
Por Juan García
10 de septiembre de 2026Intentar quitarse la vida y no conseguirlo puede suponer una carga emocional añadida en forma de estigma, miedo y vergüenza para quienes se encuentran en una situación ya muy delicada de por sí. Un sentimiento de culpa que se extiende entre los seres queridos e incluso también los profesionales que intervienen por sentir que no han sido capaces de hacer lo suficiente para evitarlo. Evitar que se produzca un nuevo intento es una tarea prioritaria en esos contextos que involucra a estas redes de apoyo, las administraciones públicas y a la sociedad en su conjunto, a fin de derribar los tabúes y los juicios morales sobre la persona.
A través de su testimonio en primera persona, la representante de la Red Estatal de Mujeres de la Confederación Salud Mental España, Adela Montaño, ilustra el impacto que puede tener esta aflicción: “El duelo se puede vivir porque no lo has conseguido. Si has tomado la firme convicción de que te quieres ir y no lo consigues, tienes que lidiar con las miradas, las etiquetas, el miedo y la culpabilidad”.
Una carga emocional que subraya que se ve agravada en los entornos rurales. “En lo rural todo es mediático, siempre eres público porque te conoce toda la gente, nada se hace de forma anónima”, expone. Detrás de esta determinación de poner fin a su vida, insta a no olvidar que se esconde el empuje "invisible" de una grave situación psicológica, que lleva a las personas a no contemplar otra alternativa.
En el camino a sobreponerse a estos episodios, Montaño subraya la “deuda pendiente” que tiene el conjunto de la sociedad con estas personas para desterrar las “miradas inquisitivas” y demás actitudes que agravan el padecimiento de quienes intentan suicidarse. Por ello, invita a dar la vuelta a la concepción de este proceso y fomentar la educación emocional en sus entornos. “No siempre tenemos nosotros que hacer el esfuerzo. Puede que toda la culpa no la tengamos nosotros”, enfatiza.
Visibilizar el sufrimiento, mostrar respeto y comprensión son las principales pautas que Montaño considera necesario instaurar para apoyar ante una situación como esta. Una visión que comparte la psicóloga especializada en conducta suicida Paula G. Valverde. En conversación con Medicina Responsable, la especialista subraya el reto que supone para estas personas y su entorno encajar la percepción que va a recaer sobre la persona y sus familiares y seres queridos.
En este sentido, alude a los dos extremos con los que se tiende a reaccionar ante estas circunstancias. Cuando alguien intenta quitarse la vida, la psicóloga apunta que sus sensaciones sobre los demás se suelen mover entre el miedo al rechazo y un exceso de compasión que pueda llegar a ser “incapacitante” para la propia persona.
A fin de ayudar desde fuera a romper ese círculo vicioso, para Valverde la recomendación es clara: “Preguntar abiertamente y usar la palabra suicidio”. Usar otro tipo de expresiones puede en estos casos aumentar la percepción de estigma, por lo que su recomendación pasa por abordarlo sin rodeos. En base a su experiencia profesional, la psicóloga subraya que lo mejor que se puede transmitir a estas personas es la confianza de que “puedo hablar contigo de esto porque no te vas a asustar, no me vas a juzgar, no me vas a regañar ni a moralizar”. Así, apunta que es una forma de “construir puentes” con la persona, descartando por el contrario el mito de que puede fomentar la conducta suicida.
El suicidio es un fenómeno multicausal y que puede estar propiciado por diversas circunstancias, por lo que cada caso requiere una atención individualizada. Aunque cada persona pueda presentar sus particularidades antes de realizar un intento, Valverde apunta algunas señales comunes que pueden alertar de la aparición de estas ideas. En la mayor parte de los casos, apunta que los indicios giran alrededor de cambios en el sueño, las rutinas, la alimentación. La psicóloga ejemplifica algunos de los mensajes que pueden indicar un intento inminente. Mensajes más evidentes como “estaríais mejor sin mí” o “solo quiero descansar y no saber cuándo despertarme” suelen ser indicativo de que en la cabeza de esa persona la decisión cada vez coge más fuerza.
El escenario ideal para una persona en tratamiento psicológico llegados a ese punto, explica Valverde, es dotarla de herramientas para que sea capaz por sí misma de detectar esa alerta y lo exteriorice. Pero, para lograrlo, el trabajo implica a sus allegados para romper el tabú, el estigma y la desconfianza, y hacerles partícipes como una auténtica red de apoyo. Estas lecciones las ha aprendido en base a su formación especializada y la propia práctica profesional, de las que ha querido dar cuenta en un libro con guías e indicaciones de actuación. La especialista relata cómo llegó a enfrentarse a una situación límite al tener que atender a un paciente en el momento que estaba a punto de intentar suicidarse. En una situación como esa, explica que esa culpa que aparece en la persona se expande a los propios profesionales, al sentir la responsabilidad de no haber sabido reconducir la situación antes.
Además de la terapia y el seguimiento psiquiátrico, tanto las personas con ideación suicida como su entorno tienen a su disposición la línea 024, totalmente grautita y disponible todos los días del año las 24 horas del día. Al otro lado del teléfono se encuentran expertos en la materia con potestad de derviar a servicios de emergencia en caso necesario. Se trata de un servicio estrictamente confidencial, que no deja factura telefónica ni registro de la llamada.
Sobrevivir a un intento de suicidio puede ser una oportunidad para un nuevo comienzo, pero plantea un arduo camino para la propia persona y su entorno en el que toda la sociedad está llamada a contribuir.