
Por Medicina Responsable
25 de febrero de 2026Aunque tradicionalmente la figura de la suegra ha sido objeto de bromas y clichés, la psicología de pareja advierte de que, en determinados contextos, su influencia puede ir mucho más allá del humor. No porque cause directamente un problema sexual, sino porque las dinámicas que se generan alrededor como la falta de límites, conflictos de lealtad, estrés constante o sensación de invasión que pueden afectar el deseo.
La doctora Jess O’Reilly, experta en terapia de pareja y colaboradora de We-Vibe en España, explica que el problema suele aparecer cuando no existe un respaldo claro dentro de la relación. “Este rechazo suele vivirse de forma muy dolorosa, y muchas veces no tiene que ver con la pareja en sí. Cuando un progenitor idealiza a su hijo, ninguna persona estará nunca a la altura”.
El impacto emocional se intensifica cuando uno de los miembros siente que debe tolerar faltas de respeto para evitar conflictos. “Pedirle a alguien que tolere faltas de respeto para ‘mantener la paz’ erosiona la confianza y la intimidad. Sentirse visto, creído y priorizado protege la relación; sentirse invalidado hace justo lo contrario”, señala la especialista.
Desde el punto de vista psicológico, el deseo sexual necesita un entorno de seguridad emocional. El estrés crónico activa mecanismos fisiológicos que reducen la libido y la capacidad de conexión íntima. “El estrés no se queda fuera del dormitorio”, advierte O’Reilly. “El estrés crónico reduce el deseo, la capacidad emocional y la respuesta sexual. Cuando una persona se siente desprotegida o no apoyada, aparece el resentimiento, y el resentimiento es uno de los mayores enemigos del deseo sexual”.
Entre las formas más habituales en que esta dinámica puede afectar a la pareja se encuentran la invasión del espacio privado, visitas frecuentes sin previo aviso, llamadas constantes o participación excesiva en decisiones, la crítica reiterada o la sensación de estar siempre bajo evaluación. También influyen los conflictos de lealtad: cuando uno de los miembros queda “en medio” entre su madre y su pareja, puede surgir distancia afectiva y discusiones recurrentes.
En algunos casos, además, se produce una regresión de roles. Si la madre mantiene una relación excesivamente dependiente con su hijo o hija y este no establece límites claros, el otro miembro puede empezar a percibirlo desde un rol más infantil que erótico, lo que impacta en la atracción.
¿Qué ayuda realmente? Según la experta, las parejas que logran proteger su vínculo frente a interferencias externas suelen actuar como un equipo. “Las relaciones son más fuertes cuando la pareja presenta un frente común. Los límites funcionan mejor cuando los comunica el hijo o la hija, no la pareja externa”.
Cuando los conflictos persisten, incluso tras intentar establecer límites, tomar cierta distancia puede ser necesario para preservar el bienestar emocional y la estabilidad del vínculo.
En definitiva, el deseo no depende únicamente de la química o la rutina sexual, sino del clima emocional que rodea a la pareja. Y ese clima, en ocasiones, se ve profundamente condicionado por cómo se gestionan las relaciones familiares y los límites dentro del vínculo.