
Por Gonzalo de Esteban
9 de octubre de 2026El bienestar emocional se ha convertido en una prioridad que atañe a toda la sociedad española. Por quinto año consecutivo, la salud mental se consolida como la principal preocupación sanitaria. Según los datos del Informe de Salud Mental en España 2026, elaborado por la consultora Ipsos, un 62% de la población situaba en este mes de octubre la salud psicológica en el primer puesto de sus inquietudes sanitarias, muy por encima de enfermedades como el cáncer (51%) o el estrés general (39%), y a años luz del 16% que se contabilizaba en el año 2020. Sin embargo, al mirar de cerca a la juventud, la cifra se vuelve aún más alarmante… En la conocida como Generación Z (jóvenes de entre 18 y 24 años), la inquietud por la salud mental se dispara hasta el 66%.
La salud mental no es una idea abstracta, sino un malestar palpable que se cuela a diario en las aulas, casas y centros de trabajo. El mismo informe de Ipsos indica que el 42% de los jóvenes en nuestro país afirma sufrir episodios de estrés frecuente (lo que supone un incremento de siete puntos respecto a 2025) y que un 43% reconoce haber sentido una tristeza profunda durante el último año.
Conchita Sisí, directora del Grado en Psicología en inglés de la Universidad UNIE, analiza las causas que se esconden detrás de estos datos señalando que existe una combinación decisiva entre mayor concienciación y menor estigma social. "Yo creo que la salud mental hoy en día está más normalizada", explica la psicóloga, destacando que los jóvenes "son más conscientes y son más capaces de identificar cuando empieza a haber un problema". Además, la experta enfatiza que "los cambios se dan bastante más rápido en ellos y que el tiempo de maduración se ha adelantado un poco a nivel psicológico", un factor que influye de forma directa en cómo perciben y gestionan su equilibrio emocional.
Uno de los hallazgos más reveladores de los estudios oficiales de 2026 es que un 30% de los jóvenes que padece malestar psicológico reconoce no tomar ninguna medida ni pedir ayuda profesional. El informe de Ipsos detalla que, entre quienes sí buscan apoyo, el 36% acude en primer lugar a su entorno cercano (familiares o amigos), mientras que solo un 17% recurre a la atención de un psicólogo.
Conchita Sisí marca una diferencia clara entre reconocer que algo va mal y dar el paso para tratarlo en consulta: "Ellos viven mucho la era de la inmediatez, de que todo sea muy rápido. Los psicólogos sabemos que normalmente un tratamiento psicológico no es tan fácil como… me dan una pastilla o un consejo, vuelvo a mi casa y ya está. Lleva un protocolo, un procedimiento y más fases". Esta búsqueda de soluciones instantáneas lleva a muchos a intentar autorregularse viendo vídeos en internet o buscar soluciones inmediatas, mientras que "empezar un proceso psicológico es algo más costoso".
Aun así, la experta defiende la enorme importancia de contar con un hombro en el que apoyarse. "El tema del apoyo social en la salud mental es fundamental, nos protege de enfermedades y hace que tengamos un mejor pronóstico", asegura. Sin embargo, introduce un matiz determinante: "no es lo mismo el apoyo social que el apoyo social percibido". Una persona de 18 años puede estar aparentemente muy bien rodeada y tener muchos amigos y, sin embargo, sentirse sola por dentro.
Esta inquietud queda reflejada con especial claridad en el Estudio sobre Soledad No Deseada y Salud Mental en España 2026, impulsado por el Observatorio SoledadES, la Fundación ONCE, la Fundación AXA y la Confederación Salud Mental España. Sus datos demuestran que, en la franja de 18 a 24 años, la soledad no deseada alcanza el pico más alto, afectando a un 38,5% de este colectivo. El 58,4% de las personas que viven con soledad no deseada presenta problemas de salud mental y el 49,1% de quienes sufren un trastorno padece soledad. Además, un 43,8% de las personas que combinan ambas situaciones ha llegado a experimentar pensamientos autolesivos.
A este escenario se suma el peso de las redes sociales. El Estudio de Bienestar Digital de UNICEF y las investigaciones de la Fundación FOESSA señalan que solo 1 de cada 4 adolescentes valora de forma positiva su relación con la tecnología. El 30% sufre estrés recurrente por estar siempre conectado y un 45% experimenta FOMO (el miedo a quedar excluido o perderse lo que otros publican). FOESSA advierte además de que el 7,9% de los menores de 30 años presenta pensamientos recurrentes de desesperanza vinculados a la presión social digital.
Al hablar de las redes sociales, Conchita Sisí pide evitar los discursos alarmistas: "Estamos cayendo mucho en el error de creer que las redes son el único factor y que los jóvenes están sufriendo por culpa de las redes, y esto no es verdad. Pero claro que es un factor que contribuye". La experta enfatiza que el tiempo dedicado no es el único indicador, sino "el tipo de interacción que estén llevando a cabo y el contenido que estén consumiendo". Esto afecta de lleno a la autoestima y genera estados de ánimo bajos o alteración del sueño. Además, muchos jóvenes recurren a las pantallas como una falsa vía de escape frente a la ansiedad, acabando por consumir "más y más contenido que les resulta perjudicial".
Sobre la paradójica soledad de la generación más conectada de la historia, la psicóloga explica que la raíz reside en la falta de hondura emocional en las interacciones cotidianas: "Tiene que ver con lo superficiales que son muchas relaciones online". "Puedes tener 5.000 amigos virtuales, recibir likes y comentarios, pero a la hora de la verdad lo que necesitas es alguien con quien llorar, contarle que has tenido un ataque de pánico o que estás preocupado por los exámenes. Cuando el vínculo es superficial no puedes recurrir a ello y no tienes con quién contar cuando pasa algo de verdad".
Más allá del ámbito digital, la juventud se topa con barreras materiales concretas que dificultan trazar un proyecto de vida autónomo. Los datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE) confirman que únicamente el 14,5 % de los jóvenes menores de 30 años vive independizado en nuestro país. La imposibilidad de alquilar o comprar una vivienda obliga a alargar la estancia en el hogar familiar, generando un estado de frustración e incertidumbre al no poder hacer planes a medio plazo.
Conchita Sisí reconoce que "el problema de la vivienda es un problema real" con un impacto evidente en la salud psicológica, aunque invita a cuidar el lenguaje y la perspectiva con la que nos dirigimos a la juventud: "Hay que tener cuidado porque es verdad que repetimos mucho 'es que a los jóvenes les va a pasar esto' y al final les acaba contagiando previamente". Para la experta de UNIE, otro de los grandes retos de nuestro tiempo es la infoxicación: "Estamos un poco sobreinformados y, si estoy sobreinformada, al final acabo teniendo mucho miedo".
La salud mental de los jóvenes se ha convertido en una emergencia silenciosa que debe preocupar a toda la sociedad. Estar hiperconectados y vivir en era más digital no está evitando que los españoles y sobre todo los jóvenes registren los niveles más altos de soledad no deseada y problemas psicológicos, alimentados por la falta de expectativas, la dificultad para independizarse y un estado constante de ansiedad.