
Por Medicina Responsable
19 de febrero de 2026Lamine Yamal, el joven futbolista del FC Barcelona afronta este periodo con una planificación específica diseñada para minimizar el impacto del ayuno en su rendimiento. Durante el Ramadán, los musulmanes adultos se abstienen de ingerir alimentos y líquidos desde el amanecer hasta la puesta de sol, lo que supone un reto fisiológico considerable en deportistas sometidos a alta exigencia física y calendarios competitivos intensos.
Desde el punto de vista médico, el principal riesgo no es solo la falta de calorías, sino la deshidratación y la alteración de los depósitos de glucógeno muscular, la principal fuente de energía en esfuerzos explosivos como los cambios de ritmo, sprints o regates que caracterizan el juego de Lamine Yamal. Permanecer varias horas sin ingesta puede afectar al equilibrio electrolítico, aumentar la percepción de fatiga y elevar el riesgo de sobrecargas musculares si no se planifica adecuadamente.
Por ello, el cuerpo médico y los nutricionistas del club catalán diseñan un programa individualizado que reorganiza las comidas en dos grandes momentos: antes del amanecer (suhoor) y tras la puesta de sol (iftar). En esas ventanas se priorizan hidratos de carbono de absorción progresiva para mantener la energía, proteínas de alta calidad para proteger la masa muscular y una reposición hídrica intensiva con control de sales minerales. También se ajustan los horarios de descanso para favorecer la recuperación, ya que el sueño puede verse fragmentado por los cambios en los tiempos de alimentación.
A nivel hormonal, el ayuno prolongado modifica los niveles de insulina y cortisol, e influye en la secreción de melatonina, lo que puede alterar tanto el metabolismo como la calidad del sueño. En deportistas jóvenes como Yamal, que todavía están en fase de desarrollo físico, el control médico cobra especial relevancia para evitar pérdidas de peso no deseadas o descensos en el rendimiento.
No es una situación inédita en el fútbol profesional. Cada temporada, numerosos jugadores musulmanes de las grandes ligas europeas compiten durante el Ramadán sin que ello suponga necesariamente una merma significativa en su rendimiento, siempre que exista una supervisión adecuada. La experiencia acumulada en clubes de élite ha permitido perfeccionar estrategias nutricionales y de entrenamiento que compatibilizan la práctica religiosa con la alta competición.
En el caso de Lamine Yamal, el enfoque es especialmente meticuloso por su juventud y por el volumen de minutos que acumula en un tramo decisivo del calendario. El objetivo no es solo que pueda mantener su nivel competitivo, sino preservar su salud a medio y largo plazo, asegurando que el ayuno se integre de forma segura dentro de la planificación deportiva.