
Por Virginia Delgado
11 de septiembre de 2026El 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos sufrió los peores atentados de su historia. Cuatro ataques terroristas suicidas acabaron con la vida de 2.996 personas y dejaron heridas a 25.000, después de que terroristas de Al Qaeda secuestraran cuatro aviones y los estrellaran contra las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y un campo cercano a la localidad de Shanksville, en Pensilvania.
Cada 11 de septiembre, los familiares tienen que revivir aquel día. Aquel momento en el que la vida de su padre, madre, hijo, hija, nieto, nieta, marido, esposa, hermano o hermana se apagó.
Este viernes se celebra el 25 aniversario. ¿Cómo les afecta esta fecha? ¿Les perjudica que se recuerde continuamente desde los medios de comunicación con imágenes y fotografías? ¿Cómo deben afrontar el triste recuerdo? ¿Han pasado el duelo o este no acaba nunca?
Carla Duch Ceballos, psicóloga general sanitaria, responde a estas preguntas y nos ayuda a entender qué han sentido, sienten y sentirán el resto de sus vidas. “En los aniversarios, como el de hoy, el duelo puede reaparecer. También, en los cumpleaños de la persona fallecida, en acontecimientos importantes que se viven en la familia, como nacimientos, o cuando sucede otro atentado. Alguien que pueda haber estado bien durante los últimos años, de repente, vuelve a recordar y a experimentar tristeza y ansiedad”, explica la psicóloga a Medicina Responsable.
Algunos de los familiares de las víctimas de 11S eran bebés o niños cuando sucedió la tragedia. Una circunstancia que les provoca vivir en fechas como la de este viernes “segundos duelos”, como aclara Duch Ceballos. “Ya no es solo que hayan crecido sin un padre o una madre, sino que, a día de hoy como jóvenes o adultos, pueden entender lo que significó esa ausencia y descubrir la dimensión de la pérdida”, añade.
Así, la psicóloga general sanitaria explica que a lo largo de la vida de estas personas hay “picos de duelo” porque, a medida que van creciendo, son conscientes de lo que sucedió y se hacen preguntas similares a cómo hubiera sido la relación con la persona que perdieron. “El duelo no sigue una línea temporal descendente. No es que la tristeza sea muy alta y luego vaya desapareciendo; hay subidas y bajadas. También, puede reaparecer a medida que van creciendo porque van resignificando lo que ocurrió, van entendiendo más lo que sucedió”, subraya.
En días como hoy, en los que se celebra un aniversario, lo que recomiendan los profesionales a los familiares es no ver continuamente imágenes de lo sucedido. “Puede provocar que se queden atascados en el duelo. Lo aconsejable es rodearse de seres queridos y de personas que aporten. Conectar con el fallecido ayuda, por ejemplo, paseando por una zona que le gustaba mucho”, señala la psicóloga.
Respecto a las secuelas que pueden tener los familiares, la profesional indica el trastorno de estrés postraumático o deterioros psicológicos. “No obstante, muchos tienen una vida relativamente saludable y sin patologías”, subraya.
En el otro extremo se encuentran aquellas personas que viven duelos patológicos, que son los que se prolongan más de 12 meses, o de por vida. “Estos hombres y mujeres se quedan atascados. Tienden a idealizar a la víctima y continuamente se preguntan qué hubiera sucedido si estuviera vivo o si se hubieran despedido. Todo ello hace que el duelo se pueda complicar y no lo termines de elaborar nunca”, concluye la psicóloga general sanitaria, Carla Duch Ceballos.