arterial o palpitaciones. Una lata de medio litro puede contener unos 160 miligramos de cafeína, una cantidad que, para un adolescente de 50 kilos, supera ligeramente el nivel diario de referencia establecido por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria”, desarrolla el enfermero.

El problema del consumo de estas medidas no es algo minoritario. Según ESTUDES 2025, el 38,4% de los estudiantes españoles de 14 a 18 años había consumido bebidas energéticas durante el último mes y el 15,2% las había mezclado con alcohol.

Adecuar la normativa a parámetros concretos

Marilourdes de Torres, coordinadora del comité científico de la Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética (AdENyD), pone el foco sobre la importancia de cambiarle el nombre a estas bebidas para dejar de “confundirlas” con las denominadas “bebidas refrescantes”. “En realidad son bebidas estimulantes, por su elevada concentración de cafeína, azúcares, taurina y otros ingredientes. Deberían empezar a denominarse así para entender su impacto en la salud”, asegura.

Desde la asociación defienden la importancia de ajustar la normativa a parámetros concretos de los ingredientes de las bebidas. La propuesta hecha desde Consumo es prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores de 16 años, y que esta prohibición se ampliará a los menores de 18 en el caso de las bebidas que tienen más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros.

De Torres propone que la medida sea la prohibición a menores de 18 años en el momento que las bebidas acumulen 15 miligramos por cada 100 mililitros. Y, además, que los envases de venta de estas bebidas no superen nunca los 250 mililitros. “Si está controlada la cantidad, pero es una bebida de medio litro, no tiene mucho sentido”, indica.

Añade la necesidad de prohibir su venta en máquinas de vending, que en los comercios se coloquen junto a las bebidas alcohólicas y no junto a las denominadas “refrescantes”, así como que en los envases haya advertencias visibles de que su consumo no está recomendado para menores de edad y embarazadas. “Estas bebidas no tienen propiedades saludables, y este es el mensaje que tiene que calar”, concluye.



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